Comunidades

 Semanario de la UAM

30 de junio de 2003

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Desplazan el análisis de las relaciones de poder detrás de la propaganda

LA DISCUSIÓN ACERCA del contenido de los mensajes propagandísticos y su eficacia para influir en la opinión pública, ha desplazado el estudio y análisis de la realidad económica y el sistema de poder en que se basa toda propaganda.

Aún más, para el psicólogo social Michel Louis Rouquette: “no puede comprenderse la propaganda fuera del análisis de las relaciones de poder” e incluso, puntualizó, “para entender mejor sus efectos, debemos interrogarnos sobre el grado de dominación que padece cada individuo y sobre la dimensión de la sociabilidad que conllevan sus mensajes”.

Invitado por nuestra Universidad para impartir el seminario “Propaganda y participación política”, que se llevará a cabo el 1 y 2 de julio, de 10:00 a 14:00 y de 18:00 a 20:00 horas, el científico social, autor del libro Psicología política y ciudadanía (2003), desglozó las categorías socioculturales de la propaganda al definirla como un producto cultural, cuya expresión más “nítida y viva” la encontramos en el llamado “ciudadano pensado”.

De acuerdo con las estrategias propagandísticas, explicó, éste puede ser adoptado como: “el ciudadano-perro de Pavlov”, “el ciudadano-agente económico y racional” y, finalmente, como “el ciudadano potencialmente histérico”. El primero y el último reaccionan a condicionamientos y cargas afectivas, en tanto que el segundo “actúa según sus intereses y hará una elección con base en lo que más le conviene”.


Rouquette advirtió, sobre esta catalogación, que “sin duda existen otras posibilidades”, empero, dijo, “si observamos los anuncios de la propaganda, podremos fácilmente reconocer estos tres modelos de ciudadanos pensados”.

Marcar su territorio

En el marco de la conferencia magistral “Una aproximación cultural de la propaganda”, transmitida desde la Sala del Consejo Académico de la Unidad Iztapalapa a la Facultad de Psicología de la UNAM y a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, el miércoles 25 de junio, el psicólogo social hizo ver que la propaganda como fenómeno cultural siempre se ha basado en “conocimientos compartidos, costumbres y valores, con una tendencia a involucrarse en lo cotidiano”.

Sorprendido por la proliferación propagandística que ha inundado la ciudad en vísperas del proceso electoral del 6 de julio, Rouquette definió dichos anuncios como “la expresión mediante la cual hay una búsqueda por apropiarse del mundo y establecer una marca, esta última tomada con el mismo sentido con el que algunos animales delimitan y marcan su territorio”.

En su análisis, “la propaganda pertenece necesariamente al progreso de una sociedad” y en ese sentido, lamentó, “el enfoque que ha dominado su estudio se reduce a una simple cuestión de influencia”.

Propaganda/pastel

Para hacer más gráfica su reflexión, Michel Louis Rouquette acudió a la metáfora del pastelero cuyos productos, por buenos o malos que resulten, “no fueron hechos para durar”. De tal suerte que propaganda/pastel resulta efímera.

“Desde hace 60 años sabemos que todos estos anuncios y carteles no tienen ninguna influencia sobre el mundo, y hemos continuado en el análisis ingenuo de sólo pensar en cuál es el mejor (o peor) mensaje.

“Un sistema de comunicación —como la propaganda— tiene una realidad económica y es al mismo tiempo un sistema de poder, y en el estudio de la propaganda rara vez se toman en cuenta y aún más en el aspecto de la sociabilidad”.

La maestra Carmen Mier y Terán, del Departamento de Sociología, durante la presentación del psicólogo social, resaltó que esta es la sexta vez que Rouquette visita nuestra Universidad, como parte del intercambio académico con la Universidad René Descartes-París V, de Francia. / Estrella Olvera Barragán

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