Tasas
de mayor abstencionismo
en los estados más marginados
LAS ELECCIONES FEDERALES intermedias del próximo domingo
6 de julio podrían estar señaladas por tres factores:
abstencionismo, la disputa PRI-PAN por la mayoría en los 300
distritos uninominales del país y el dominio del PRD en la Ciudad
de México.
Así lo señalan tres estudios realizados por profesores-investigadores
de nuestra Casa de estudios quienes, sensibles a los acontecimientos
que concentran la atención de vastos sectores de nuestra sociedad,
contribuyen con sus análisis a la interpretación y mejor
comprensión de los fenómenos políticos contemporáneos,
cruciales para el futuro de la llamada transición democrática.
De acuerdo con el maestro Agustín Porras Macías, profesor-investigador
del Departamento de Relaciones Sociales de nuestra Universidad, el abstencionismo
en los próximos comicios podría alcanzar un rango de 48
a 53% y añade que aun si se situara en el piso mínimo
se trataría de una tasa récord que implicaría una
participación de sólo 52%, cinco puntos porcentuales menor
a la registrada en la elección de 1997, que también fue
intermedia (se realizan a la mitad del sexenio en curso).
Ambiente de descalificación
En el estudio “La Participación Política y el Perfil
Partidista en México en Distintos Contextos de Desarrollo Socioeconómico”,
que prepara junto con el maestro David López Cárdenas,
del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey
(ITESM), Porras Macías estima que el actual ambiente de descalificación
a las campañas electorales de los partidos podría hacer
bajar la participación algunos puntos porcentuales, aunque no
más de 48%.
Con base en los resultados de los comicios de 1997 y 2000 los investigadores
universitarios encuentran que existe una estrecha relación entre
la participación política y las condiciones de desarrollo
de las entidades, de modo que las tasas de mayor abstencionismo se registran
en los estados más marginados del país y con menor nivel
de desarrollo, como Chiapas, Guerrero y Oaxaca.

Datos del año 2000 confirman esta tendencia, pues con una tasa
de abstencionismo de sólo 36.77% para todo el país, en
esas entidades se registraron 49% (Chiapas), 47% (Guerrero) y 43% (Oaxaca).
Y aún se elevan más en municipios como Tapachula (45%)
y Ocosingo (53%).
En sentido inverso, los estados con menor tasa de abstencionismo son
los más ricos. El Distrito Federal registró en 1997 la
tasa de abstencionismo más baja del país (33%) y bajó
en el 2000 a 30%. En este último año, Colima presentó
sólo 35%, Guanajuato 33%, Jalisco y el Estado de México
32% y Yucatán 29%.
Voto duro
En otro orden, Porras Macías y López Cárdenas aseguran
que sin la figura del “voto útil” es previsible que
el próximo 6 de julio disminuyan las preferencias hacia el PAN,
en tanto que pronostican un aumento importante en la votación
por el PRD y señalan que el PRI mantendrá su fuerza política.
Este instituto político —sostienen— conserva una
mayor solidez que la del PAN y en un contexto de baja participación
electoral, previsible en estos comicios, el voto que predomina es un
voto muy estructural.
En elecciones intermedias, en las que la contienda es a nivel de distrito
electoral, la población no sabe por quién va a votar,
no conoce los nombres de los candidatos, no sabe qué proponen
ni qué van a hacer. En tales casos, lo que prevalece es el voto
duro, el cual, pronostican, se va a expresar mucho en los próximos
comicios.
Con arreglo a este fenómeno, estiman que la distribución
de diputados por mayoría relativa podría quedar como sigue:
el PAN pasará de 65 en 1997 a 142 en el 2000 y a 94 en 2003.
El PRI de 164 en 1997 a 132 en 2000 y a 138 en 2003; mientras que el
PRD tendrá 70, 26 y 59 respectivamente.
Maestro en Demografía por El Colegio de México y en Sociología
por la Universidad de Cornell (Nueva York), Agustín Porras sostiene
que no son las campañas ni el marketing político lo que
influye en la participación y en las preferencias políticas
de la población, sino el desarrollo desigual y desequilibrado
del país, por lo que se trata de un asunto estructural. “Ahí
está la clave”, afirma.
La
disputa por los distritos
El punto de partida de la contienda electoral en curso es una cerrada
competencia entre el PRI y el PAN en 141 de los 300 distritos uninominales
en los que el próximo 6 de julio se elegirán diputados
de mayoría, lo que significa que los resultados en esos distritos
serán cruciales para la transición política en
México, de acuerdo con el estudio “La Contienda por los
Distritos de Mayoría en el 2003”, de la doctora María
Eugenia Valdés Vega, profesora-investigadora de nuestra Institución.
De esos 141 distritos en disputa, 89 (29.67%) podrían denominarse
panistas, pues en ellos este partido obtuvo promedios porcentuales mayores
a los del PRI en las dos últimas elecciones federales y se localizan
en los estados de Puebla, Guanajuato, Jalisco, Baja California, Nuevo
León y Estado de México, el cual concentra la mayor cantidad
de distritos de este tipo (22). Adicionalmente disputa con el PRI otros
52 distritos (17.33%), en los cuales, aun cuando no alcanza a ganar,
obtuvo un porcentaje promedio superior a 30% de los votos y es el segundo
partido casi sin ninguna otra opción frente al priismo.
