Escapararte

 Semanario de la UAM

22 de septiembre de 2003

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La escuela del dolor
humano de Sechuán: montaje y autor atípicos

NI LECCIONES NI moralejas catárticas, la puesta en escena de La escuela del dolor humano de Sechuán, de Mario Bellatin, representa una gran ventana abierta hacia la imaginación del espectador.
Éste habrá de abismarse/abstraerse en su propia experiencia, mediante las historias narradas o encarnadas por los actores; ellos mismos resultarán una especie de chamanes poseídos por los relatos de los que son portadores.
La palabra, así, obrará como intermediaria, primero de un ritual, luego de hechos inconexos pero intercalados, hasta desembocar en un mismo origen, donde el tiempo y el espacio resultan inexistentes.
Desnudo, con la frialdad desolada del vacío, el escenario está constituido por cuatro enormes gasas que penden para formar un cubo, una habitación por donde se ventilan las historias.


Entonces, cada personaje/narrador se convertirá en sí mismo en otra ventana. Hay que asomarse a la mirada de Javier Soto, Mario Oliver, Jaqueline Serafín y Juan Navarrete, para ver al niño que nunca más será invitado a una fiesta infantil, por haber perdido la prótesis con guante que hace las veces de brazo y mano faltantes; de la hija que lava los pies del padre moribundo; del pequeño mutilado de sus genitales por su progenitora mostrado como sensación en los baños públicos; de la evocación de “Los democráticos”, campeones en voleibol gracias a no contar con el dedo índice, cercenado luego de tomar parte en los primeros comicios celebrados en la comarca.
Hechos sin límites, narraciones que trascienden a lo imaginado para indicarnos cómo el dolor y su metamorfosis están adentro de cada uno de nosotros, pero para recordarnos, también, que infinidad de relatos inconcebibles han atravesado la historia de la humanidad.
Sin duda, asistimos a un montaje atípico, de un autor atípico, en tanto que Bellatin forja una prosa que prescinde de las convenciones teatrales.
Aquí, la articulación de La escuela del dolor… ha resultado posible por la participación del teatro universitario, foro que prácticamente en exclusiva está dispuesto a asumir los riesgos que conlleva una empresa de tal envergadura.
Y por la vehemencia tanto del escritor, Mario Bellatin (premio Xavier Villaurrutia), como del director, el francés de origen vietnamita Philippe Eustachon, quienes hicieron de este trabajo un franco taller de experimentación. Durante el proceso de preparación de la puesta en escena, por alrededor de dos meses, ambos siguieron trabajando en la dramaturgia y en la escritura de la obra.
La escuela del dolor humano de Sechuán, narrativamente construye elocuentes imágenes de lo indecible, en el escenario lo inefable se traslada al espectador, un espectador activo, al que se le exige su participación. / Estrella Olvera Barragán

Irma Palacios desentraña
la invención de la escritura

 

LA MÁS RECIENTE exposición de la artista plástica, creada ex profeso para la Casa de la Primera Imprenta de América, reconstruye la ascendencia de la pintura sobre la invención de las letras. Definida por Teresa del Conde como “poeta de la forma”, Palacios rinde homenaje a la escritura.
La obra de Irma Palacios nos habla de una verdad que por su contundencia hemos perdido de vista: “las artes y las letras constituyen una verdadera familia”, argumento que va más allá del sentido literal del título de la muestra y que de manera inmediata nos remite a la imagen de las letras como auténticos dibujos sobre papel, no sólo en relación con el oficio de los antiguos amanuenses, por ejemplo, o a la elaboración misma de los ideogramas chinos, sino también por lo que toca a la práctica cotidiana de la escritura.
En términos genealógicos, podría decirse que la exposición desentraña la inapelable línea de ascendencia del arte pictórico como detonador de las diversas formas que adquiere la expresión artística del hombre para manifestarse y comunicarse, desde el arte primitivo, junto con los primeros códices y mapas, hasta la invención de la escritura en cualquiera de sus modalidades, incluso convertida en partitura de notas musicales.
En 68 piezas ha compendiado el universo de las artes, pues el trabajo que nos ofrece atraviesa formal y conceptualmente por una vasta gama de referencias, las cuales afloran con la nitidez propiciatoria de la creación abstracta, engarzada, además, con soportes y técnicas de la más diversa índole: óleos, tintas, acuarelas, ceras sobre papel nepalés, japonés, francés, tailandés, de algodón y artesanal, fabricado en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, que dirige el maestro Francisco Toledo.


Sobre este último aspecto, el escritor y crítico especializado Jaime Moreno Villarreal dice: “Hay en la obra en papel de Irma Palacios una reciprocidad entre las cualidades de la pasta y las cualidades del trazo que evoca uno de los principios de la pintura china: que la conformación del soporte ejerce influencia sobre el aspecto de la pintura.
“La artista aprovecha como elemento expresivo la materialidad del papel —textura, grano, grosor, resistencia, peso, color, absorbencia, flexibilidad—, pero también sus defectos e impurezas: el soporte es un sendero de huellas ya trazadas sobre el que la artista se encamina electivamente.
La exposición Sobre papel fue concebida ex profeso para la Casa de la Primera Imprenta de América, gesto que se suma “al homenaje” que Irma Palacios “decidió rendir a la escritura conminándola a una metamorfosis que tiene que ver con los ritmos, con las estructuras visuales del quehacer escrito, con las incidencias de la luz sobre el papel”.
Las palabras de la doctora Teresa del Conde fueron tomadas de su ensayo incluido en el libro/antología crítica sobre la pintora y que ha editado la Coordinación General de Difusión Cultural de nuestra Casa de estudios como parte integral de la propia muestra.
Esta verdadera familia, instituida por las artes y las letras, inspiró tal diseño museográfico que, a modo de una instalación invita a recorrer la Casa como si se tratara de un viaje por el tiempo cuyos ámbitos y atmósferas nos trasladarán a lugares remotos, desde el palafito tropical y la pagoda oriental, hasta la majestuosidad austera de la mezquita y del desierto. A las regiones donde la escritura tuvo su origen. / Estrella Olvera Barragán


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