| Legalidad
y cultura, indispensables para combatir la inseguridad
El
problema del mundo en términos de criminalidad, no es tanto la
delincuencia organizada,
como la criminalidad que utiliza valores para justificar la violación
de los derechos humanos.
Leoluca
Orlando
LA SEGURIDAD
CIUDADANA no se puede dejar sólo en manos de la policía
y el gobierno; para combatir la violencia en las ciudades es necesario
promover una nueva cultura de la legalidad —principalmente en
el ámbito cultural y educativo— en la que participen la
familia, la Iglesia, los medios de comunicación y las escuelas,
entre otros sectores.
Esta es la premisa de Leoluca Orlando, investigador de la Facultad de
Jurisprudencia de la Universidad de Palermo, Italia, a quien se conoce
como “el alcalde que corrió a la mafia de Palermo”,
para proponer el modelo denominado “del carro siciliano”,
mediante el cual —como alcalde de esta ciudad— consiguió
resultados tangibles y concretos, tanto en la reducción drástica
de la criminalidad (redujo de 300 a menos de 8 los asesinatos en promedio
al año), como en la ruptura de los mecanismos de control cultural
ejercidos por la mafia sobre vastos sectores de la población.
En una conferencia ofrecida en nuestra Universidad por la Semana de
la Seguridad, realizada del 22 al 28 de septiembre, ante los doctores
Luis Mier y Terán Casanueva y José Lema Labadie, rector
general de esta Casa de estudios y rector de la Unidad Iztapalapa, respectivamente,
Leoluca Orlando, actual presidente del Instituto para el Renacimiento
Siciliano, destacó que dicho modelo está fundado en dos
ruedas: la legalidad y la cultura.
Valores culturales
Sólo girando a la vez estas dos ruedas, es posible la lucha efectiva
contra los fenómenos criminales, subrayó el académico
que en el año 2000 recibió el Premio Cívico Europeo,
otorgado por el Parlamento Europeo, en reconocimiento a su empeño
contra la delincuencia organizada y en favor de la renovación
cívica de Palermo.
El investigador destacó que uno de los factores que permitieron
esta transformación fue que la sociedad y sus instituciones tomaron
conciencia de cómo el fenómeno mafioso “era la negación
de la identidad de los sicilianos, y a partir de ese descubrimiento
y del aprecio por nuestra cultura, hemos construido un modelo de lucha
contra la mafia”.
Explicó que en Sicilia, la mafia utilizaba valores culturales
para actuar. Mataba en nombre del honor, de la cultura, de la familia,
de la amistad, de la identidad, valores que son fundamentales en los
sicilianos, y para ello necesitaba millones de ciudadanos que no vieran,
no hablaran ni escucharan; el problema se empezó a revertir,
cuando los ciudadanos tomaron conciencia y empezaron a actuar desde
sus propios espacios.
Mafia y delincuencia
El investigador hizo una diferencia entre la mafia y la delincuencia
organizada “normal”. Esta última está contra
el Estado, la Iglesia, los bancos, la sociedad civil, pero fuera de
estas instituciones, en tanto que las mafias también están
en contra, pero operan dentro de ellas.
Agregó que la mafia en Palermo sigue existiendo, pero lo importante
—y ahí estriba el cambio— es que ya no controla el
pensamiento de la gente.
Es ahí donde radica la otra rueda del “carro siciliano”,
en la participación ciudadana, pues la inseguridad es algo tan
grave y tan importante que no se puede dejar sólo en manos de
la policía y del gobierno.
El académico apuntó que la aceptación internacional
para este modelo ha sido tal, que recibió el reconocimiento de
Naciones Unidas, cuyo Consejo Económico y Social recomienda las
líneas maestras de este paradigma para prevenir el crimen en
otras ciudades. / Teresa Cedillo Nolasco |