Comunidades

 Semanario de la UAM

24 de noviembre de 2003

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La convivencia, génesis para el Diseño en comunidades michoacanas

PAUÁNI, VOCABLO DE la lengua pórhé que significa “mañana”, constituye el nombre del proyecto de trabajo entre estudiantes de Diseño Industrial de nuestra Universidad y artesanos michoacanos.

Treinta alumnos de las carreras de Diseño Industrial y dos de Diseño de la Comunicación Gráfica de la Unidad Azcapotzalco participaron con artesanos de 11 comunidades de Michoacán en la innovación y mejoramiento de técnicas artesanales, en el marco del proyecto PAUÁNI, dirigido por el MDI. Fernando Shultz, profesor-investigador del Departamento del Medio Ambiente, Premio Nacional de Tecnología 2001.

Convenido en marzo de 2003, a petición de la Casa de las Artesanías de la entidad —dirigida por el arquitecto René Carrillo González— se trata de un programa de vinculación social en el que estudiantes de nuestra Casa de estudios brindan alternativas para la diversificación del diseño artesanal, mediante un trabajo de campo muy planificado.

Modo de vida
Recibidos como miembros de las familias purépechas que habitan casas con tejas de adobe (barro), los estudiantes compartieron durante tres semanas (del 2 al 18 de agosto y del 30 de agosto al 8 de septiembre) una experiencia profesional y humana que les permitió vivir la profesión y confrontar su aprendizaje en función de sus capacidades para satisfacer necesidades básicas.

Y es que ahí, en medio de aquellas comunidades, hubo que traducir experiencias, aspiraciones, sentimientos y problemas de los artesanos en propuestas innovadoras y funcionales para reactivar la economía de estas poblaciones que tienen en las artesanías un modo de vida que data de varias generaciones.

Un saludo respetuoso de manos sensibles y trabajadoras, el sol y el canto de las aves dieron la bienvenida formal el 2 de agosto a un grupo de jóvenes estudiantes que iniciaban una experiencia de intercambio de trabajo y formación profesional, en una sociedad desconocida, permeada por la naturaleza, tradiciones y cultura artesanal. Niños, jóvenes y adultos pasan gran parte de su vida en los talleres de alfarería, madera, fibras y vidrio.

Aunque tradicionalistas, cuando realizan sus trabajos los artesanos piensan en el futuro. Esta es la dialéctica que da vitalidad a sus artesanías, ya que siempre estarán dispuestos a los cambios en sus productos, sin perder la expresión y participación personal que los hace únicos.

El Diseño como herramienta
Las comunidades de Tzintzuntzan, Patamban, San José, Capula, Huáncito, Santo Tomás, Quiroga, Pichátaro, Cuanajo, Paracho, Puacuaro y Tlalpujahua, que mantienen la tradición de ofrecer a sus invitados los famosos chirupos o atápacuas (grandes tortillas adornadas con carne) albergaron a 30 jóvenes estudiantes quienes, dirigidos por su maestro Fernando Shultz, conocieron y compartieron el valor de las costumbres, las reglas familiares locales, la hora de comida, la oración previa, el vestido de domingo, el trabajo y el calor familiar purépecha.


Esta experiencia profesional y de vida, brindó a los estudiantes una nueva forma de ver y comprender el entorno rural y el Diseño, ya que al convivir con las familias fueron testigos de la idiosincracia y la cosmovisión del pueblo michoacano.

“Gracias a la convivencia con las familias, los ancianos, las madres, los artesanos y los niños aprendimos a saber qué esperan de nosotros, del Diseño como herramienta, cuáles son sus motivos de creación, como el sol, la lluvia, el color de las flores, el agua, la luna.

“Este es el espacio de la verdadera génesis de la cultura artesanal, de sus preocupaciones, de sus miedos y hasta de sus sueños, afirmó Nayelli Vega, alumna que junto con Eduardo Miranda y Pablo Bañuelos trabajó en la comunidad de Puácuaro.


