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Semanario de la UAM |
| 27 de octubre de 2003 |
ARQUITECTOS, PAISAJISTAS Y URBANISTAS de nuestra Universidad tejen la reseña de un abandono: ni los constructores, ni las autoridades, ni el gremio de arquitectos "hemos estado atentos al diseño de la ciudad". Prácticamente 90 por ciento de sus edificaciones fueron realizadas por autoconstrucción, lo que habla de "una ciudad que no ha sido diseñada por especialistas", comentó el doctor Oscar Terrazas, experto en estudios urbanos de la Unidad Azcapotzalco, para quien la de México "es una ciudad en obra desde hace varias décadas". Si se considera la imagen de la zona metropolitana de la Ciudad de México, apunta, podemos concluir que "vivimos en una ciudad fea". Salvo algunos espacios que se han mantenido en buen estado, como el Centro Histórico, Coyoacán, San Ángel, Paseo de la Reforma y edificios nuevos en Santa Fe o Polanco, "estamos hablando de una ciudad que no se ha preocupado por su imagen", remató el investigador. Acaso ello se deba —explica el maestro en Urbanismo y doctor en Ciencias Sociales Vicente Guzmán— a que la imagen urbana no ha sido una prioridad ni para los habitantes ni para las autoridades, lo que resulta absurdo, porque "el espacio público deviene en factor activo para robustecer la calidad de vida de la ciudadanía, y consecuentemente de la ciudad".
Ausencia de la estética Cuando el tema es la estética de la ciudad —explica la doctora en Historia del Arte, Katya Mandoki, investigadora del Departamento de Síntesis Creativa de la Unidad Xochimilco— no es posible referirse sólo al aspecto visual ni a una sola estética, pues la ciudad es percibida de diferente manera por el vendedor ambulante, el automovilista, el joven que pinta grafitis, el usuario del metro, los estudiantes, los empleados y demás sectores que la habitan. Para la artista plástica, filósofa y maestra
en artes visuales, la que se vive en el Distrito Federal es una "estética de la violencia". Explica
que al ser percibida como una agresión continua hacia sus habitantes, "éstos tienen que salir,
desde sus nichos —casa, escuela, trabajo— provistos de sus mejores armas". Según Diego Cevallos, periodista del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en el último cuarto de siglo el número de autos creció más de 500 por ciento en el Distrito Federal. El parque vehicular alcanzó así aproximadamente 4.2 millones de unidades, lo que obligó a incrementar más de 17 mil kilómetros la extensión total de calles, ejes viales y avenidas. La doctora Mandoki Winklir advierte al respecto que hoy
se diseña en términos del rendimiento económico, de la especulación del suelo, o de
otro tipo de valores que por cierto no están en favor del ciudadano, "lo que nos deja casi sin tiempo
para poder definir qué clase de ciudad nos gustaría tener". El arquitecto Vicente Guzmán señala al respecto que atender el papel que desempeña el espacio urbano en la vida citadina es vital para fortalecer las relaciones sociales dentro de la misma. Explica que el concepto de imagen urbana suele ser mal empleado, incluso por los arquitectos, ya que conciben la imagen urbana como fotografía o fisonomía urbana, cuando más bien tiene que ver con la construcción mental que surge de dos filtros: el cultural y el social. "No se trata sólo de cómo vemos la ciudad, sino cómo la sufrimos, gozamos y cómo la percibimos" .
A lo anterior se agrega que al haber sido realizada —casi en su totalidad— por acciones de autoconstrucción, la ciudad presenta un conjunto de edificaciones grises, mal planeadas y muchas de ellas sin concluir por falta de recursos, por lo que es frecuentes la vista de casas con varillas expuestas y azoteas llenas de "triques" o desperdicios, en lugar de viviendas adecuadamente diseñadas. Tras señalar que la ciudad carece de un plan paisajístico
que prevea los diferentes niveles de intervención, como la estructuración armónica de los
espacios abiertos (parques y jardines), los investigadores -que actualmente desarrollan el Plan Paisajístico
de Santa María del Tule, Oaxaca, para que este sitio sea declarado patrimonio mundial por la UNESCO- consideran
necesario un megaplan para la Ciudad de México, que reconozca "la existencia de muchas ciudades en
una gran ciudad" e incluya en las edificaciones detalles como el uso del color, de los remates visuales y
los contrastes, entre otros, que permitan hacer reconocible un barrio de otro, pues es lo que al final "da
carácter a una ciudad". En relación con las grandes obras viales que actualmente se construyen en la ciudad, los investigadores opinan que no se puede decir que contribuyan a deteriorar la imagen de la metrópoli. "Si habláramos de ciudades como Zacatecas, Oaxaca, París o Barcelona", sí se verían afectadas por este tipo de obras", pero en el caso del segundo piso del periférico "no hay nada que defender", dijo Oscar Terrazas. En torno a proyectos como el denominado "Alameda o el de la Torre Mayor e incluso las acciones que se han realizado en el Paseo de la Reforma, opinó que sin duda contribuirán a mejorar la imagen de estas zonas. El Proyecto Alameda en particular "es imprescindible porque junto con la edificación del Sheraton y la próxima sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores contribuirán al mejoramiento de construcciones aledañas. Para el arquitecto Vicente Guzmán sí es posible recuperar la ciudad, "pues este monstruo en su desdoblamiento nos va enseñando a convivir con él. El punto es cómo hacer más gozoso nuestro enfrentamiento". En ese sentido, dijo, sorprenden fenómenos como el que una gran cantidad de personas haya acudido a la invitación de recorrer a pie el distribuidor vial antes de ser abierto al tránsito vehícular. Esta participación de la gente tuvo cierto encanto porque es otra forma de vivir la ciudad y demostró que es posible renovar ese sentido del gozo inherente a las personas.
Las propuestas
Para ello propone: • Los esfuerzos de tratamiento de la ciudad deben ser conducidos con visiones y acciones de conjunto de pobladores, autoridades, inversionistas y profesionistas. • Una planeación integral que incluya acciones en zonas con características muy específicas: barrios, conjuntos habitacionales, zonas residenciales, colonias proletarias o asentamientos irregulares, donde se encuentren comunidades con parecidas aspiraciones, similares condiciones socio-económicas y específicas manifestaciones urbano-arquitectónicas. La aplicación de propuestas de intervención
debe proceder de intereses comunitarios que permitan plantear otras formas de concebir la ciudad, para inducir
mejores condiciones de habitabilidad en sus distintos espacios, lo cual implica tener en cuenta: • La arquitectura en la ciudad no es un hecho individual, aislado o mera forma. Entender que la Ciudad de México es la materialización de las relaciones sociales y las manifestaciones culturales en determinados periodos históricos y que entre esas instancias se mueve la arquitectura es una condición necesaria para reproducir la ciudad de una manera más razonada.
Esta forma de caracterizar la ciudad permitiría ubicar a las sociedades que dan o dieron origen a sus partes y se evitaría negar indiscriminadamente, con acciones destructivas, contextos socio-históricos y espacios urbano-arquitectónicos. De lograr una comprensión del fenómeno ciudad en estos términos -concluye el investigador de la División de Ciencias y Artes para el Diseño, de la Unidad Azcapotzalco- se podría pasar de posiciones de rescate y/o producción del monumento o la obra individual, al rescate y producción de la ciudad en su conjunto. / Teresa Cedillo Nolasco |