Comunidades

 Semanario de la UAM

9 de diciembre de 2002

<- página anterior- Índice-Siguiente página >

Roberto Eibenschutz, una vida
por el desarrollo urbano

ROBERTO EIBENSCHUTZ HARTMAN nació en México en 1939. Estudió en la Escuela Nacional de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); se involucró directamente con los temas urbanos, que lo llevaron al desarrollo de proyectos para instituciones como el Instituto Nacional Indigenista, el Instituto de Acción Urbana e Integración Social, el Fondo Nacional de las Habitaciones Populares, la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y, desde luego, la Universidad Autónoma Metropolitana. Hoy, el profesor Eibenschutz ha sido reconocido como Profesor Distinguido de nuestra Institución.


La historia

Gracias a su currículum sabemos que sus padres son de Hungría ¿qué los condujo a salir de su país y llegar a México?
Ellos se casaron muy jóvenes en Hungría y debido a las persecuciones que ya se comenzaban a vivir, no sólo en Alemania, sino en toda Europa, previas a la Segunda Guerra Mundial, decidieron salir.

¿Por qué México?
Un amigo de mi papá, que estudió con él, ya se encontraba establecido aquí. Le contó sobre las oportunidades que ofrecía el país y, como no tenían muchas opciones, decidieron viajar a México.


¿Cuál es el ambiente intelectual, familiar y de valores que lo rodearon durante su infancia?
Mis padres fueron personas muy educadas, no tenían nada cuando llegaron a México y su esfuerzo principal fue por integrarse al país, a la cultura y al aprendizaje del idioma; ellos decidieron que mis hermanos y yo fuéramos a escuelas públicas, conscientes de que sus hijos fueran mexicanos y adquiriéramos una educación como mexicanos.

¿Cómo integró las culturas húngara y mexicana?
Nunca tuve problemas con eso; siempre pensé y viví como mexicano. De hecho aprendí a hablar el idioma húngaro hasta muchos años después, cuando mis padres trajeron a mi abuelo, que no hablaba español. Así que fue por él que tuve más contacto con la cultura húngara.


El arquitecto

¿Qué influyó para que estudiara la licenciatura en Arquitectura?
Durante mucho tiempo pensé que iba a ser ingeniero, como mi papá, pero me resultaba más atractivo hacer figuras con plastilina o diseños, y por eso decidí estudiar Arquitectura. Aunque al principio no tenía mucha idea de qué se trataba, a partir del cuarto año comenzó a gustarme.

¿Hubiera cambiado de carrera?
No, aunque la he tenido abandonada para dedicarme a otros asuntos independientes de la carrera, la Arquitectura me aporta esa parte creativa de las ideas que, después de un proceso, puedes verlas terminadas, eso es lo que me atrae de la disciplina.

¿Cuál ha sido su concepto del tema urbano en México y cómo se ha modificado éste durante el paso del tiempo?
Uno como joven quiere probar, crear, ayudar, ser útil, así que trabajé en el Instituto Nacional Indigenista, pero me di cuenta de que realmente no se podía hacer nada por ese lado y decidí probar en el problema del urbanismo. Al principio pensaba —como arquitecto— que lo urbano se reducía a construir casas. Y no era así. Se trataba de algo más complejo, de Economía, de Política, de organizar. Y cada vez se hace más difícil y complicado.

¿Durante 1985 usted fue subsecretario de Desarrollo Urbano, qué le dejaron, desde su experiencia personal, los sismos?
Yo trabajé desde 1983 como director del Fondo Nacional de las Habitaciones Populares; independientemente de que nuestra labor consistía en mejorar las viviendas de las personas con menores recursos, también supervisábamos y manejábamos obras que se habían hecho con anterioridad, una de ellas justamente era el edificio Nuevo León, en Tlatelolco.

Previamente a los sismos, el edificio fue remodelado y antes de septiembre de 1985 fui nombrado subsecretario de Desarrollo. Independientemente de lo doloroso que fue el hecho de que murieran tantas personas, las críticas y las responsabilidades cayeron sobre mí, cuando en realidad los edificios habían sido construidos durante la década de los sesenta. Fue en ese periodo cuando me hice un experto en siniestros, y puedo decir que aún estamos en pañales en cuanto a prevención de desastres en México.

