| La
convivencia, génesis para el Diseño en comunidades michoacanas
PAUÁNI,
VOCABLO DE la lengua pórhé que significa “mañana”,
constituye el nombre del proyecto de trabajo entre estudiantes de Diseño
Industrial de nuestra Universidad y artesanos michoacanos.
Treinta alumnos de las carreras de Diseño Industrial y dos de
Diseño de la Comunicación Gráfica de la Unidad
Azcapotzalco participaron con artesanos de 11 comunidades de Michoacán
en la innovación y mejoramiento de técnicas artesanales,
en el marco del proyecto PAUÁNI, dirigido por el MDI. Fernando
Shultz, profesor-investigador del Departamento del Medio Ambiente, Premio
Nacional de Tecnología 2001.
Convenido en marzo de 2003, a petición de la Casa de las Artesanías
de la entidad —dirigida por el arquitecto René Carrillo
González— se trata de un programa de vinculación
social en el que estudiantes de nuestra Casa de estudios brindan alternativas
para la diversificación del diseño artesanal, mediante
un trabajo de campo muy planificado.
Modo de vida
Recibidos como miembros de las familias purépechas que habitan
casas con tejas de adobe (barro), los estudiantes compartieron durante
tres semanas (del 2 al 18 de agosto y del 30 de agosto al 8 de septiembre)
una experiencia profesional y humana que les permitió vivir la
profesión y confrontar su aprendizaje en función de sus
capacidades para satisfacer necesidades básicas.
Y es que ahí, en medio de aquellas comunidades, hubo que traducir
experiencias, aspiraciones, sentimientos y problemas de los artesanos
en propuestas innovadoras y funcionales para reactivar la economía
de estas poblaciones que tienen en las artesanías un modo de
vida que data de varias generaciones.
Un saludo respetuoso de manos sensibles y trabajadoras, el sol y el
canto de las aves dieron la bienvenida formal el 2 de agosto a un grupo
de jóvenes estudiantes que iniciaban una experiencia de intercambio
de trabajo y formación profesional, en una sociedad desconocida,
permeada por la naturaleza, tradiciones y cultura artesanal. Niños,
jóvenes y adultos pasan gran parte de su vida en los talleres
de alfarería, madera, fibras y vidrio.
Aunque tradicionalistas, cuando realizan sus trabajos los artesanos
piensan en el futuro. Esta es la dialéctica que da vitalidad
a sus artesanías, ya que siempre estarán dispuestos a
los cambios en sus productos, sin perder la expresión y participación
personal que los hace únicos.
El Diseño como herramienta
Las comunidades de Tzintzuntzan, Patamban, San José, Capula,
Huáncito, Santo Tomás, Quiroga, Pichátaro, Cuanajo,
Paracho, Puacuaro y Tlalpujahua, que mantienen la tradición de
ofrecer a sus invitados los famosos chirupos o atápacuas (grandes
tortillas adornadas con carne) albergaron a 30 jóvenes estudiantes
quienes, dirigidos por su maestro Fernando Shultz, conocieron y compartieron
el valor de las costumbres, las reglas familiares locales, la hora de
comida, la oración previa, el vestido de domingo, el trabajo
y el calor familiar purépecha.
Esta experiencia profesional y de vida, brindó a los estudiantes
una nueva forma de ver y comprender el entorno rural y el Diseño,
ya que al convivir con las familias fueron testigos de la idiosincracia
y la cosmovisión del pueblo michoacano.
“Gracias a la convivencia con las familias, los ancianos, las
madres, los artesanos y los niños aprendimos a saber qué
esperan de nosotros, del Diseño como herramienta, cuáles
son sus motivos de creación, como el sol, la lluvia, el color
de las flores, el agua, la luna.
“Este es el espacio de la verdadera génesis de la cultura
artesanal, de sus preocupaciones, de sus miedos y hasta de sus sueños,
afirmó Nayelli Vega, alumna que junto con Eduardo Miranda y Pablo
Bañuelos trabajó en la comunidad de Puácuaro.
