Comunidades

 Semanario de la UAM

2 de febrero de 2004

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De la explosión globalifóbica
a la resistencia social altermundista



EN 1991 LA
deuda externa total de América Latina ascendía a 400 mil millones de dólares y para 2001 la región había pagaado a sus acreedores un billón 220 mil millones de dólares, sólo por concepto de intereses. Esta situación y sus secuelas fueron acaso el principal detonante del movimiento global altermundista.

Las cifras pueden ilustrar cómo se genera la riqueza a partir de la expansión de la pobreza, pero también explican cómo brotó el creciente fenómeno de inconformidad y protesta mundial en contra de la globalización de la economía.
Experta en uno de los procesos sociales que marcaron el nacimiento del siglo XXI, la doctora Beatriz Stolowicz Weinberger, investigadora del Departamento de Política y Cultura de esta Casa de estudios, señaló que el término altermundista es un concepto francés que caracteriza un movimiento social heterogéneo surgido en repudio del orden mundial surgido de una economía globalizada.

En entrevista, la profesora Stolowicz precisó que un análisis de la explosión de inconformidad, también global, debe incluir los problemas económicos que asolan a la mayoría de los países y las formas de resistencia de las sociedades contra las implacables reglas del mercado.

Aquella ingenuidad
Las acciones de los altermundistas, antes llamados de manera despectiva globalifóbicos, comenzaron siendo ingenuas, pues apelaban a la buena voluntad de los dueños del capital para que “devolvieran” parte de lo que les correspondía a las clases trabajadoras, además de criticar las políticas de organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo.

De las iniciales manifestaciones dispersas y sin clara línea ideológica, se pasó a la conformación de un movimiento heterogéneo que ha convocado a los sectores que se sienten agredidos con el modelo económico mundial en vigor: sindicalistas, ambientalistas, campesinos, indígenas y estudiantes.

Para entender de manera integral cómo funciona el movimiento altermundista, agregó la investigadora, debe comenzarse por revisar el proceso de expansión capitalista. Al respecto explicó que en los años setenta se impuso el neoliberalismo como cambio de modelo de desarrollo y acumulación capitalista a nivel internacional, y en América Latina la liberalización económica tuvo el rasgo distintivo de haberse implantado a partir de la represión de grupos opositores, así como de la destrucción de sindicatos, organizaciones sociales y partidos de izquierda.

Tras el repliegue
A finales de los años ochenta y principios de los noventa prevaleció un repliegue social, derivado del desempleo y la aniquilación del marco legal que amparaba a diversos sectores sociales. Y hacia la segunda mitad de los noventa, abundó la experta, surgieron las manifestaciones masivas contra los modelos de desarrollo diseñados por el Norte industrial.

Las protestas callejeras más radicales tuvieron lugar en esa época en América Latina. Por lo tanto, no fue casual que en enero de 2001 se realizara el Primer Foro Social Mundial en Porto Alegre, Brasil, ejemplo de un naciente movimiento social y popular muy organizado, que dejaba atrás las primeras y dispersas acciones de grupos y de redes.
Las movilizaciones de campesinos de Perú y Bolivia, de los integrantes del movimiento de Los Sin Tierra, en Brasil, y de organizaciones sindicales y de campesinos en toda la región dieron cuerpo a formas de resistencia con un sentido más político, explicó la investigadora.

El amplio poder de convocatoria de los altermundistas se explica en las desigualdades que dividen al mundo: en 2001, por cada dólar que entró a América Latina como asistencia a los pobres, salieron seis. El problema no es sólo de falta de cooperación, sino de dependencia, recalcó Stolowicz.

También aclaró que los altermundistas no son sólo quienes toman las calles para protestar en las sedes de las cumbres mundiales, sino toda la gente que asume una participación social. En el caso de México, recordó, la mayor expresión de movilización altermundista la constituyen los zapatistas, organizadores del primer encuentro internacional contra la globalización, en 1996. / Alejandra Villagómez Vallejo

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