El tema del aeropuerto alterno del D.F. quedó, por el momento, en un segundo plano, pero desde su perspectiva ¿cuál sería una buena opción para su construcción?
Es un tema personalmente muy importante. La elección que se haga tendrá beneficios, pero también consecuencias graves; con la decisión que se había tomado, se iban a crear muchos problemas. No era el lugar idóneo. Es un proyecto que generará grandes beneficios económicos, empleos; las expectativas económicas para México crecen. Para mí la opción es Tizayuca, en Hidalgo, sobre todo porque el crecimiento de la ciudad se ha extendido demasiado hacia el Ajusco, que ya no se da a basto, generando asentamientos irregulares, construcciones en zonas de poco soporte. La zona del nororiente, en cambio, cuenta con el espacio y los recursos para soportar una obra como la que representa el aeropuerto.

El académico

Su trabajo como académico, investigador y constructor de esta Universidad exige una dedicación de 24 horas diarias. ¿Hay lugar para la familia, la diversión, la vida personal?
El estar más tiempo con mi familia, convivir con mis hijos es algo que he sacrificado. Pero en realidad hemos sido una familia muy unida. Además, me doy tiempo para otras actividades, me gusta mucho el cine, leer o ir de viaje, y si puedo conjuntar todas ellas mucho mejor; he ido de viaje a muchos lugares, conozco toda la república mexicana y varios países.

¿Qué le deja la Universidad Autónoma Metropolitana?
Me deja algo muy rico, algo muy semejante a tener un hijo, en este caso una paternidad colectiva, desde la etapa de su planeación que fue maravillosa, ir creando los planes de estudio de las carreras, ver cómo se fueron integrando más personas y profesores, presenciar cómo ha crecido, sobre todo la Unidad Xochimilco.

¿Qué le deja México, como mexicano, como investigador y como urbanista?
Me deja una enorme preocupación, la incertidumbre de que no se ha mejorado la situación del país; que al paso de los años seguimos estancados. Pero soy muy optimista y creo que vamos a salir adelante.

¿Qué le falta por dar a la Universidad Autónoma Metropolitana? ¿Qué sigue en su vida?
Me falta todavía conocer mucho, me gustaría revalorar el plan de la carrera de Estudios Metropolitanos, abrir espacios para los profesores. En una Universidad como esta, que da apertura a tantos proyectos, falta mucho por hacer./ Alejandra Pérez

Profesor Distinguido


El nombramiento de Profesor Distinguido se confiere a los profesores-investigadores de nuestra Universidad que sobresalgan especialmente en el desempeño de sus funciones académicas y que cuenten con una antigüedad mínima de cinco años de servicio, como titular de carrera con el máximo nivel.

Cuentan con una trayectoria caracterizada por la calidad, dedicación y aportes significativos en su campo científico y en convergencia con otras disciplinas.

Hasta la fecha han sido reconocidos con este nombramiento 31 profesores investigadores, ellos son los doctores Leopoldo García-Colín Scherer, Sitaramiah Laksminarayana, Juan Castaingts Teillery, Ernesto Lacomba Zamora, Luis Felipe Bojalil Jaber, Porfirio Miranda de la Parra, Fernando del Río Haza, Eduardo Piña Garza, Ricardo Gómez Romero, Adolfo Rosado García, Roberto Varela Velásquez, Gustavo Viniegra González, Juan Casillas García de León, Ignacio Tato Canals Navarrete, Ramón Riba y Nava Esparza, Víctor Soria Murillo, José Miguel Betancourt Rule, Etelberto Ortiz Cruz, Ana Ma. Francisca Vivier Jegoux, Eliezer Braun Guitler, José Ramírez Pulido, Richard Gordon Wilson, Priscilla Connolly Dietrichsen, Antonio Campero Celis, Néstor García Canclini, Ignacio Llamas Huitrón, Brian Connaughton Hanley, Enrique M. de la Garza Toledo; los maestros Gloria Eugenia Torres Ramírez y Roberto Eibenschutz Hartman; y el doctor Oscar Manuel González Cuevas.

<- página anterior- Índice-Siguiente página >