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Recibe Oliveira Vera-Cruz premio
a la investigación científica y tecnológica
UNA DE LAS razones por las cuales la apertura
económica llevó a la quiebra a un gran número de empresas mexicanas, fue suponer que al impulsar
el cambio macroeconómico, las firmas responderían de manera casi automática a las nuevas exigencias,
cuando en realidad éstas siguieron un proceso de innovación paulatino.
Así lo manifestó el doctor José Alexandre Oliveira Vera-Cruz, investigador de nuestra Universidad,
quien obtuvo el segundo lugar en la categoría de Tesis Terminal del Premio “CIDE 2002 a la investigación
científica y tecnológica”.
El coordinador de la maestría en Economía y Gestión del Cambio Tecnológico de esta
Casa de estudios estableció que de haberse impulsado políticas para propiciar una trayectoria de
apertura más lenta y con apoyos que permitieran transitar de una fase de protección a una de mayor
competencia, muchas empresas habrían sobrevivido y conformado un tejido industrial más fuerte que
el actual.
Explicó que los procesos de innovación
en las empresas no son automáticos, pues tienen que ver con su cultura y capacidades tecnológicas.
Necesitan tiempo para adecuarse a las nuevas condiciones y si no se les da, “se mata a la empresa”, como finalmente
sucedió.
Cultura de la empresa
Al referirse a la tesis con la cual obtuvo el grado de doctor por la Universidad de Sussex, Inglaterra, y que le
hizo merecedor del segundo lugar del premio que otorga el Centro de Investigación y Docencia Económicas
(CIDE), señaló que su propuesta consiste en “hacer dialogar” dos teorías “que siempre están
presentes cuando se habla de empresas, pero que rara vez se les ve conversando”.
Una es la del aprendizaje y acumulación de capacidades tecnológicas y otra la referente a la cultura
de la firma. A partir del puente establecido entre estas dos teorías, apuntó, es posible analizar
el tema de la apertura económica.
La tesis del investigador es mostrar que la cultura de la firma representa un importante elemento en la definición
de los procesos de aprendizaje tecnológico, pues las trayectorias de acumulación y aprendizaje están
fuertemente influidas por la historia, las tradiciones y, en general, la cultura de la empresa.
No competencia
Puntualizó que para las empresas es fundamental tener trayectorias “incrementales” de innovaciones (aquellas
que se llevan a cabo de manera paulatina), más que de carácter radical, pues “una empresa es innovadora
no porque lanza productos nuevos, sino porque es capaz de hacer el mismo producto aplicando pequeñas, pero
continuas mejoras de transformación en sus procesos, lo que a largo plazo implica incrementos de rentabilidad
y ganancia.
En México no existe la cultura de “innovaciones incrementales”, aseguró, no hay preocupación
por cómo hacer mejor el producto, bajarlo de precio, y atender mejor al cliente, entre otros elementos.
Esto se debe a que las empresas provienen de una tradición y hábitos de no competencia.
Precisó que el problema de nuestro país en el terreno de políticas de apoyo al desarrollo
tecnológico consiste en la falta de profesionalización de quienes dirigen los organismos encargados
de esa función, lo cual impide dar continuidad a los procesos para generar conocimiento profundo respecto
de los problemas de las empresas.
La política de ciencia y tecnología se complica por los cambios frecuentes de rumbo, la inconsistencia,
el movimiento de funcionarios medios —que necesitan formarse— la manía de llegar y hacer todo diferente,
así como la falta de consulta a los investigadores, aseguró. / Teresa Cedillo
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