De la imaginación a la venta
Sentados en el corredor externo de la casa y bebiendo como todas las
noches un café negro de olla, acompañado con pan de sal
o de Castilla, estos alumnos analizan con las madres de familia la posibilidad
de establecer un taller de joyería en fibras vegetales, evalúan
sus opciones, los materiales, y Narcisa, una jóven hábil
en el tejido fino de chuspata —fibra vegetal parecida al tule—
decide que crearán aretes, pulseras, collares y anillos.
Así —mediante charlas— se establecen acuerdos y formas
de trabajo: los alumnos proponen diseños, incluso en maquetas
de papel, y los artesanos, si los aceptan, crean la forma, la textura,
el color y aplican sus habilidades transformando juntos proyectos en
trabajos. Aquí nadie impone nada, todo es trabajo en equipo.
Un dinosaurio rojo de granadillo, cedro y caoba, matizado por color
amarillo y tonalidades rojizas de aspecto festivo, con grandes ojos
en tono oscuro, diseñado como parte del proyecto, llamó
la atención de un grupo de turistas alemanes en la comunidad
de Paracho. Maravillados por la movilidad en cola y cabeza del mítico
animal, compraron la producción completa y la llevaron al país
europeo.
Dicho suceso representó el acoplamiento entre técnica
y mano de obra, cuando el alumno Leonardo Fuentes lo dibujó a
petición del artesano y éste lo materializó mediante
el tallado, el corte y armado sobre ensamblado, técnicas características
de las comunidades de Paracho y Quiroga en la formación de guitarras,
mesas y sillas. Junto a Leonardo también estuvieron María
de los Ángeles Ramírez y Marcel Coleman. Mientras en Quiroga
participaron los alumnos Luis Cruz, Iraís Suárez y Marcos
Ceja.
Toque regional
En Tlalpujahua, reunidos en casa de los artesanos del vidrio, quienes
dominan la técnica del soplado, Fabiola Martínez, Rodrigo
Topete y Arturo García escuchan las inquietudes de sus anfitriones,
cuando exponen la existencia de sobrantes de este material y planean
utilizarlo para elaborar artículos de cocina.
Los alumnos trabajan en prototipos dibujados a escala y comienza la
producción con 30 piezas por día, empleando motivos como
frutas, aves y flores. A estas figuras los artesanos agregan tonos nunca
antes utilizados. Son colores típicos de la región, como
amarillo, verde, rojo, azul (obtenido de la cochinilla) y se comercializan
a precios accesibles —de entre 15 y 20 pesos por unidad—.
El trabajo de los alumnos en alfarería en comunidades como Huáncito
y Santo Tomás, Tzintzuntzan, Patambam y Capula fue significativo,
ya que al agregar soportes, cuellos para vaciado de líquido,
boquillas y colgaderas a piezas como jarrones, comales, botellones,
ollas y tazas, se facilitó su uso y un mejor aprovechamiento
para la cocina, el campo y la vida en general.
Por ejemplo: “Los campesinos y ganaderos que transportan grandes
botellones de líquido en caminos rurales fueron favorecidos,
pues los nuevos diseños de estas piezas incluyeron agarraderas
ergonómicas, que disminuyeron el peso excesivo; de igual forma,
las amas de casa ahora cuentan con utensilios de fácil manejo,
con diseños ergonómicos que le dan mayor estabilidad para
la producción de alimentos” afirmaron, Felipe Aguilar,
Argelia Candelaria, José Pineda y Raúl Ramírez,
alumnos que trabajaron en dichas comunidades y responsables de las innovaciones.
Creación y trabajo conjunto
La alumna Argelia Candelaria, al ser testigo de las etapas de formación
de dichos utensilios con base en moldes (técnica rápida,
sencilla y de corto tiempo de secado) aprovecha la facilidad productiva
con base en la experiencia de los artesanos y propone elaborarlos en
serie. Así, de 20 piezas por día se produce ahora el doble
y se comercializa a un precio que oscila entre los 15 y 25 pesos según
el tamaño, hecho que marca el nacimiento de la comercialización
alfarera a gran escala, relativamente.
Durante el proceso de producción, los artesanos cuentan sólo
con 15 moldes por pieza en sus talleres, calculan tiempos de elaboración
de acuerdo con Argelia y mediante dibujos que ésta les ofrece
se agrega a las piezas un acabado extra nuevo, basado en figuras de
animales como el colibrí, la mariposa monarca, la piedra piramidal
o el coyote (símbolos autóctonos y representativos de
la cultura purépecha).
