
El
nacionalismo mexicano ayer y hoy
UNO DE LOS conceptos fundamentales en la conformación
histórica de nuestro país y alrededor del cual se han
entretejido discursos, manifiestos, tendencias e ideologías es
el de nacionalismo. Noción que no sólo se ha constituido
como factor primordial de cohesión social, política y
cultural, sino como legitimadora del proceso de nación y de la
conformación del Estado.
El nacionalismo mexicano no sólo es una construcción histórica
en permanente transformación, sino que junto con las alegorías
nacionalistas y los héroes emblemáticos de la historia
configura un elemento de cohesión social y política de
nuestro país. Pero es, también, una construcción
de la clase gobernante, surgida de la Revolución, que la utilizó
como medio de control social y político.
En torno a estas ideas, destacados historiadores, académicos,
investigadores y especialistas analizaron el concepto durante el encuentro
académico El nacionalismo mexicano ayer y hoy, organizado por
nuestra Universidad y la Secretaría de Cultura del Gobierno del
Distrito Federal, del 10 al 12 de septiembre, para conmemorar el 250
aniversario del natalicio de Miguel Hidalgo y Costilla.
Agotamiento conceptual
Situado en una perspectiva contemporánea, Macario Schettino,
analista especializado en Economía política e institucional,
sostuvo que, en la actualidad, existen problemas para identificar en
el gobierno un proyecto de nación, debido al agotamiento de una
versión de nacionalismo que dio coherencia durante el siglo XX:
la del nacionalismo revolucionario.
Este fenómeno, prosiguió, coincide con la conclusión
de los procesos de nación como legitimadores del Estado en toda
la cultura occidental. No hay ningún actor social que tenga una
idea clara de qué tipo de mecanismo legitimador debería
tener el Estado para los siguientes años, indicó.
El también autor de obras como Para reconstruir México
y Propuestas para elegir futuro propuso pensar en la construcción
de un nacionalismo que no dependa de la Revolución como el proceso
legitimador, porque eso está totalmente gastado.
Nacionalismo menos ideológico
En esta misma visión crítica del nacionalismo mexicano,
el doctor Enrique Krauze, director de la Editorial Clío, puntualizó
que éste tiene que actualizarse y volverse menos ideológico
y obstinado con el pasado y con la Constitución de 1917, pues
debe ser defensor de los intereses concretos de los mexicanos que viven
en el territorio y fuera de sus fronteras.
Aseveró que en el siglo XX, nuestro país ha registrado
un superávit innecesario de nacionalismo y un déficit
muy marcado de patriotismo, y subrayó que México tiene
una deuda pendiente con las etnias en lo político, económico,
social y cultural; además de que les debe respeto a sus autonomías,
pero no una independencia territorial porque no sería viable.
Tras señalar que el nacionalismo mexicano es una especie de semireligión
con héroes, que son similares a los santos, precisó que
los nacionalismos que hacen daño son, por ejemplo, el de los
musulmanes o el de los Balcanes, en donde los serbios, por razones nacionalistas,
quieren suprimir a los croatas.
Nacionalismo revolucionario: concepción
de control social y político
Otro elemento discutido en el encuentro fue el nacionalismo revolucionario
que John Coatsworth consideró una construcción ideada
por la clase gobernante surgida de la posrevolución, la cual
empleó la retórica patriótica para mantener el
control social y político.
En su turno, la doctora Gloria Villegas, académica de la Facultad
de Filosofía y Letras de la UNAM, sostuvo que el nacionalismo
revolucionario es una falsa idea elaborada por los gobiernos posteriores
al movimiento armado de 1910, según la cual la nación
se sobrepuso a todas las adversidades y constituía un país
antiyanqui, donde privaba un espíritu casi xenofóbico.
La historiadora estableció que, tanto las alegorías nacionalistas
como los héroes emblemáticos de la Historia se convirtieron,
desde el gobierno de Juárez hasta el de Carranza, en elementos
de cohesión social y fueron exaltados mediante una pedagogía
revolucionaria para ser proyectados e imbuidos hacia los diferentes
sectores de la sociedad.
Gloria Villegas expuso que el nacionalismo se ha concebido de diversos
modos, de acuerdo con las diferentes etapas históricas. En la
época independentista, agregó, se entendió como
una forma de imaginar la patria; después, cuando el país
se vio amenazado por la intervención extranjera se le dio un
sentido de conservación y de defensa de la soberanía,
pero a finales del siglo XIX y principios del XX se convirtió
en un argumento legitimador de los regímenes que lograron cierta
estabilidad política y social del país.
