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Roberto Eibenschutz, una vida
por el desarrollo urbano
ROBERTO EIBENSCHUTZ HARTMAN nació en México
en 1939. Estudió en la Escuela Nacional de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM); se involucró directamente con los temas urbanos, que lo llevaron al desarrollo de proyectos para
instituciones como el Instituto Nacional Indigenista, el Instituto de Acción Urbana e Integración
Social, el Fondo Nacional de las Habitaciones Populares, la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y, desde
luego, la Universidad Autónoma Metropolitana. Hoy, el profesor Eibenschutz ha sido reconocido como Profesor
Distinguido de nuestra Institución.
La historia
Gracias a su currículum sabemos que sus padres son de Hungría ¿qué los condujo a
salir de su país y llegar a México?
Ellos se casaron muy jóvenes en Hungría y debido a las persecuciones que ya se comenzaban a vivir,
no sólo en Alemania, sino en toda Europa, previas a la Segunda Guerra Mundial, decidieron salir.
¿Por qué México?
Un amigo de mi papá, que estudió con él, ya se encontraba establecido aquí. Le contó
sobre las oportunidades que ofrecía el país y, como no tenían muchas opciones, decidieron
viajar a México.
¿Cuál es el ambiente intelectual, familiar y de valores que lo rodearon durante su infancia?
Mis padres fueron personas muy educadas, no tenían nada cuando llegaron a México y su esfuerzo principal
fue por integrarse al país, a la cultura y al aprendizaje del idioma; ellos decidieron que mis hermanos
y yo fuéramos a escuelas públicas, conscientes de que sus hijos fueran mexicanos y adquiriéramos
una educación como mexicanos.
¿Cómo integró las culturas húngara y mexicana?
Nunca tuve problemas con eso; siempre pensé y viví como mexicano. De hecho aprendí a hablar
el idioma húngaro hasta muchos años después, cuando mis padres trajeron a mi abuelo, que no
hablaba español. Así que fue por él que tuve más contacto con la cultura húngara.
El arquitecto
¿Qué influyó para que estudiara la licenciatura en Arquitectura?
Durante mucho tiempo pensé que iba a ser ingeniero, como mi papá, pero me resultaba más atractivo
hacer figuras con plastilina o diseños, y por eso decidí estudiar Arquitectura. Aunque al principio
no tenía mucha idea de qué se trataba, a partir del cuarto año comenzó a gustarme.
¿Hubiera cambiado de carrera?
No, aunque la he tenido abandonada para dedicarme a otros asuntos independientes de la carrera, la Arquitectura
me aporta esa parte creativa de las ideas que, después de un proceso, puedes verlas terminadas, eso es lo
que me atrae de la disciplina.
¿Cuál ha sido su concepto del tema urbano en México y cómo se ha modificado éste
durante el paso del tiempo?
Uno como joven quiere probar, crear, ayudar, ser útil, así que trabajé en el Instituto Nacional
Indigenista, pero me di cuenta de que realmente no se podía hacer nada por ese lado y decidí probar
en el problema del urbanismo. Al principio pensaba —como arquitecto— que lo urbano se reducía a construir
casas. Y no era así. Se trataba de algo más complejo, de Economía, de Política, de
organizar. Y cada vez se hace más difícil y complicado.
¿Durante 1985 usted fue subsecretario de Desarrollo Urbano, qué le dejaron, desde su experiencia
personal, los sismos?
Yo trabajé desde 1983 como director del Fondo Nacional de las Habitaciones Populares; independientemente
de que nuestra labor consistía en mejorar las viviendas de las personas con menores recursos, también
supervisábamos y manejábamos obras que se habían hecho con anterioridad, una de ellas justamente
era el edificio Nuevo León, en Tlatelolco.
Previamente a los sismos, el edificio fue remodelado y antes de septiembre de 1985 fui nombrado subsecretario de
Desarrollo. Independientemente de lo doloroso que fue el hecho de que murieran tantas personas, las críticas
y las responsabilidades cayeron sobre mí, cuando en realidad los edificios habían sido construidos
durante la década de los sesenta. Fue en ese periodo cuando me hice un experto en siniestros, y puedo decir
que aún estamos en pañales en cuanto a prevención de desastres en México.
