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Afectan la biodiversidad
sobreexplotación y modelo económico
LOS GRANDES PROBLEMAS de afectación a la
biodiversidad de nuestro país se deben al modelo económico y la explotación de los ecosistemas.
Un caso concreto es la tendencia en el uso del suelo, donde la ganadería ha devastado 95% del territorio
nacional, explicó el maestro Edmundo Ducoing, investigador del Departamento de Hidrobiología de nuestra
Universidad.
Al participar en la VIII Semana de Producción Agrícola y Animal, organizada del 27 al 31 de enero,
el académico afirmó que se ha producido un desplazamiento en el medio ambiente, al priorizar la producción
de especies comerciales sobre el cuidado de flora y fauna silvestre. “México exporta a Estados Unidos alrededor
de 200 mil millones de dólares anuales, en intercambio comercial de productos agrícolas; todo lo
ambiental está supeditado a lo económico”.
El año pasado, dijo, 80% de los recursos de las secretarías se gastaron en actividades no vinculadas
con proyectos ambientales. En la actualidad, el presupuesto para cuidado del ambiente es de aproximadamente 5 por
ciento.
Rezago estadístico
Para Edmundo Ducoing el problema se centra en que vivimos en el rezago, “pues mientras los países europeos
tienen años preocupados por esta temática, en México nos quedamos con la idea de que ocupábamos
uno de los primeros lugares a nivel mundial en biodiversidad. Sin embargo, dado los índices de deforestación,
contaminación y devastación, la realidad es muy distinta. Me atrevo a decir que varias especies de
flora y fauna ya no existen, y ni siquiera lo sabemos con precisión, porque los estudios están rezagados
o no se realizan”.
El biólogo y maestro en Ecología y en Evaluación de Impacto Ambiental comentó que hace
40 años había menos gente y el medio ambiente podía regenerarse, no obstante la contaminación.
Actualmente, dijo, con los sistemas de producción animal que se desarrollan en este país, la falta
de cultura ambiental y la tecnología, el deterioro es implacable.
Destacó que otro elemento fundamental de deterioro es el comercio de especies, el cual ahora es más
elaborado. “La ley de manejo ambiental, aprobada hace apenas dos años, dice que las especies deben ser controladas
por Unidades de Manejo Ambiental (UMA), así como discernir si se pueden comercializar y con qué criterios.
Sin embargo, la mayor parte de los traficantes de especies se apropia del organismo y lo lleva a la UMA sólo
para ponerle el registro y tratarlo oficialmente.
La contribución de las UMAS en la conservación aún es incipiente, ya que aunque este comercio
se puede detener, en cierta medida, al dejar de matar a los individuos de una especie, el proceso de regeneración
es largo y la tendencia de deterioro continúa, porque ya no hay hábitat, es decir, los animales ya
no tienen la misma cantidad de bosque, matorral o cualesquiera que sea su medio para desarrollarse.
Los ecosistemas tienen una capacidad de reequilibrio, pero en el caso de México, la recuperación
será a la baja, con muy pocos recursos y elementos, apuntó.
La solución, por tanto, es intensificar la producción; hay que mantener el ganado en establos pequeños,
lo cual resulta más barato y permite un mayor control para evitar enfermedades.
La crisis del campo requiere una solución integral
La maestra Rosa María Magaña Álvarez, profesora del Departamento de Economía de esta
Casa de estudios, subrayó que el Tratado de Libre Comercio (TLC) ha agudizado los problemas de los pequeños
y medianos productores del campo, provocando su salida masiva del país, aunque reconoció que el libre
comercio no generó la crisis, ya que ésta surgió a partir de 1965, con las políticas
de Estado que no impulsaron al sector.
Destacó que no basta con demandar la moratoria del capítulo agropecuario del acuerdo, sino que se
requiere una estrategia integral de mediano y largo plazos que fomente la producción del mercado interno
y externo, la reducción de la dependencia alimentaria, la reconstrucción de las cadenas productivas,
y el fortalecimiento de las organizaciones productoras rurales.