De la imaginación a la venta
Sentados en el corredor externo de la casa y bebiendo como todas las noches un café negro de olla, acompañado con pan de sal o de Castilla, estos alumnos analizan con las madres de familia la posibilidad de establecer un taller de joyería en fibras vegetales, evalúan sus opciones, los materiales, y Narcisa, una jóven hábil en el tejido fino de chuspata —fibra vegetal parecida al tule— decide que crearán aretes, pulseras, collares y anillos.

Así —mediante charlas— se establecen acuerdos y formas de trabajo: los alumnos proponen diseños, incluso en maquetas de papel, y los artesanos, si los aceptan, crean la forma, la textura, el color y aplican sus habilidades transformando juntos proyectos en trabajos. Aquí nadie impone nada, todo es trabajo en equipo.

Un dinosaurio rojo de granadillo, cedro y caoba, matizado por color amarillo y tonalidades rojizas de aspecto festivo, con grandes ojos en tono oscuro, diseñado como parte del proyecto, llamó la atención de un grupo de turistas alemanes en la comunidad de Paracho. Maravillados por la movilidad en cola y cabeza del mítico animal, compraron la producción completa y la llevaron al país europeo.

Dicho suceso representó el acoplamiento entre técnica y mano de obra, cuando el alumno Leonardo Fuentes lo dibujó a petición del artesano y éste lo materializó mediante el tallado, el corte y armado sobre ensamblado, técnicas características de las comunidades de Paracho y Quiroga en la formación de guitarras, mesas y sillas. Junto a Leonardo también estuvieron María de los Ángeles Ramírez y Marcel Coleman. Mientras en Quiroga participaron los alumnos Luis Cruz, Iraís Suárez y Marcos Ceja.


Toque regional
En Tlalpujahua, reunidos en casa de los artesanos del vidrio, quienes dominan la técnica del soplado, Fabiola Martínez, Rodrigo Topete y Arturo García escuchan las inquietudes de sus anfitriones, cuando exponen la existencia de sobrantes de este material y planean utilizarlo para elaborar artículos de cocina.

Los alumnos trabajan en prototipos dibujados a escala y comienza la producción con 30 piezas por día, empleando motivos como frutas, aves y flores. A estas figuras los artesanos agregan tonos nunca antes utilizados. Son colores típicos de la región, como amarillo, verde, rojo, azul (obtenido de la cochinilla) y se comercializan a precios accesibles —de entre 15 y 20 pesos por unidad—.

El trabajo de los alumnos en alfarería en comunidades como Huáncito y Santo Tomás, Tzintzuntzan, Patambam y Capula fue significativo, ya que al agregar soportes, cuellos para vaciado de líquido, boquillas y colgaderas a piezas como jarrones, comales, botellones, ollas y tazas, se facilitó su uso y un mejor aprovechamiento para la cocina, el campo y la vida en general.

Por ejemplo: “Los campesinos y ganaderos que transportan grandes botellones de líquido en caminos rurales fueron favorecidos, pues los nuevos diseños de estas piezas incluyeron agarraderas ergonómicas, que disminuyeron el peso excesivo; de igual forma, las amas de casa ahora cuentan con utensilios de fácil manejo, con diseños ergonómicos que le dan mayor estabilidad para la producción de alimentos” afirmaron, Felipe Aguilar, Argelia Candelaria, José Pineda y Raúl Ramírez, alumnos que trabajaron en dichas comunidades y responsables de las innovaciones.


Creación y trabajo conjunto
La alumna Argelia Candelaria, al ser testigo de las etapas de formación de dichos utensilios con base en moldes (técnica rápida, sencilla y de corto tiempo de secado) aprovecha la facilidad productiva con base en la experiencia de los artesanos y propone elaborarlos en serie. Así, de 20 piezas por día se produce ahora el doble y se comercializa a un precio que oscila entre los 15 y 25 pesos según el tamaño, hecho que marca el nacimiento de la comercialización alfarera a gran escala, relativamente.

Durante el proceso de producción, los artesanos cuentan sólo con 15 moldes por pieza en sus talleres, calculan tiempos de elaboración de acuerdo con Argelia y mediante dibujos que ésta les ofrece se agrega a las piezas un acabado extra nuevo, basado en figuras de animales como el colibrí, la mariposa monarca, la piedra piramidal o el coyote (símbolos autóctonos y representativos de la cultura purépecha).