Durante el encuentro, realizado en el Centro Cultural San Ángel
y en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución
Mexicana, el doctor Carlos Martínez Assad, investigador del Instituto
de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM, puntualizó que
si bien la noción de nacionalismo no es inamovible y depende
de las circunstancias, lo cierto es que su capacidad de cohesión
propia del siglo XIX, se distorsionó con las dos guerras mundiales
y los conflictos nacionales que se internacionalizaron un siglo después.
Asentó que también han influido en este hecho los desplazamientos
humanos del siglo XX que movieron las fronteras y colocaron a 160 millones
de personas, al comienzo del siglo XXI, viviendo en países diferentes
a los de su origen, sin considerar a los millones de inmigrantes cuya
descendencia ya había enraizado en otras tierras.
Consideró que la pérdida de la identidad se relaciona
con estados que no pueden exigir fidelidad absoluta porque han perdido
su capacidad de proporcionar los derechos que una nación debe
ofrecer, como empleo, educación o vivienda. La búsqueda
de éstos y nuevos satisfactores ha conducido a los países
a albergar una cultura plural o expresiones del pluriculturalismo, aún
cuando la intolerancia bloquea la vía de cualquier posible asimilación.
Entender el mundo
Para Carlos Illades, profesor-investigador del Departamento de Filosofía
de la Unidad Iztapalapa, la construcción del nacionalismo mexicano
como concepto comienza con la visión que el Romanticismo, como
corriente literaria, le otorga al expresarlo como una manera colectiva
de entender al mundo para poder expresarlo culturalmente.
El doctor en Historia explicó que el nacionalismo, desde el punto
de vista sociológico, se define como un elemento de cohesión
y homogeneización cultural que pueblos como el mexicano presentaron
a inicios del siglo pasado ante la aparición de procesos generalizados,
como la Industrialización y el Imperialismo que trató
de hundir las raíces históricas de las naciones dominadas.
En su opinión, personalidades como Justo Sierra y Octavio Paz
describieron al nacionalismo desde un punto de vista histórico-intelectual
definiéndolo como una realidad autónoma viva en el tiempo,
que dota a la cultura mexicana de un sentido y una dirección,
por lo que en esencia es una búsqueda de nosotros mismos y un
regreso a la madre patria que es nuestra alma mater sociopolítica.
Illades Aguiar estimó que el nacionalismo mexicano se ha construido
a través de ciclos históricos que comprenden desde la
guerra de Independencia hasta la Revolución de 1910 y evolucionó
acompañado de diversas contingencias políticas, como el
ascenso de una nueva clase, la fractura de un orden racial con el criollismo
y el mestizaje y algunas guerras con las potencias extranjeras.
Multiétnico y cultural
Elionor Bartra Muriá, profesora-investigadora del Departamento
de Política y Cultura de la Unidad Xochimilco, estableció
que el nacionalismo es un concepto que ha variado a lo largo de la historia,
sobre todo en los últimos años en que se ha volcado hacia
una noción más multiétnica y pluricultural.
La investigadora puntualizó que el nacionalismo mexicano significa
más una idea de nación mestiza y progresista, en la que
han influido notablemente los movimientos indígenas de nuestro
país y del mundo.
Bartra Muriá consideró que en México ha cobrado
relevancia la cuestión étnica como una de las partes fundamentales
de la construcción de un nuevo nacionalismo mestizo y opinó
que aún cuando elementos como los héroes de la patria,
la bandera o el himno nacional forman parte importante de la identidad
nacional, poco a poco han perdido relevancia.
Reivindicación de valores
El doctor Pedro Castro, investigador del Departamento de Sociología
de la Unidad Iztapalapa, expuso que el nacionalismo mexicano es la reivindicación
de valores que en su momento son compartidos por los miembros de una
sociedad. Estos valores, aclaró, tienen que ver con el mestizaje,
así como con la glorificación y exaltación de la
mezcla entre las naciones mexicana y española.
Explicó que las primeras expresiones nacionalistas surgen en
el siglo XIX y son obra de los criollos mexicanos que de esta manera
se distinguirían de sus hermanos de raza, es decir, de los peninsulares.
El doctor Friedrich Katz, experto en Historia de América Latina
e investigador de la Universidad de Chicago, coincidió en que
efectivamente el nacionalismo ha evolucionado en México, ya que
en los años cuarenta se fundamentó en la idea del Estado
como promotor de la economía y factor que lo resolvería
todo, mientras que hoy, destacó, nadie ni la izquierda ni la
derecha piensan al Estado como el factor que puede solventar los problemas
del país.
Víctor Orozco, doctor en Historia de la Universidad Autónoma
de Ciudad Juárez, afirmó que el nacionalismo es un producto
de los procesos históricos de una nación, compuesto por
patrones culturales, ideológicos, políticos y sociales
ordenados jurídicamente y que cohesionan los sentimientos exaltados
de un grupo étnico determinado.