Magaña Álvarez aceptó que con el TLC se incrementó la producción en el país
(en ciertos rubros), pero que también se aumentó la dependencia comercial y alimenticia con Estados
Unidos, quedando sujetos a una mayor vulnerabilidad con respecto al mercado agropecuario.
Subsidios urgentes
El doctor Carlos González Esquivel, del Centro de Investigaciones
en Ciencias Agropecuarias de la Universidad Autónoma del Estado de México, consideró que para
reactivar al campo son impos-tergables los subsidios, los cuales no sólo consisten en apoyos directos a
la producción (dinero por hectárea sembrada), sino en asistencia técnica, infraestructura,
investigación y educación.
Una muestra del desinterés en el campo mexicano es no haber realizado en 2001 el Censo Agropecuario en México
(instrumento útil para identificar los lugares dónde deberían enfocarse los programas de desarrollo),
porque su costo, estimado en mil 800 millones de pesos, se consideró elevado.
González Esquivel subrayó que el concepto de sustentabilidad es muy utilizado por los funcionarios
mexicanos, pero en la práctica no existen políticas sustentables, por el contrario, los apoyos se
destinan a la agricultura intensiva de tipo empresarial y altamente contaminante. Por ejemplo, en el Estado de
México, el gobierno subsidia fertilizantes y pesticidas.
Además, agregó, no hay presión social para impulsar la sustentabilidad, con la cual se lograrían
alimentos de mejor calidad, reduciéndose los riesgos a la salud pública por intoxicación o
exposición a los agroquímicos o alimentos contaminados.
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Reducción de avicultores
Al ejemplificar la crisis que viven los productores en el país, indicó que el TLC ha favorecido la
concentración del sector avícola, que cuenta con 31 empresas, tres de las cuales dominan el mercado.
Añadió que Bachoco y Pilgrims, que cubren 36 y 14 por ciento del mercado, respectivamente, esperan
abarcar, en cinco años, 80 por ciento de la producción nacional.
De nada sirve, manifestó, que México ocupe el sexto lugar como productor de pollo a nivel mundial,
si los únicos beneficiarios son los grandes grupos privados –principalmente las trans-nacionales– o si sólo
han logrado sobrevivir quienes decidieron fusionarse, muestra de ello es la reducción del padrón
de avicultores de 3 mil 500 a 800 miembros.
Respecto a la porcicultura, consideró imposible que ésta sobreviva, tanto por los mitos sobre lo
dañino de la carne de cerdo (aunque los avances de la genética han logrado reducir la grasa), como
por los financiamientos que les otorgan con tasas de interés por arriba del 120 por ciento.
Importación, ¿beneficio?
El médico veterinario zootecnista Luis Fernando Villamar Angulo, director de Fomento Porcino, Avícola
y de otras especies, de la Sagarpa, aceptó que han sido elevadas las importaciones en algunos productos
y que, en parte, han afectado los procesos productivos, pero que, principalmente, han dado mayores beneficios al
abastecer nichos de mercado que la producción nacional no está en capacidad de cubrir. Tal es el
caso de las importaciones de cárnicos, que en 2002 acumularon un total de 1.3 millones de toneladas, mientras
que las exportaciones sumaron 147 mil toneladas.
Tras enfatizar que el crecimiento de las importaciones ha beneficiado al consumidor, precisó que en el país,
por ejemplo, no se producen de manera suficiente pastas de carne de ave (pollo y pavo) para la elaboración
de salchichas y mortadela, ya que la producción nacional anual es de 30 mil toneladas, siendo que se importan
150 mil.
Informó que, en 1992, 83 por ciento de la carne que se consumía en el país era nacional y
17 por ciento importada; mientras que el año pasado, 77 por ciento era producida en México y 23 por
ciento provenía del extranjero. / Alejandra Villagómez, Rosario Valdez
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