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Eduardo Piña Garza, el valor
de la tolerancia y la libertad
CON 40 AÑOS entregados a la docencia y
casi 30 en nuestra Casa de estudios, el doctor Eduardo Piña Garza, Profesor Distinguido de la UAM, se siente
satisfecho, pero adelanta que aun tiene tantos proyectos que no le alcanzará el tiempo para desarrollarlos
todos, aunque confía en escribir tres libros sobre Mecánica, Dinámica de Fluidos y Matemáticas.
En entrevista con el Semanario de la UAM, el profesor-investigador del Departamento de Física —quien el
pasado 6 de marzo fue homenajeado por la Revista Mexicana de Física, en una ceremonia realizada en nuestra
Universidad—, resaltó que la actividad más relevante de un científico es publicar ideas innovadoras,
las cuales llegan en momentos inesperados, que se deben aprovechar.
Llama la atención el espacio en que trabaja porque
está decorado con una gran fotografía de Sofía Kovaleskaya, una de las matemáticas
más importantes en el ámbito internacional; un mecano, que data de su infancia; así como el
cartel de un astrolabio de Chapultepec, y un reloj, producto de su inventiva.
El origen
Como pasiones reconoce la impartición de la docencia, la resolución de problemas matemáticos
relacionados con la Física, y el estudio de la historia de los relojes en México, lo que incluye
la afición por el armado y compostura de estas complejas maquinarias.
Recuerda que su familia le brindó las condiciones para desarrollarse como persona y científico destacado.
Su madre, Rosa María Garza Fernández, se dedicó al cuidado de sus 10 hijos, y su padre, José
Piña y Stein, fue uno de los abogados laborales más reconocidos en México en la década
de los treinta, ya que fue apoderado legal del sindicato petrolero durante el conflicto con las compañías
extranjeras.
En su rostro asoma una sonrisa que contrasta con un gesto solemne, al comentar que la mayor herencia paterna fueron
amor, honestidad, educación y perfección en el conocimiento, así como la entrega al trabajo,
“para mi padre, después del primer lugar todos eran iguales”.
Las influencias
No olvida a sus profesores, los doctores Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química, y Radu Balescu, maestro
distinguido en Europa en el campo de la Física y especialista en plasmas, ambos de la Universidad Libre
de Bruselas, quienes, además de los saberes propios de las aulas, le mostraron otros caminos determinantes
para su formación.
“Los profesores Prigogine y Radu insistían en que escribiéramos libros, leyéramos literatura
moderna y actualizáramos nuestros conocimientos. Con sus enseñanzas aumentó mi gusto por el
Arte, la Música, la Arqueología, y aprendí que la tolerancia es un aspecto importante para
vivir”.
El doctor Piña Garza, quien ha escrito cinco libros, 83 artículos de investigación, 10 artículos
de enseñanza y 9 de divulgación, no se conforma con la transmisión de los conocimientos relacionados
con la Física en las aulas, sino que además enseña a sus alumnos aspectos vinculados con la
historia de México y el desarrollo de la Ciencia, al describir los momentos por los que pasaba el país,
mientras se generaban los saberes.
La vocación
El Profesor Distinguido cuenta que durante su niñez y adolescencia
siempre estuvo rodeado de elementos que desarrollaron su vocación.
A los 10 años se divertía realizando experimentos con
su juego de química y construyendo diversos objetos con el mecano,
ese que aún conserva en su cubículo del edificio Carlos
Graef, en la Unidad Iztapalapa.
Destaca que sus hermanos mayores también influyeron en su formación científica. Uno de ellos
se interesaba en las ciencias biológicas y el otro, en la Ingeniería. “A José le decíamos
el genio porque podía componer el radio, hacer arcos voltaicos y provocar explosiones”, señala el
investigador.
El autor de Los relojes en México, libro editado en el marco del XX Aniversario de la UAM, explica que su
afición por estas maquinarias complejas surgió cuando tenía 14 años, en un día
en que desarmó y reconstruyó a gran velocidad un reloj de mesa marca Ansonia, propiedad de su padre.
La formación
Uno de los momentos clave en su formación se presentó cuando cursó el Doctorado en Ciencias,
en la Universidad Libre de Bruselas, la cual tenía como principio el libre pensamiento. “Esto me ayudó
a la liberación de mi mente, no puedo decir que suprimí todos mis prejuicios, pero sí aprendí
lo valioso de la tolerancia y la libertad”.
Puntualiza que fueron tiempos de mucho estudio y felicidad. Estaba recién casado con la bióloga Guadalupe
Cabello Pinchetti, y en esa nación procreó a tres de sus seis hijos.
Al regresar a México, comenta, su trayectoria laboral inició en el Instituto Politécnico Nacional
y el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares. En este último trabajó con un pequeño
grupo de científicos en la resolución de problemas matemáticos relacionados con la Física
Estadística.
Entre sus contribuciones en esa época destacan las publicaciones de aspectos vinculados con la Física
Estadística Relativista, que desa-rrolló en Bruselas, y del estudio matemático para la fabricación
de los cascarones paraboloides hiperbólicos —superficies que sirven de techo para construcciones de iglesias,
restau-rantes y fábricas—, que realizó antes de irse al doctorado.
Durante siete años se dedicó a la Física Estadística, Termodinámica y Termofísica,
en el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), donde resolvió, junto con otros investigadores, algunos
problemas de la Teoría Cinética, en el caso de gases con densidades moderadas, lo cual tuvo un impacto
internacional. Fueron los pioneros en la solución de estudios de las mezclas de gases densos, útiles
como conocimiento básico en la industria y la ingeniería químicas.
La labor
Su tiempo en la UAM inició en 1974, como profesor fundador de la Unidad Azcapotzalco, donde participó
en el diseño del Tronco General de Asignaturas de las licenciaturas relacionadas con la División
de Ciencias Básicas e Ingeniería (CBI), en la elaboración de los programas de estudio de la
carrera de Ingeniería Física y en el equipamiento de los laboratorios, así como en la adquisición
de los libros para la biblioteca.
Su paso a la Unidad Iztapalapa se produjo al ser postulado director de CBI. Una de sus responsabilidades en ese
cargo fue la contratación de los ingenieros (químicos, biomédicos, eléctricos) para
las carreras, ya que al principio sólo se contaba con físicos, químicos y matemáticos
para el primero y segundo años.
Sus horas dedicadas a la docencia y la investigación las combina con la lectura de libros de Física
y de Historia (pocas novelas), ir al cine, convivir con la familia, cuidar a los nietos y “perder el tiempo”, como
él le llama a las horas de descanso.
A la ceremonia realizada en su honor —la cual tuvo como marco el 50 aniversario de la Revista Mexicana de Física,
de la que el doctor Piña Garza fue director—, acudieron los doctores Luis Mier y Terán Casanueva,
rector general de nuestra Casa de estudios; José Lema Labadie, rector de la Unidad Iztapalapa; Héctor
Murrieta Sánchez, presidente de la Sociedad Mexicana de Física, y Alipio Calles Martínez,
director de la Revista. / Rosario Valdez
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