Comunidades

 Semanario de la UAM

13 de octubre de 2003

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Legalidad y cultura, indispensables para combatir la inseguridad

El problema del mundo en términos de criminalidad, no es tanto la delincuencia organizada,
como la criminalidad que utiliza valores para justificar la violación de los derechos humanos.
Leoluca Orlando

LA SEGURIDAD CIUDADANA no se puede dejar sólo en manos de la policía y el gobierno; para combatir la violencia en las ciudades es necesario promover una nueva cultura de la legalidad —principalmente en el ámbito cultural y educativo— en la que participen la familia, la Iglesia, los medios de comunicación y las escuelas, entre otros sectores.

Esta es la premisa de Leoluca Orlando, investigador de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Palermo, Italia, a quien se conoce como “el alcalde que corrió a la mafia de Palermo”, para proponer el modelo denominado “del carro siciliano”, mediante el cual —como alcalde de esta ciudad— consiguió resultados tangibles y concretos, tanto en la reducción drástica de la criminalidad (redujo de 300 a menos de 8 los asesinatos en promedio al año), como en la ruptura de los mecanismos de control cultural ejercidos por la mafia sobre vastos sectores de la población.

En una conferencia ofrecida en nuestra Universidad por la Semana de la Seguridad, realizada del 22 al 28 de septiembre, ante los doctores Luis Mier y Terán Casanueva y José Lema Labadie, rector general de esta Casa de estudios y rector de la Unidad Iztapalapa, respectivamente, Leoluca Orlando, actual presidente del Instituto para el Renacimiento Siciliano, destacó que dicho modelo está fundado en dos ruedas: la legalidad y la cultura.

Valores culturales
Sólo girando a la vez estas dos ruedas, es posible la lucha efectiva contra los fenómenos criminales, subrayó el académico que en el año 2000 recibió el Premio Cívico Europeo, otorgado por el Parlamento Europeo, en reconocimiento a su empeño contra la delincuencia organizada y en favor de la renovación cívica de Palermo.

El investigador destacó que uno de los factores que permitieron esta transformación fue que la sociedad y sus instituciones tomaron conciencia de cómo el fenómeno mafioso “era la negación de la identidad de los sicilianos, y a partir de ese descubrimiento y del aprecio por nuestra cultura, hemos construido un modelo de lucha contra la mafia”.

Explicó que en Sicilia, la mafia utilizaba valores culturales para actuar. Mataba en nombre del honor, de la cultura, de la familia, de la amistad, de la identidad, valores que son fundamentales en los sicilianos, y para ello necesitaba millones de ciudadanos que no vieran, no hablaran ni escucharan; el problema se empezó a revertir, cuando los ciudadanos tomaron conciencia y empezaron a actuar desde sus propios espacios.

Mafia y delincuencia
El investigador hizo una diferencia entre la mafia y la delincuencia organizada “normal”. Esta última está contra el Estado, la Iglesia, los bancos, la sociedad civil, pero fuera de estas instituciones, en tanto que las mafias también están en contra, pero operan dentro de ellas.

Agregó que la mafia en Palermo sigue existiendo, pero lo importante —y ahí estriba el cambio— es que ya no controla el pensamiento de la gente.
Es ahí donde radica la otra rueda del “carro siciliano”, en la participación ciudadana, pues la inseguridad es algo tan grave y tan importante que no se puede dejar sólo en manos de la policía y del gobierno.

El académico apuntó que la aceptación internacional para este modelo ha sido tal, que recibió el reconocimiento de Naciones Unidas, cuyo Consejo Económico y Social recomienda las líneas maestras de este paradigma para prevenir el crimen en otras ciudades. / Teresa Cedillo Nolasco


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