Perspectiva

Semanario de la UAM

24 de marzo de 2003

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Eduardo Piña Garza, el valor
de la tolerancia y la libertad

CON 40 AÑOS entregados a la docencia y casi 30 en nuestra Casa de estudios, el doctor Eduardo Piña Garza, Profesor Distinguido de la UAM, se siente satisfecho, pero adelanta que aun tiene tantos proyectos que no le alcanzará el tiempo para desarrollarlos todos, aunque confía en escribir tres libros sobre Mecánica, Dinámica de Fluidos y Matemáticas.

En entrevista con el Semanario de la UAM, el profesor-investigador del Departamento de Física —quien el pasado 6 de marzo fue homenajeado por la Revista Mexicana de Física, en una ceremonia realizada en nuestra Universidad—, resaltó que la actividad más relevante de un científico es publicar ideas innovadoras, las cuales llegan en momentos inesperados, que se deben aprovechar.

Llama la atención el espacio en que trabaja porque está decorado con una gran fotografía de Sofía Kovaleskaya, una de las matemáticas más importantes en el ámbito internacional; un mecano, que data de su infancia; así como el cartel de un astrolabio de Chapultepec, y un reloj, producto de su inventiva.

El origen

Como pasiones reconoce la impartición de la docencia, la resolución de problemas matemáticos relacionados con la Física, y el estudio de la historia de los relojes en México, lo que incluye la afición por el armado y compostura de estas complejas maquinarias.

Recuerda que su familia le brindó las condiciones para desarrollarse como persona y científico destacado. Su madre, Rosa María Garza Fernández, se dedicó al cuidado de sus 10 hijos, y su padre, José Piña y Stein, fue uno de los abogados laborales más reconocidos en México en la década de los treinta, ya que fue apoderado legal del sindicato petrolero durante el conflicto con las compañías extranjeras.

En su rostro asoma una sonrisa que contrasta con un gesto solemne, al comentar que la mayor herencia paterna fueron amor, honestidad, educación y perfección en el conocimiento, así como la entrega al trabajo, “para mi padre, después del primer lugar todos eran iguales”.

Las influencias

No olvida a sus profesores, los doctores Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química, y Radu Balescu, maestro distinguido en Europa en el campo de la Física y especialista en plasmas, ambos de la Universidad Libre de Bruselas, quienes, además de los saberes propios de las aulas, le mostraron otros caminos determinantes para su formación.

“Los profesores Prigogine y Radu insistían en que escribiéramos libros, leyéramos literatura moderna y actualizáramos nuestros conocimientos. Con sus enseñanzas aumentó mi gusto por el Arte, la Música, la Arqueología, y aprendí que la tolerancia es un aspecto importante para vivir”.

El doctor Piña Garza, quien ha escrito cinco libros, 83 artículos de investigación, 10 artículos de enseñanza y 9 de divulgación, no se conforma con la transmisión de los conocimientos relacionados con la Física en las aulas, sino que además enseña a sus alumnos aspectos vinculados con la historia de México y el desarrollo de la Ciencia, al describir los momentos por los que pasaba el país, mientras se generaban los saberes.

La vocación

El Profesor Distinguido cuenta que durante su niñez y adolescencia siempre estuvo rodeado de elementos que desarrollaron su vocación. A los 10 años se divertía realizando experimentos con su juego de química y construyendo diversos objetos con el mecano, ese que aún conserva en su cubículo del edificio Carlos Graef, en la Unidad Iztapalapa.

Destaca que sus hermanos mayores también influyeron en su formación científica. Uno de ellos se interesaba en las ciencias biológicas y el otro, en la Ingeniería. “A José le decíamos el genio porque podía componer el radio, hacer arcos voltaicos y provocar explosiones”, señala el investigador.

El autor de Los relojes en México, libro editado en el marco del XX Aniversario de la UAM, explica que su afición por estas maquinarias complejas surgió cuando tenía 14 años, en un día en que desarmó y reconstruyó a gran velocidad un reloj de mesa marca Ansonia, propiedad de su padre.

La formación

Uno de los momentos clave en su formación se presentó cuando cursó el Doctorado en Ciencias, en la Universidad Libre de Bruselas, la cual tenía como principio el libre pensamiento. “Esto me ayudó a la liberación de mi mente, no puedo decir que suprimí todos mis prejuicios, pero sí aprendí lo valioso de la tolerancia y la libertad”.

Puntualiza que fueron tiempos de mucho estudio y felicidad. Estaba recién casado con la bióloga Guadalupe Cabello Pinchetti, y en esa nación procreó a tres de sus seis hijos.

Al regresar a México, comenta, su trayectoria laboral inició en el Instituto Politécnico Nacional y el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares. En este último trabajó con un pequeño grupo de científicos en la resolución de problemas matemáticos relacionados con la Física Estadística.

Entre sus contribuciones en esa época destacan las publicaciones de aspectos vinculados con la Física Estadística Relativista, que desa-rrolló en Bruselas, y del estudio matemático para la fabricación de los cascarones paraboloides hiperbólicos —superficies que sirven de techo para construcciones de iglesias, restau-rantes y fábricas—, que realizó antes de irse al doctorado.

Durante siete años se dedicó a la Física Estadística, Termodinámica y Termofísica, en el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), donde resolvió, junto con otros investigadores, algunos problemas de la Teoría Cinética, en el caso de gases con densidades moderadas, lo cual tuvo un impacto internacional. Fueron los pioneros en la solución de estudios de las mezclas de gases densos, útiles como conocimiento básico en la industria y la ingeniería químicas.

La labor

Su tiempo en la UAM inició en 1974, como profesor fundador de la Unidad Azcapotzalco, donde participó en el diseño del Tronco General de Asignaturas de las licenciaturas relacionadas con la División de Ciencias Básicas e Ingeniería (CBI), en la elaboración de los programas de estudio de la carrera de Ingeniería Física y en el equipamiento de los laboratorios, así como en la adquisición de los libros para la biblioteca.

Su paso a la Unidad Iztapalapa se produjo al ser postulado director de CBI. Una de sus responsabilidades en ese cargo fue la contratación de los ingenieros (químicos, biomédicos, eléctricos) para las carreras, ya que al principio sólo se contaba con físicos, químicos y matemáticos para el primero y segundo años.

Sus horas dedicadas a la docencia y la investigación las combina con la lectura de libros de Física y de Historia (pocas novelas), ir al cine, convivir con la familia, cuidar a los nietos y “perder el tiempo”, como él le llama a las horas de descanso.

A la ceremonia realizada en su honor —la cual tuvo como marco el 50 aniversario de la Revista Mexicana de Física, de la que el doctor Piña Garza fue director—, acudieron los doctores Luis Mier y Terán Casanueva, rector general de nuestra Casa de estudios; José Lema Labadie, rector de la Unidad Iztapalapa; Héctor Murrieta Sánchez, presidente de la Sociedad Mexicana de Física, y Alipio Calles Martínez, director de la Revista. / Rosario Valdez

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