El tema del aeropuerto alterno del D.F. quedó, por el momento, en un segundo plano, pero desde su perspectiva
¿cuál sería una buena opción para su construcción?
Es un tema personalmente muy importante. La elección que se haga tendrá beneficios, pero también
consecuencias graves; con la decisión que se había tomado, se iban a crear muchos problemas. No era
el lugar idóneo. Es un proyecto que generará grandes beneficios económicos, empleos; las expectativas
económicas para México crecen. Para mí la opción es Tizayuca, en Hidalgo, sobre todo
porque el crecimiento de la ciudad se ha extendido demasiado hacia el Ajusco, que ya no se da a basto, generando
asentamientos irregulares, construcciones en zonas de poco soporte. La zona del nororiente, en cambio, cuenta con
el espacio y los recursos para soportar una obra como la que representa el aeropuerto.
El académico
Su trabajo como académico, investigador y constructor de esta Universidad exige una dedicación
de 24 horas diarias. ¿Hay lugar para la familia, la diversión, la vida personal?
El estar más tiempo con mi familia, convivir con mis hijos es algo que he sacrificado. Pero en realidad
hemos sido una familia muy unida. Además, me doy tiempo para otras actividades, me gusta mucho el cine,
leer o ir de viaje, y si puedo conjuntar todas ellas mucho mejor; he ido de viaje a muchos lugares, conozco toda
la república mexicana y varios países.
¿Qué le deja la Universidad Autónoma Metropolitana?
Me deja algo muy rico, algo muy semejante a tener un hijo, en este caso una paternidad colectiva, desde la etapa
de su planeación que fue maravillosa, ir creando los planes de estudio de las carreras, ver cómo
se fueron integrando más personas y profesores, presenciar cómo ha crecido, sobre todo la Unidad
Xochimilco.
¿Qué le deja México, como mexicano, como investigador y como urbanista?
Me deja una enorme preocupación, la incertidumbre de que no se ha mejorado la situación del país;
que al paso de los años seguimos estancados. Pero soy muy optimista y creo que vamos a salir adelante.
¿Qué le falta por dar a la Universidad Autónoma Metropolitana? ¿Qué sigue
en su vida?
Me falta todavía conocer mucho, me gustaría revalorar el plan de la carrera de Estudios Metropolitanos,
abrir espacios para los profesores. En una Universidad como esta, que da apertura a tantos proyectos, falta mucho
por hacer./ Alejandra Pérez

Profesor Distinguido
El nombramiento de Profesor Distinguido se confiere a los profesores-investigadores de nuestra Universidad que
sobresalgan especialmente en el desempeño de sus funciones académicas y que cuenten con una antigüedad
mínima de cinco años de servicio, como titular de carrera con el máximo nivel.
Cuentan con una trayectoria caracterizada por la calidad, dedicación y aportes significativos en su campo
científico y en convergencia con otras disciplinas.
Hasta la fecha han sido reconocidos con este nombramiento 31 profesores investigadores, ellos son los doctores
Leopoldo García-Colín Scherer, Sitaramiah Laksminarayana, Juan Castaingts Teillery, Ernesto Lacomba
Zamora, Luis Felipe Bojalil Jaber, Porfirio Miranda de la Parra, Fernando del Río Haza, Eduardo Piña
Garza, Ricardo Gómez Romero, Adolfo Rosado García, Roberto Varela Velásquez, Gustavo Viniegra
González, Juan Casillas García de León, Ignacio Tato Canals Navarrete, Ramón Riba y
Nava Esparza, Víctor Soria Murillo, José Miguel Betancourt Rule, Etelberto Ortiz Cruz, Ana Ma. Francisca
Vivier Jegoux, Eliezer Braun Guitler, José Ramírez Pulido, Richard Gordon Wilson, Priscilla Connolly
Dietrichsen, Antonio Campero Celis, Néstor García Canclini, Ignacio Llamas Huitrón, Brian
Connaughton Hanley, Enrique M. de la Garza Toledo; los maestros Gloria Eugenia Torres Ramírez y Roberto
Eibenschutz Hartman; y el doctor Oscar Manuel González Cuevas.
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