Comunidades

 Semanario de la UAM

30 de junio de 2003

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Tasas de mayor abstencionismo
en los estados más marginados

LAS ELECCIONES FEDERALES intermedias del próximo domingo 6 de julio podrían estar señaladas por tres factores: abstencionismo, la disputa PRI-PAN por la mayoría en los 300 distritos uninominales del país y el dominio del PRD en la Ciudad de México.

Así lo señalan tres estudios realizados por profesores-investigadores de nuestra Casa de estudios quienes, sensibles a los acontecimientos que concentran la atención de vastos sectores de nuestra sociedad, contribuyen con sus análisis a la interpretación y mejor comprensión de los fenómenos políticos contemporáneos, cruciales para el futuro de la llamada transición democrática.



De acuerdo con el maestro Agustín Porras Macías, profesor-investigador del Departamento de Relaciones Sociales de nuestra Universidad, el abstencionismo en los próximos comicios podría alcanzar un rango de 48 a 53% y añade que aun si se situara en el piso mínimo se trataría de una tasa récord que implicaría una participación de sólo 52%, cinco puntos porcentuales menor a la registrada en la elección de 1997, que también fue intermedia (se realizan a la mitad del sexenio en curso).

Ambiente de descalificación

En el estudio “La Participación Política y el Perfil Partidista en México en Distintos Contextos de Desarrollo Socioeconómico”, que prepara junto con el maestro David López Cárdenas, del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), Porras Macías estima que el actual ambiente de descalificación a las campañas electorales de los partidos podría hacer bajar la participación algunos puntos porcentuales, aunque no más de 48%.

Con base en los resultados de los comicios de 1997 y 2000 los investigadores universitarios encuentran que existe una estrecha relación entre la participación política y las condiciones de desarrollo de las entidades, de modo que las tasas de mayor abstencionismo se registran en los estados más marginados del país y con menor nivel de desarrollo, como Chiapas, Guerrero y Oaxaca.



Datos del año 2000 confirman esta tendencia, pues con una tasa de abstencionismo de sólo 36.77% para todo el país, en esas entidades se registraron 49% (Chiapas), 47% (Guerrero) y 43% (Oaxaca). Y aún se elevan más en municipios como Tapachula (45%) y Ocosingo (53%).
En sentido inverso, los estados con menor tasa de abstencionismo son los más ricos. El Distrito Federal registró en 1997 la tasa de abstencionismo más baja del país (33%) y bajó en el 2000 a 30%. En este último año, Colima presentó sólo 35%, Guanajuato 33%, Jalisco y el Estado de México 32% y Yucatán 29%.

Voto duro

En otro orden, Porras Macías y López Cárdenas aseguran que sin la figura del “voto útil” es previsible que el próximo 6 de julio disminuyan las preferencias hacia el PAN, en tanto que pronostican un aumento importante en la votación por el PRD y señalan que el PRI mantendrá su fuerza política.

Este instituto político —sostienen— conserva una mayor solidez que la del PAN y en un contexto de baja participación electoral, previsible en estos comicios, el voto que predomina es un voto muy estructural.

En elecciones intermedias, en las que la contienda es a nivel de distrito electoral, la población no sabe por quién va a votar, no conoce los nombres de los candidatos, no sabe qué proponen ni qué van a hacer. En tales casos, lo que prevalece es el voto duro, el cual, pronostican, se va a expresar mucho en los próximos comicios.

Con arreglo a este fenómeno, estiman que la distribución de diputados por mayoría relativa podría quedar como sigue: el PAN pasará de 65 en 1997 a 142 en el 2000 y a 94 en 2003. El PRI de 164 en 1997 a 132 en 2000 y a 138 en 2003; mientras que el PRD tendrá 70, 26 y 59 respectivamente.

Maestro en Demografía por El Colegio de México y en Sociología por la Universidad de Cornell (Nueva York), Agustín Porras sostiene que no son las campañas ni el marketing político lo que influye en la participación y en las preferencias políticas de la población, sino el desarrollo desigual y desequilibrado del país, por lo que se trata de un asunto estructural. “Ahí está la clave”, afirma.

La disputa por los distritos


El punto de partida de la contienda electoral en curso es una cerrada competencia entre el PRI y el PAN en 141 de los 300 distritos uninominales en los que el próximo 6 de julio se elegirán diputados de mayoría, lo que significa que los resultados en esos distritos serán cruciales para la transición política en México, de acuerdo con el estudio “La Contienda por los Distritos de Mayoría en el 2003”, de la doctora María Eugenia Valdés Vega, profesora-investigadora de nuestra Institución.

De esos 141 distritos en disputa, 89 (29.67%) podrían denominarse panistas, pues en ellos este partido obtuvo promedios porcentuales mayores a los del PRI en las dos últimas elecciones federales y se localizan en los estados de Puebla, Guanajuato, Jalisco, Baja California, Nuevo León y Estado de México, el cual concentra la mayor cantidad de distritos de este tipo (22). Adicionalmente disputa con el PRI otros 52 distritos (17.33%), en los cuales, aun cuando no alcanza a ganar, obtuvo un porcentaje promedio superior a 30% de los votos y es el segundo partido casi sin ninguna otra opción frente al priismo.



