El Guggenheim, la barca
de Puerto Bilbao
TOMÁS GÓMEZ ROBLEDO, apasionado
de las embarcaciones a las que ha convertido en uno de los temas centrales de su obra, se refiere al Museo Guggenheim
de Bilbao (Frank O. Gehry, 1997) como una gran barca, cuyos elementos arquitectónicos “se inspiraron en
las corrientes plásticas de principios del siglo XX, entre ellos el cubismo y el futurismo”, para hacer
de este espacio “una obra escultórica, símbolo de la actual centuria, en la medida en que lo fuera
la Torre Eiffel para la anterior”.
A este gran museo/buque ha dedicado su trabajo de los últimos cuatro años, pero más en su
visión segunda, de manera tal que su interés iconográfico sustituye y desplaza el fin museístico
de la mole.
Rotundo, fantasmal, en sus acrí-licos el barco concentra el trazo gestual que caracteriza la obra de Gómez
Robledo, quien reconoce abiertamente el influjo de su maestro y “gurú” Gilberto Aceves Navarro.
Las piezas en términos generales son monocromáticas y en aquellas donde asoman ciertas variaciones
e inserciones de color se enfatizan fenómenos espaciales como espectros y sombras. Explica el autor que
esto obedece a su interés por los efectos “tonales” en su trabajo.
De esta serie reunió 15 trabajos realizados entre 1999 y 2001, la mayor parte inéditos y de gran
formato, para integrar la muestra Puerto Bilbao.
Llama la atención que, hasta el momento, Gómez Robledo no conozca de primera mano el Museo diseñado
por Frank O. Gehry. Sin embargo, el también becario del Sistema Nacional de Creadores del Fondo Nacional
Para la Cultura y las Artes, confiesa su “fascinación plástica por una obra que formalmente representa
un buque que es una escultura que contiene elementos cubistas de Picasso y del futurismo italiano”.
Volcanes:
del minimalismo plástico
a la elocuencia pictórica
LA EXPOSICIÓN VOLCANES, de Vicent Marco
Puig (Valencia, España, 1956), plásticamente constituye un corpus minimalista, donde el leitmotiv
se presenta a manera de continuum capaz de transfigurarse a partir de las ilimitadas variaciones pictóricas
que expone su autor.
Juego o divertimento, en este trabajo el artista se propuso “reflejar, a través de la pintura al óleo,
los diversos recursos usados por las artes gráficas”. Líneas, tipografía, texturas, síntesis
conceptual, multiplicidad cromática, movimiento e incluso la reproducción del formato original de
la estampa, todos ellos elementos propios de la gráfica, son representados únicamente mediante procedimientos
pictóricos.
En la obra de Marco Puig la paráfrasis se convierte en vehículo para refrendar la vigencia de la
pintura y de sus géneros tradicionales, como el paisaje, el bodegón y el retrato.
“Volcanes –explica– forma parte de un gran proyecto titulado Guiños y, en este caso, sólo se incluyeron
40 piezas de la primera serie, en la que me encuentro trabajando, dedicada a los paisajistas mexicanos del siglo
XIX”.
Más que un ejercicio, su obra se presenta como un ensayo en el que “reflexiona sobre los lenguajes plásticos
provenientes de distintos medios, haciendo que dialoguen entre sí, como si se tratara de un collage”.
Entre los diversos elementos que despliega en cada cuadro, a Vicent Marco le interesa particularmente el sentido
del movimiento. Las erupciones cromáticas se tornan en fumarolas y ventanas humeantes que evocan imágenes
“caprichosas” y cercanas al espectador, lo mismo que el entorno natural donde se levantan los volcanes, desde paisajes
bucólicos hasta abstracciones urbanas.
Habría que decir que dicha empatía se logra por una lúdica reminiscencia hacia los populares
calendarios de volcanes, prácticamente en extinción y que se vendían en los puestos de periódicos.
/ Estrella Olvera
La pintura como acto
irrepetible
INTERESADA POR EXPLORAR y profundizar su conocimiento
de la pintura en tinta china, así como el uso del pincel japonés, Claudia Politi fue a parar a un
monasterio Zen neoyorkino, como el único lugar donde sus intereses podrían ser correspondidos.
Son muchas las experiencias que se desprendieron de lo que Politi vivió como un descubrimiento, especialmente
en lo que se refiere a su obra plástica de hace cuatro o cinco años. “Tómalo como filosofía
o religión, pero lo que ahí aprendí se apega en mucho a la idea que tengo sobre la pintura;
es decir, el acto de pintar como un momento irrepetible, en el que se concentra todo, cuando uno se vuelve uno
con el pincel”.
De ahí que, cuando Claudia Politi dice: “al pintar, me atengo mucho al momento”, su trabajo esté
imbuido por los minuciosos detalles descifrados durante el proceso y que afloren en el resultado final. Así,
la pintura, como un acto irrepetible, es concebida por la autora como un modo de estar y de ser en el mundo.
Ese caracter fugaz, del instante, se convierte en medio y mensaje en sus monotipos reunidos con el título
Como espuma, mismo que alude a la inasible materia que les dio forma. Se trata de 22 piezas realizadas de 2000
a 2003, tomadas de follajes, plantas y flores, algunas de ellas procedentes de Santo Domingo Ocotlán, en
el estado de Morelos, y otras del Distrito Federal.
En Como espuma, su obra tiene una dimensión figurativa y otra abstracta. “Cuando las junté, descubrí
que expresaba mi totalidad”. El azar y lo imprevisible son elementos constantes en su trabajo, los cuales obtiene
a través de la técnica. Politi recurrió, en un principio, al monotipo clásico; sin
embargo, en su obra presente ha variado este procedimiento, por las diversas superposiciones entre la pintura y
el papel de arroz que producen transparencias y una calidad más pictórica.
|