| Desplazan
el análisis de las relaciones de poder detrás de la propaganda
LA DISCUSIÓN
ACERCA del contenido de los mensajes propagandísticos
y su eficacia para influir en la opinión pública, ha desplazado
el estudio y análisis de la realidad económica y el sistema
de poder en que se basa toda propaganda.
Aún más, para el psicólogo social Michel Louis
Rouquette: “no puede comprenderse la propaganda fuera del análisis
de las relaciones de poder” e incluso, puntualizó, “para
entender mejor sus efectos, debemos interrogarnos sobre el grado de
dominación que padece cada individuo y sobre la dimensión
de la sociabilidad que conllevan sus mensajes”.
Invitado por nuestra Universidad para impartir el seminario “Propaganda
y participación política”, que se llevará
a cabo el 1 y 2 de julio, de 10:00 a 14:00 y de 18:00 a 20:00 horas,
el científico social, autor del libro Psicología política
y ciudadanía (2003), desglozó las categorías socioculturales
de la propaganda al definirla como un producto cultural, cuya expresión
más “nítida y viva” la encontramos en el llamado
“ciudadano pensado”.
De acuerdo con las estrategias propagandísticas, explicó,
éste puede ser adoptado como: “el ciudadano-perro de Pavlov”,
“el ciudadano-agente económico y racional” y, finalmente,
como “el ciudadano potencialmente histérico”. El
primero y el último reaccionan a condicionamientos y cargas afectivas,
en tanto que el segundo “actúa según sus intereses
y hará una elección con base en lo que más le conviene”.
Rouquette advirtió, sobre esta catalogación, que “sin
duda existen otras posibilidades”, empero, dijo, “si observamos
los anuncios de la propaganda, podremos fácilmente reconocer
estos tres modelos de ciudadanos pensados”.
Marcar su territorio
En el marco de la conferencia magistral “Una aproximación
cultural de la propaganda”, transmitida desde la Sala del Consejo
Académico de la Unidad Iztapalapa a la Facultad de Psicología
de la UNAM y a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla,
el miércoles 25 de junio, el psicólogo social hizo ver
que la propaganda como fenómeno cultural siempre se ha basado
en “conocimientos compartidos, costumbres y valores, con una tendencia
a involucrarse en lo cotidiano”.
Sorprendido por la proliferación propagandística que ha
inundado la ciudad en vísperas del proceso electoral del 6 de
julio, Rouquette definió dichos anuncios como “la expresión
mediante la cual hay una búsqueda por apropiarse del mundo y
establecer una marca, esta última tomada con el mismo sentido
con el que algunos animales delimitan y marcan su territorio”.
En su análisis, “la propaganda pertenece necesariamente
al progreso de una sociedad” y en ese sentido, lamentó,
“el enfoque que ha dominado su estudio se reduce a una simple
cuestión de influencia”.
Propaganda/pastel
Para hacer más gráfica su reflexión, Michel Louis
Rouquette acudió a la metáfora del pastelero cuyos productos,
por buenos o malos que resulten, “no fueron hechos para durar”.
De tal suerte que propaganda/pastel resulta efímera.
“Desde hace 60 años sabemos que todos estos anuncios y
carteles no tienen ninguna influencia sobre el mundo, y hemos continuado
en el análisis ingenuo de sólo pensar en cuál es
el mejor (o peor) mensaje.
“Un sistema de comunicación —como la propaganda—
tiene una realidad económica y es al mismo tiempo un sistema
de poder, y en el estudio de la propaganda rara vez se toman en cuenta
y aún más en el aspecto de la sociabilidad”.
La maestra Carmen Mier y Terán, del Departamento de Sociología,
durante la presentación del psicólogo social, resaltó
que esta es la sexta vez que Rouquette visita nuestra Universidad, como
parte del intercambio académico con la Universidad René
Descartes-París V, de Francia. / Estrella Olvera Barragán
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