El PRI, en tanto, tendría asegurado el triunfo en 89 distritos
federales uninominales que representan 29.67% de los 300 en que se divide
el país, si se toma en cuenta que en 32 de ellos (10.67%) —ubicados
en 12 entidades de la república, entre las que figuran cuatro
de las más marginales— conserva un promedio de votación
mayor de 50%, y en los otros 57 (19%) se enfrenta a una oposición
panista y perredista muy dividida, y cuenta con alrededor de 45% de
los votos.
Adicionalmente, este partido podría obtener ventaja en otros
29 distritos en los que compite con el PRD, por lo que sumados a los
89 que gana y a los 52 que disputa con el PAN, en total tendría
posibilidades de vencer en 170 distritos (56.67%).
Declinación de preferencias
El estudio de Valdés Vega advierte, sin embargo, que en este
análisis de porcentajes promedio no toma en cuenta la declinación
de las preferencias de los electores por el PRI de una a otra elección,
lo cual resulta evidente si se observan por separado los resultados
de 1997 y 2000.
De este modo, la investigadora universitaria concluye que el PAN es
fuerte y probable ganador en 41 distritos y en 17 donde la diferencia
con el PRI es mínima (menos de tres puntos porcentuales). Si
a los 89 distritos donde gana se suman los 52 donde hasta ahora ha perdido
(141), entonces podría vencer con 47% del total.
Con base en estas estimaciones, señala que los resultados en
tales distritos serán cruciales, pues del perfil electoral que
se configure en ellos dependerá que muchas de las políticas
del gobierno federal puedan salir adelante con éxito, ya que
en este escenario el PAN alcanzaría mayoría absoluta en
la Cámara de Diputados con los escaños plurinominales.
En cuanto al PRD, es el principal contendiente del PRI en 70 distritos
y en más de la mitad de ellos lo puede vencer. El problema para
el perredismo es que su fuerza está concentrada únicamente
en el Distrito Federal, Michoacán y Guerrero.
No obstante, siempre de acuerdo con el estudio, en esta contienda podría
resultar usufructuario, tanto del desgaste del gobierno federal panista,
como de la crisis interna del PRI y arrebatarle votos a ambos. En particular,
se asienta, el PRD es el único con posibilidades de atraer a
los electores de las zonas más marginadas del país que
todavía votaron por el PRI en 2000 y para quienes el PAN no tiene
oferta política.
Preferencias
electorales en el D.F.
De acuerdo con un sondeo realizado del 13 al 16 de junio a una
muestra de 480 habitantes de las 16 delegaciones del D.F. —confiabilidad
de 80%— el Gabinete de Encuestas por Muestreo (GEM) de la UAM
revela que la intención del voto para elegir jefes delegacionales,
diputados locales y federales, el PRD supera al PAN y al PRI por casi
el doble al reunir 34.8% de las opiniones, contra 18% del PAN y 10%
del PRI.
Con estos resultados, el PRD aumenta poco más de un punto porcentual
la votación con respecto a las pasadas elecciones para jefe delegacional,
en tanto que el PAN pierde 2% y el PRI 3% respecto del mismo referente.
Esta intención del voto se correlaciona con el índice
de partido político preferido, en el que el PRD concentra 35.4%
de las simpatías; el PAN 19.6% y el PRI 11.3%.
Con el fin de identificar si la intención del voto para jefe
delegacional se basa en la filiación partidista o en el conocimiento
de las personas, se preguntó a la muestra por el nombre del candidato
del partido por el que piensan sufragar. Sólo 25.6% indicó
el nombre correcto, 8% mencionó a otra persona y 66% dijeron
no saberlo.
Conocimiento
La encuesta —presentada por la maestra María de Lourdes
Fournier y por el profesor Gonzalo Rosado Briseño— también
señala que la población capitalina evalúa con la
mejor calificación —7.8 en una escala del 1 al 10—
el trabajo del jefe de gobierno del D.F., con 6.4 el de jefe delegacional
y con 6.3 el del Presidente de la República.
El Gabinete de Encuestas por Muestreo reveló, asimismo, que los
habitantes de la capital conocen con cierta precisión las funciones
del jefe delegacional y le demandan —lo mismo en el caso de asambleístas
y diputados— más trabajo en seguridad pública, acciones
de vigilancia y honestidad.

Del total de la muestra, 84% fue capaz de mencionar una primera actividad
de la jefatura delegacional; 79% mencionaron una segunda y 66% lograron
señalar una tercera.
En cambio, aunque tienen idea de las actividades de asambleístas,
ésta es menos precisa que la que poseen sobre la de los delegados.
Acerca de los diputados federales, los entrevistados saben un poco menos,
pero mantienen su demanda de que sean honestos.
La encuesta fue aplicada por el GEM como parte del Taller de Matemáticas
del Tronco Divisional de Ciencias Sociales. En ella participaron académicos
y estudiantes de los grupos SC03 y SC13. Se realizó con el método
de muestreo no proporcional por cuotas para las 16 delegaciones, en
las que se aplicaron 30 cuestionarios en cada una. / Jaime Rosales Domínguez,
Teresa Cedillo Nolasco |