El PRI, en tanto, tendría asegurado el triunfo en 89 distritos federales uninominales que representan 29.67% de los 300 en que se divide el país, si se toma en cuenta que en 32 de ellos (10.67%) —ubicados en 12 entidades de la república, entre las que figuran cuatro de las más marginales— conserva un promedio de votación mayor de 50%, y en los otros 57 (19%) se enfrenta a una oposición panista y perredista muy dividida, y cuenta con alrededor de 45% de los votos.

Adicionalmente, este partido podría obtener ventaja en otros 29 distritos en los que compite con el PRD, por lo que sumados a los 89 que gana y a los 52 que disputa con el PAN, en total tendría posibilidades de vencer en 170 distritos (56.67%).

Declinación de preferencias


El estudio de Valdés Vega advierte, sin embargo, que en este análisis de porcentajes promedio no toma en cuenta la declinación de las preferencias de los electores por el PRI de una a otra elección, lo cual resulta evidente si se observan por separado los resultados de 1997 y 2000.

De este modo, la investigadora universitaria concluye que el PAN es fuerte y probable ganador en 41 distritos y en 17 donde la diferencia con el PRI es mínima (menos de tres puntos porcentuales). Si a los 89 distritos donde gana se suman los 52 donde hasta ahora ha perdido (141), entonces podría vencer con 47% del total.



Con base en estas estimaciones, señala que los resultados en tales distritos serán cruciales, pues del perfil electoral que se configure en ellos dependerá que muchas de las políticas del gobierno federal puedan salir adelante con éxito, ya que en este escenario el PAN alcanzaría mayoría absoluta en la Cámara de Diputados con los escaños plurinominales.

En cuanto al PRD, es el principal contendiente del PRI en 70 distritos y en más de la mitad de ellos lo puede vencer. El problema para el perredismo es que su fuerza está concentrada únicamente en el Distrito Federal, Michoacán y Guerrero.

No obstante, siempre de acuerdo con el estudio, en esta contienda podría resultar usufructuario, tanto del desgaste del gobierno federal panista, como de la crisis interna del PRI y arrebatarle votos a ambos. En particular, se asienta, el PRD es el único con posibilidades de atraer a los electores de las zonas más marginadas del país que todavía votaron por el PRI en 2000 y para quienes el PAN no tiene oferta política.

Preferencias electorales en el D.F.


De acuerdo con un sondeo realizado del 13 al 16 de junio a una muestra de 480 habitantes de las 16 delegaciones del D.F. —confiabilidad de 80%— el Gabinete de Encuestas por Muestreo (GEM) de la UAM revela que la intención del voto para elegir jefes delegacionales, diputados locales y federales, el PRD supera al PAN y al PRI por casi el doble al reunir 34.8% de las opiniones, contra 18% del PAN y 10% del PRI.

Con estos resultados, el PRD aumenta poco más de un punto porcentual la votación con respecto a las pasadas elecciones para jefe delegacional, en tanto que el PAN pierde 2% y el PRI 3% respecto del mismo referente.



Esta intención del voto se correlaciona con el índice de partido político preferido, en el que el PRD concentra 35.4% de las simpatías; el PAN 19.6% y el PRI 11.3%.

Con el fin de identificar si la intención del voto para jefe delegacional se basa en la filiación partidista o en el conocimiento de las personas, se preguntó a la muestra por el nombre del candidato del partido por el que piensan sufragar. Sólo 25.6% indicó el nombre correcto, 8% mencionó a otra persona y 66% dijeron no saberlo.

Conocimiento

La encuesta —presentada por la maestra María de Lourdes Fournier y por el profesor Gonzalo Rosado Briseño— también señala que la población capitalina evalúa con la mejor calificación —7.8 en una escala del 1 al 10— el trabajo del jefe de gobierno del D.F., con 6.4 el de jefe delegacional y con 6.3 el del Presidente de la República.

El Gabinete de Encuestas por Muestreo reveló, asimismo, que los habitantes de la capital conocen con cierta precisión las funciones del jefe delegacional y le demandan —lo mismo en el caso de asambleístas y diputados— más trabajo en seguridad pública, acciones de vigilancia y honestidad.



Del total de la muestra, 84% fue capaz de mencionar una primera actividad de la jefatura delegacional; 79% mencionaron una segunda y 66% lograron señalar una tercera.

En cambio, aunque tienen idea de las actividades de asambleístas, ésta es menos precisa que la que poseen sobre la de los delegados. Acerca de los diputados federales, los entrevistados saben un poco menos, pero mantienen su demanda de que sean honestos.

La encuesta fue aplicada por el GEM como parte del Taller de Matemáticas del Tronco Divisional de Ciencias Sociales. En ella participaron académicos y estudiantes de los grupos SC03 y SC13. Se realizó con el método de muestreo no proporcional por cuotas para las 16 delegaciones, en las que se aplicaron 30 cuestionarios en cada una. / Jaime Rosales Domínguez, Teresa Cedillo Nolasco

 

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