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Desarrollan sensor que mide daños
intestinales de pacientes en shock
CON UNA INVERSIÓN inicial de casi 7 millones
de pesos, aportados por el Conacyt y la iniciativa privada, investigadores de nuestra Universidad y la empresa
Innovamédica desarrollaron un sensor —primero en el ámbito internacional— que mide directamente el
daño en la pared gastrointestinal de pacientes en shock.
El doctor Emilio Sacristán Rock, coordinador del equipo de trabajo a cargo del proyecto, informó
que cerca de 85 por ciento de los pacientes que fallecen en terapia intensiva presentan una isquemia intestinal,
producto de daños en el intestino por falta de oxígeno. Con esta innovación tecnológica,
los médicos podrán determinar el estado exacto de este órgano para brindarle la atención
médica oportuna.
Sobre la importancia del aparato, que este año será probado clínicamente en pacientes, el
doctor Sacristán Rock, profesor del Área de Ingeniería Biomédica de esta Institución,
informó que cuando los pacientes están en situación crítica, es decir, con sus funciones
vitales en desorden, no se tiene la seguridad de que se puedan mantener vivas todas sus células, ya sea
por falta de oxígeno o de sangre.
Carencia de oxígeno
El especialista en instrumentación biomédica destacó que uno de los primeros tejidos en resentir
la carencia de oxígeno es el intestino, y aunque es un órgano resistente —debido a que tiene gran
cantidad de reservas energéticas—, al igual que otros, después de un tiempo, muere por la falta del
metaloide.
Agregó que el cuerpo humano, de manera natural, compensa y se asegura de que el cerebro y el corazón
tengan el oxígeno que requieren, mientras que el último de la lista, el de menor prioridad, es el
intestino, por lo que en muchas ocasiones los daños se agudizan considerablemente.
En entrevista, el profesor-investigador del Departamento de Ingeniería Eléctrica informó que
el panorama se complica, porque cuando muere el intestino, las bacterias y toxinas presentes en él pasan
al torrente sanguíneo, infectando diferentes órganos, lo cual provoca otras reacciones que perjudican
al paciente.
Esta contaminación interna, explicó, es lo que los médicos llaman “motor de la falla orgánica
múltiple”, debido a que este descontrol origina el deterioro y disfunción simultánea de varios
órganos, lo cual representa la principal causa de muerte en pacientes de terapia intensiva.
Cuatro electrodos
Con el sensor por espectroscopia de impedancia para monitoreo de daño tisular, patentado en el extranjero,
ya no se darán las terapias sin el conocimiento adecuado del estado del intestino, que es uno de los órganos
más débiles cuando el paciente entra en shock.
De verificarse su funcionamiento en las pruebas clínicas, este aparato permitirá que los médicos
identifiquen los problemas de la mucosa gastrointestinal, apoyando una intervención más rápida
y oportuna para revertir o neutralizar los efectos negativos de la falla orgánica, sostuvo el especialista,
quien desde hace 15 años trabaja en la resolución de problemáticas médicas de los pacientes
en terapia intensiva.
El sensor está constituido por una sonda —parecida a la que se emplea para alimentar a pacientes de terapia
intensiva —, que tiene en uno de los extremos cuatro electrodos, dos inyectan una corriente eléctrica y
los otros miden el potencial de la misma; en el otro extremo presenta un cable conectado a un módulo electrónico,
encargado de enviar las corrientes a diferentes frecuencias, el cual, a su vez, está conectado a una computadora.
Esto se basa en la tecnología denominada Espectroscopia de impedancia, técnica utilizada para analizar
características eléctricas a diferentes frecuencias y que se ha desarrollado para otras aplicaciones
industriales y científicas.
Además de 30 especialistas de esta Casa abierta al tiempo, y personal de Innovamédica, también
participan en el proyecto el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez y la Universidad de
Yale. / Rosario Valdez
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