Según el investigador, éste se traduce generalmente en
formas de expresión, manejo del lenguaje, vestido, idiosincracia,
acciones políticas, cultura política y en el sentimiento
de una comunidad imaginaria, es decir, en la capacidad que tenemos todos
los mexicanos de sentirnos pertenecientes a nuestro país, aún
estando en el extranjero, ya que se ha construido a través de
procesos históricos como la insurgencia, la guerra con Estados
Unidos, las intervenciones extranjeras y la revolución mexicana.
Nacionalismo y Globalización
Eduardo Matos Moctezuma, coordinador del Museo del Templo Mayor, estimó
que ante los embates de la globalización, el nacionalismo funciona
como un elemento para reforzar la identidad contra los valores que tratan
de vulnerarla.
No es necesario, opinó, que se cambien elementos del nacionalismo,
como la bandera y el escudo, lo urgente, aceptó, es eliminar
la explotación de la sociedad, lo cual puede ser una utopía,
pero ha sido la lucha constante del hombre, declaró el también
autor de La pirámide del Sol de Teotihuacan; La piedra del Sol;
y Los Aztecas, entre otras publicaciones.
En tanto, el investigador británico David Brading expresó
que ante el proceso de globalización es necesario enfatizar la
herencia de los valores culturales del país mediante la cultura
y la educación. / Javier Solórzano Herrera, Rosario Valdez,
Teresa Cedillo
Pensamiento
humanista y mexicanidad
Carlos Montemayor argumentó que el pensamiento humanista de escritores
del siglo XVIII fue fundamental en el surgimiento de las ideas que en
esa época significaron el anuncio del pensamiento independentista
que se fortaleció en México en las guerras libertarias
del siglo XIX y XX.
Este grupo, entre quienes estaban Francisco Xavier Clavijero, José
Luis Maneiro, Manuel Cavo, Diego José Abad, Francisco Xavier
Alegre y Rafael Landívar, revaloró la cultura prehispánica
y la comparó con la de otros pueblos como los griegos, los romanos
y aún los hebreos.
De algún modo, dijo, el doctor Montemayor, ellos ya no vieron
a la cultura prehispánica desde ojos españoles, sino mexicanos,
pues con ellos “la conciencia, la identidad del indio como parte
de la historia patria, equivalía en verdad a otro descubrimiento
de México, ya no a su conquista”.
Desde entonces, fue posible entender que cuando el indio adquiere una
presencia fundamental de carácter político o carácter
histórico, cuando se aplica su propio pasado al del país,
estamos cerca del origen de la mexicanidad.
Sin embargo, el investigador advirtió la necesidad de entender
bien los alcances y los límites de este nuevo “descubrimiento”,
pues también es cierto —criticó— que a partir
de entonces creemos descender de españoles y de indios; nos creemos
herederos de una gran cultura prehispánica, pero “como
en una especie de esquizofrenia social, abrimos un abismo entre la población
indígena actual y la prehispánica”.
Vínculo entre tradición y modernidad
Al inaugurar el encuentro académico El nacionalismo mexicano
ayer y hoy, organizado por nuestra Universidad y la Secretaría
de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, el doctor Luis Mier y
Terán Casanueva, rector general de nuestra Universidad, afirmó
que el nacionalismo es una construcción histórica y una
forma particular de cómo nuestras sociedades han generado un
sistema de relaciones particulares entre sus miembros.
Aseveró que en el reconocimiento de esta historia es posible
asumir las tradiciones que nos constituyen y también abrir el
espacio para pensar en común, crítica y creativamente
el futuro que deseamos e imaginamos para nuestra nación.
El nacionalismo mexicano, aseguró, no es sólo una esencia
que subsiste en el tiempo, sino el vínculo que nos permite reconocernos
como miembros de un espacio simbólico y como la reivindicación
de distintas tradiciones y enfoques.
El doctor Enrique Semo, secretario de Cultura del gobierno capitalino,
dijo que el nacionalismo es un producto histórico y una realidad
en permanente transformación. Por lo que, aseveró, el
contenido de las ideas de soberanía, tradición, patriotismo,
identidad y seguridad nacional no es hoy el mismo que hace treinta años,
debido a los profundos cambios que ha sufrido la nación y su
lugar en el mundo.
El historiador aseguró que los mexicanos estamos en la búsqueda
de un nacionalismo adecuado a nuestro tiempo que responda a los nuevos
retos sin traicionar los valores de soberanía y justicia social
que parten desde Hidalgo y de todos los hombres y mujeres de su tiempo
que prepararon el advenimiento de la nación mexicana.
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