Escapararte

 Semanario de la UAM

28 de octubre de 2002

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¿ A dónde iremos donde la muerte no existe?
Netzahualcóyotl

EL CÓDICE CHIMALPOPOCA relata que los primeros hombres fueron creados con huesos de difuntos. De ahí que para los prehispánicos la vida y la muerte estaban íntimamente relacionadas.

Mictlantecuhtli, dios de la muerte, entregó los huesos de hombres y mujeres difuntos a Quetzalcóatl para que Coatlicue, diosa de la tierra, los moliera en un metate y después, junto con los demás dioses creadores, fecundaran la masa y crearan al hombre con su propia sangre.

La costumbre de rendir culto a los muertos en nuestro país se practica desde la época prehispánica, como una forma de solicitar a los dioses su protección. Se acompaña de ofrendas como homenaje o como ofrecimiento de un sacrificio.

A la muerte se le venera, se le espera desde que nacemos, se le llora; pero también se festeja, satiriza y hasta se hace una fiesta de ella.

Visitar las tumbas de los seres queridos para llevarles flores de zempatzúchitl, incienso y velas que alumbren su camino, es una de las tradiciones más importantes, ya que se cree que a la media noche el alma de los difuntos regresa para convivir con los vivos.

Según la antigua tradición del pueblo de Mixquic, la ofrenda consistía en colocar, el mismo día en que muere la persona, un vaso con agua, sal, rajas de ocote —en lugar de velas— y pescado fresco; en los primeros cuatro días después de enterrado, se le llevaba una nueva ofrenda.

Actualmente, las ofrendas se montan con alimentos y objetos que gustaban a la persona fallecida. Se incluye una fotografía del difunto, pan de muerto y juguetes, si se trata de un niño, o tequila, en el caso de un adulto; las ofrendas se adornan con papel picado, flores y veladoras. En el día de los difuntos, la comida que se prepara forma parte de los elementos centrales del festejo.

Guadalupe Ríos, profesora-investigadora del Área de Historia y Cultura de la Unidad Azcapotzalco, en el libro De muertitos, cementerios, lloronas y corridos habla sobre el pan de muerto como uno de los elementos fundamentales en las ofrendas y aborda diversas teorías sobre su origen.

La aparición del pan de muertos se remonta a los sacrificios humanos, donde en una olla con amaranto se introducía un corazón aún latiendo, para después morderlo y, posteriormente, mostrarlo en señal de agradecimiento a un dios.

Su significado se encuentra en la parte superior del pan, las canillas son los huesos, y el sabor a azahar es por el cuerpo de los muertos.

Hay una gran cantidad de panes, los cuales se pueden clasificar en antropomorfos, con figura humana y zoomorfos, con figuras de animales; fitomorfos, con representaciones de vegetales y mitomorfos, que representan seres fantásticos.

Aunque la muerte es un acontecimiento universal y un hecho biológico y físico, señala Elsa Muñiz, coautora del libro, es antes que nada una realidad sociocultural que genera representaciones, imágenes, fantasías colectivas y sistemas de creencia, lo cual propicia ciertos comportamientos, actitudes, ritos y conductas codificados según el momento histórico o el lugar del que se trate.

De muertitos, cementerios, lloronas y corridos


PARA CELEBRAR EL 2 de noviembre, nuestra Universidad realizará una serie de actividades en la Casa del Tiempo.
Se presentará el libro De muertitos, cementerios, lloronas y corridos, en el cual se analiza la tradición y los ritos de la muerte en la cultura mexicana de 1920 a 1940.

Las autoras, profesoras de la Unidad Azcapotzalco (Guadalupe Ríos, Margarita Alegría, Elsa Muñiz, Edelmira Ramírez y Marcela Suárez), abordan el tema de la muerte desde el punto de vista antropológico, etnológico, artístico y literario. En uno de los capítulos se señala que Francisco Javier Bichat, considerado como el padre del vitalismo, declaraba que la vida era el conjunto de funciones que resistían a la muerte y que los difuntos habían perdido esas funciones.

Para Claudio Bernard, famoso positivista, la vida era creación y al mismo tiempo muerte, para él no había muerte sin vida ni vida sin muerte.

Esta presentación estará acompañada por un espectáculo con la participación de la bailarina Norma Ortiz y algunas cuenta cuentos, entre las que destacan Matilde Samperio y Martha Treviño. La presentación tendrá lugar en la Casa del Tiempo el día 29 de octubre a las 19:00 horas.

Además se montará una ofrenda dedicada a José Vasconcelos (1882-1959), hombre significativo para la educación y la difusión de las artes.

Edelmira Ramírez, profesora de nuestra Casa de estudios, señaló que es importante preservar nuestras tradiciones y mantener viva la legendaria festividad a los difuntos, es por eso que el área de Historia y Cultura en México, realizará esta ofrenda dedicada al distinguido novelista e impulsor del muralismo, profesor, apóstol y maestro que ha contribuido a la orientación de la joven generación de la América española.

Es considerado como iniciador de las campañas de alfabetización y el principal impulsor de la construcción de escuelas y de la política de acercamiento con los pueblos hispanoamericanos.

Para continuar con la celebración, Carlos Lira y Dulce Mattos profesores del Área de Urbanismo, presentarán la exposición fotográfica Presencia y silencio, la cual recoge diversas imágenes de los recintos que albergan a los difuntos.

Los festejos finalizarán con el coloquio En torno a la muerte en México, en el que participarán investigadoras del Área Historia y Cultura, con diversos tópicos sobre la muerte en México, como libros del bien morir y la tradición de las calaveras, entre otros. / Verónica Ordóñez

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