También participaron los alumnos: Carlos Fiesco, Carmen Villalobos
y Daniel Vásquez en la comunidad alfarera de Patamban. Isaías
Aranda, Rebeca Ramírez y Ernesto Salazar, con artesanos de la
cerámica en Capula. Leslie Ochoa, Fernando Calderón y
Rosa María Gallardo con alfareros de Tzintzuntzan. Así
como Laura Rodríguez, Oscar Castillo y Rafael Carranza en Pichátaro
y Víctor Muñiz, Luis Loera y Octavio Dávila en
Cuanajo, estas dos últimas, comunidades que hacen muebles tallados.
Dos alumnos más, Michelle Aubery y Omar Páez, colaboraron
en apoyo a la documentación gráfica para las 11 comunidades
e incluso lograron diseñar un catálogo para artesanos
de Paracho.
Realizados los trabajos anteriores, durante las tres semanas de trabajo
de campo, se entregaron constancias de participación a los artesanos,
quienes, a su vez, aprendieron de los "fundamentos del Diseño"
aportados por los estudiantes. Durante el desarrollo del proyecto se
contó con la participación de las autoridades de la Casa
de las Artesanías del Gobierno del Estado de Michoacán,
especialmente del equipo de apoyo y gestión al Proyecto PAUÁNI,
dirigido por Hugo Salas, jefe de capacitación y asistencia técnica
para artesanos.
Como parte de la integración del Diseño, los alumnos también
enseñaron a clasificar y registrar las artesanías por
sus verdaderos autores, mediante la impresión de sellos fabricados
con materiales accesibles en la región, como gomas de llanta.
La técnica es el calado sobre dibujo, que tendría las
iniciales del productor y su comunidad de procedencia.
Invitación a regresar
Fernando Shultz informó que, como etapa de culminación
del Proyecto, el 28 de noviembre la UAM, en coordinación con
la Casa de las Artesanías y Marta Turok, presidenta de la Asociación
Mexicana de Arte y Cultura Popular A.C. (Amacup) presentarán
en Michoacán los informes finales del trabajo de campo mediante
10 discos compactos en los que los alumnos expondrán sus principales
labores, los resultados obtenidos y su experiencia profesional en estas
comunidades rurales .
Dicho acto contará con la presencia del antropólogo Lázaro
Cárdenas Batel, gobernador constitucional del estado; el maestro
Víctor Manuel Sosa Godínez, rector de la Unidad Azcapotzalco,
y el doctor Luis Ramón Mora, director de la división de
Ciencias y Artes para el Diseño.
El coordinador del Proyecto aseguró que esta experiencia de campo
fue un éxito. Los artesanos quedaron satisfechos y solicitaron
a los estudiantes que regresen pronto. Asimismo, la Casa de las Artesanías
desea repetir experiencias similares con nuestra Universidad, con el
respaldo de la Secretaría de Gobierno del estado, desarrollando
el próximo año diversos proyectos. / Santiago Sánchez
Coaxospa
Vínculo
propositivo e innovador
Durante este trabajo de campo en Michoacán se contó
con la presencia del destacado diseñador alemán
Gui Bonsiepe, creador de la metodología proyectual quien,
al recorrer las diversas comunidades, se reunió con estudiantes,
artesanos, autoridades de la Casa de las Artesanías,
de la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco),
la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) y la Secretaría
de Planificación y Estudios Sociales (Seplades).
Gui Bonsiepe declaró que el Programa de Diseño
Artesanal tiene un gran valor, al vincular los conocimientos
de los diseñadores con el área artesanal y lo
calificó como experiencia única de enseñanza
del Diseño en el mundo, propositivo e innovador. De igual
forma, manifestó que considera este programa como una
alternativa más para el Diseño en América
Latina.
Al reconocer que la UAM es una Institución pública
que promueve la vinculación social, prometió integrar
a sus trabajos como diseñador y conferenciante de talla
mundial la experiencia que tuvo al visitar estas comunidades,
sobre todo las propuestas y prototipos de los estudiantes, así
como la técnica para la aplicación del trabajo
de campo.

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