También participaron los alumnos: Carlos Fiesco, Carmen Villalobos y Daniel Vásquez en la comunidad alfarera de Patamban. Isaías Aranda, Rebeca Ramírez y Ernesto Salazar, con artesanos de la cerámica en Capula. Leslie Ochoa, Fernando Calderón y Rosa María Gallardo con alfareros de Tzintzuntzan. Así como Laura Rodríguez, Oscar Castillo y Rafael Carranza en Pichátaro y Víctor Muñiz, Luis Loera y Octavio Dávila en Cuanajo, estas dos últimas, comunidades que hacen muebles tallados. Dos alumnos más, Michelle Aubery y Omar Páez, colaboraron en apoyo a la documentación gráfica para las 11 comunidades e incluso lograron diseñar un catálogo para artesanos de Paracho.


Realizados los trabajos anteriores, durante las tres semanas de trabajo de campo, se entregaron constancias de participación a los artesanos, quienes, a su vez, aprendieron de los "fundamentos del Diseño" aportados por los estudiantes. Durante el desarrollo del proyecto se contó con la participación de las autoridades de la Casa de las Artesanías del Gobierno del Estado de Michoacán, especialmente del equipo de apoyo y gestión al Proyecto PAUÁNI, dirigido por Hugo Salas, jefe de capacitación y asistencia técnica para artesanos.

Como parte de la integración del Diseño, los alumnos también enseñaron a clasificar y registrar las artesanías por sus verdaderos autores, mediante la impresión de sellos fabricados con materiales accesibles en la región, como gomas de llanta. La técnica es el calado sobre dibujo, que tendría las iniciales del productor y su comunidad de procedencia.

Invitación a regresar
Fernando Shultz informó que, como etapa de culminación del Proyecto, el 28 de noviembre la UAM, en coordinación con la Casa de las Artesanías y Marta Turok, presidenta de la Asociación Mexicana de Arte y Cultura Popular A.C. (Amacup) presentarán en Michoacán los informes finales del trabajo de campo mediante 10 discos compactos en los que los alumnos expondrán sus principales labores, los resultados obtenidos y su experiencia profesional en estas comunidades rurales .

Dicho acto contará con la presencia del antropólogo Lázaro Cárdenas Batel, gobernador constitucional del estado; el maestro Víctor Manuel Sosa Godínez, rector de la Unidad Azcapotzalco, y el doctor Luis Ramón Mora, director de la división de Ciencias y Artes para el Diseño.

El coordinador del Proyecto aseguró que esta experiencia de campo fue un éxito. Los artesanos quedaron satisfechos y solicitaron a los estudiantes que regresen pronto. Asimismo, la Casa de las Artesanías desea repetir experiencias similares con nuestra Universidad, con el respaldo de la Secretaría de Gobierno del estado, desarrollando el próximo año diversos proyectos. / Santiago Sánchez Coaxospa

Vínculo propositivo e innovador


Durante este trabajo de campo en Michoacán se contó con la presencia del destacado diseñador alemán Gui Bonsiepe, creador de la metodología proyectual quien, al recorrer las diversas comunidades, se reunió con estudiantes, artesanos, autoridades de la Casa de las Artesanías, de la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco), la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) y la Secretaría de Planificación y Estudios Sociales (Seplades).
Gui Bonsiepe declaró que el Programa de Diseño Artesanal tiene un gran valor, al vincular los conocimientos de los diseñadores con el área artesanal y lo calificó como experiencia única de enseñanza del Diseño en el mundo, propositivo e innovador. De igual forma, manifestó que considera este programa como una alternativa más para el Diseño en América Latina.
Al reconocer que la UAM es una Institución pública que promueve la vinculación social, prometió integrar a sus trabajos como diseñador y conferenciante de talla mundial la experiencia que tuvo al visitar estas comunidades, sobre todo las propuestas y prototipos de los estudiantes, así como la técnica para la aplicación del trabajo de campo.

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