| Consolidará
México su universidad
en unos 15 años, prevé investigador
LA UNIVERSIDAD EN México se encuentra en un proceso
de transformación que deberá conducirla, en un plazo de
entre 10 y 15 años, a consolidar un modelo educativo coherente,
con solidez en las instituciones y que garantice la enseñanza
de alto nivel, acorde con las exigencias del nuevo milenio, aseguró
el doctor Eduardo Ibarra Colado, quien obtuvo el Premio a la Investigación
2003 en el área de Ciencias Sociales y Humanidades.
En entrevista, el profesor del Departamento de Economía de la
Unidad Iztapalapa compartió la experiencia de haber sido galardonado,
y abundó sobre la situación de las universidades públicas
mexicanas y el futuro de la UAM.
También ofreció detalles sobre su investigación
“La Universidad en México Hoy: gubernamentalidad y modernización”.
Personaje clave en el desarrollo de los estudios organizacionales en
México y en la UAM, Ibarra Colado ha analizado durante 15 años
las transformaciones del sistema universitario mexicano. Sobre la base
de esta experiencia, sostiene que la construcción de la universidad
del futuro representa un proceso complejo de búsqueda y debate.
Las universidades mexicanas se esfuerzan por consolidar un modelo que
ha ido adquiriendo forma de manera paulatina y que, una vez que se concrete,
permitirá generar una educación superior de calidad que
atienda las necesidades más urgentes de la sociedad. Este es
un “principio que no se debe abandonar”, recalcó.

Gobernabilidad institucional
Aun cuando se ha criticado la falta de rumbo de las universidades, el
investigador destacó que el sistema universitario en México
se ha construido en apenas 50 años. Por lo tanto, dijo, las Instituciones
de Educación Superior (IES) están en el proceso de sentar
las bases para generar la gobernabilidad institucional que necesitan
para un funcionamiento adecuado, así como para reforzar sus actividades
de docencia, investigación, difusión y preservación
de la cultura.
Este último aspecto es fundamental para mejorar la relación
con los poderes Ejecutivo y Legislativo con el propósito de que,
por ejemplo, la asignación de recursos a las IES esté
libre de los problemas de coyuntura que las afectan y que muestran que
en México “no hay todavía una política de
Estado en la que se asuma de verdad que la educación superior
es una de las más altas prioridades para posibilitar el desarrollo
del país”. Los recursos para el sector, enfatizó,
no “deberían ser escamoteados”.
Para afrontar los desafíos que impone la modernidad, el fundador
de los estudios organizacionales en la UAM sugirió construir
una universidad gobernable, basada en la equidad y la transparencia.
Para lograrlo recomendó la participación plural y razonada
de cada uno de los actores universitarios.
El doctor en Sociología aseveró que el gran reto es ponerse
de acuerdo en las reglas de funcionamiento, pero más importante
es respetarlas. También advirtió que se deberán
hacer mayores esfuerzos en esta dirección porque todavía
existen, en ciertos espacios institucionales, prácticas clien-telares,
un uso discrecional de los recursos y negociaciones al margen de la
legalidad institucional.

En relación con la UAM, apuntó que se aprecian avances
significativos en sus 30 años de existencia, en los cuales se
han consolidado gradualmente las reglas de convivencia que permiten
a la comunidad realizar su trabajo con libertad.
Sin embargo, reconoció que restan aspectos muy relevantes por
resolver, como el tema de las relaciones laborales, pues la UAM no cuenta
aún con un reglamento interior de trabajo que, acordado de manera
bilateral, defina con claridad los términos en los cuales la
Universidad y los trabajadores se comprometen a regular y realizar el
trabajo.
El doctor Eduardo Ibarra Colado estimó que en unos 10 o 15 años,
la UAM logrará consolidar el modelo que ha edificado en tres
décadas y que, sin duda, le otorga identidad, permitiéndole
mantener el lugar que ya ocupa como una de las mejores universidades
del país en cada vez más áreas del conocimiento,
además del prestigio y reconocimiento que se extienden al ámbito
internacional.
Nuevo enfoque
Respecto de la investigación que le mereció el premio,
Eduardo Ibarra expuso que se caracteriza por introducir en el campo
de los estudios sobre la universidad un nuevo enfoque relacionado con
la interpretación de los problemas organizacionales de la educación
superior, de sus formas de funcionamiento, así como de sus contextos
locales más específicos.
Se trata, abundó, de una aproximación que discute la relación
Universidad-Estado con base en las relaciones cotidianas entre agencias
gubernamentales y universidades, o los problemas de financiamiento,
e incluso el impacto de las políticas públicas y sus efectos
específicos en cada institución, estado o región.
El aporte esencial de estos estudios radica, dijo, en apreciar las relaciones
a partir de las cuales se producen las estructuras y reglas que gobiernan
el funcionamiento de la universidad, propiciando la conformación
y cambio de las identidades de la institución y los actores que
la integran.
Esto permite, añadió, apreciar por qué no siempre
se alcanzan los resultados previstos y por qué los proyectos
impulsados por las instituciones o el gobierno no siempre llegan a concretarse
de acuerdo con lo planeado.
En suma, enfatizó, se trata de reconstruir los procesos de conformación
de las instituciones a partir del reconocimiento de la dinámica
de las relaciones que mantienen entre sí, a lo largo del tiempo,
los actores de su comunidad.
Políticas públicas
Indicó que su trabajo también examina los programas institucionales
que se derivan de las políticas estatales en curso, y que éstas
adquieren una forma y sentido específicos en cada institución,
con base en sus condiciones locales y la composición social particular
que las caracteriza.
Tras señalar que la investigación galardonada, editada
en 2001 y reeditada en 2003, es la síntesis de un extenso trabajo
sobre las organizaciones que inició en 1981, Ibarra Colado expresó
que el texto recupera elementos teóricos de los estudios organizacionales
y constituye una lectura de los aportes de dos destacados pensadores
franceses: Edgar Morín, con su paradigma de complejidad, y Michel
Foucault, con su análisis del poder y sus formulaciones acerca
de la gubernamentalidad.
Respecto del galardón que recibió el pasado 15 de diciembre
en la Rectoría General, Eduardo Ibarra estimó que es el
premio más importante que todo académico podría
recibir, pues se trata de un reconocimiento que otorga la propia Institución,
valorando el trabajo realizado y la importancia que supone para la universidad
que permitió su producción.
“Es una recompensa a 23 años de esfuerzos en la UAM y un
indicio de que lo que hemos realizado ha rendido sus frutos”,
pero no se trata de “un premio sólo para mí, sino
para los colegas que me han acompañado durante todo este tiempo.
Aun cuando el reconocimiento recae en una sola persona, en realidad
se reconoce a comunidades académicas más amplias, una
línea de investigación y un esfuerzo colectivo”.
/Javier Solórzano Herrera.
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