Comunidades

 Semanario de la UAM

16 de febrero de 2004

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Foucault: un catálogo
de formas de problematizar la sociedad

LA OBRA DE MICHEL Foucault es un corpus de propuestas que cuestiona las formas organizativas de la sociedad y logra, con creces, el propósito declarado del pensador: provocar dudas acerca de fenómenos sociales considerados universalmente comunes.

La originalidad del pensamiento del filósofo, cuya producción fue objeto del Coloquio Internacional organizado por la UAM del 9 al 12 de febrero, radica en su capacidad de formular nuevos cuestionamientos sobre aspectos que se creían ya conocidos, así como trasladar al ámbito político asuntos susceptibles de ser desplazados a terrenos metafísicos o filosóficos.

En palabras de Daniel Defert —discípulo del pensador francés—, éste no buscaba respuestas a los fenómenos sobre los que ponía su mirada crítica, sino la indagación de asuntos como la locura, la sexualidad o la acción política, estaba orientada a problematizarlos para generar ideas, reflexiones y críticas.
Estas evidencias fueron confirmadas por académicos y especialistas europeos y latinoamericanos asistentes al Coloquio Internacional Michel Foucault organizado con ocasión del vigésimo aniversario luctuoso del filósofo.


El poder y el saber
El doctor Miguel Morey, investigador de la Universidad de Barcelona y editor en español de los textos de Foucault, sostuvo al respecto que cualquiera de sus textos se propone establecer y mostrar la posibilidad discursiva y no discursiva de lo visible y lo decible; del poder y el saber, de las instituciones y de las palabras, así como examinar qué prácticas de todo tipo convergen en el nacimiento de una nueva representación.

“Los temas de interés de Foucault son los problemas de la vida ética del sujeto”, definió por su parte el doctor Sergio Pérez Cortés, investigador del Departamento de Filosofía de la UAM.

Esos problemas incluyen temas como la locura, la razón, el poder, la existencia o la sexualidad, todos relacionados con la subjetividad.

Uno de los aspectos fundamentales de la obra desmenuzada por expertos radica en su preocupación acerca de cómo la persona se subjetiviza y se transforma. “Su pertinencia reside en recordarle al sujeto que no es un ser humano porque sí, sino que hay un proceso de transformación que lo convierte en humano o marginal”, definió.

Según Foucault no hay diferencias entre saber y poder, ya que ambos son correspondientes en tanto que todo conocimiento forma parte de un poder. Por ejemplo, dijo, en el caso de la Psiquiatría, Foucault insiste en que ésta no es sólo un saber en el sentido de un discurso científico, sino una forma de intervención en la vida de los hombres.

“En nuestros días a un criminal no lo enviamos al reclusorio sino al psicólogo y lo primero que éste se pregunta es por qué este tipo fue constituido así. El psicólogo formula un discurso de poder ante el criminal, en el sentido de que ejerce la Psicología como una forma de control individual y colectivo que interviene en su vida”.


Foucault insiste en que dicha ciencia, como muchas otras como la Sociología o la Ciencia Política, son en realidad formas de intervención social e individual que sirven para ajustar conductas y este ajuste es lo que justifica a la Ciencia.

La ética
En relación con el aspecto ético, Pérez Cortés explicó que el autor de Las palabras y las cosas no se pregunta cómo debe comportarse una persona, sino bajo qué mecanismos un individuo adquiere ciertas formas de comportamiento.

Foucault no propone una ética, sino señala cómo se constituye un sujeto ético y además sostiene que la libertad es necesaria para elegir, puesto que el sujeto ético se conforma en estas condiciones y no hay ninguna naturaleza a la que deba obedecerse de manera inflexible.

Vigilar y castigar
El análisis de los medios de control social está expuesto en el libro Vigilar y castigar, en el que Foucault muestra que la cárcel no ha reformado a nadie y si se considera como institución social ésta ha sido un gran fracaso. “Existe, según Foucault, porque en las sociedades contemporáneas ha sido necesario un proceso de disciplinarización, especialmente del cuerpo, y éste pasa por un mejor orden y distribución de los cuerpos, incluso en el espacio y en el tiempo.


“Cuando insistía en el modelo antiprisión lo que quería decir es que, sin duda, es necesario castigar la criminalidad, pero no hay ninguna razón para encerrar a todos por las mismas causas y del mismo modo”.

Consultado a cerca de la recepción que la obra de Foucault ha tenido en México, el doctor Sergio Pérez Cortés la calificó como excelente y puso de relieve que libros del filósofo francés como Las Palabras y las cosas o Vigilar y castigar tienen más de 30 ediciones a lo largo de 20 años, lo cual significa un potencial enorme de lectores en el país.

Arraigo en México
El pensamiento de Foucault tiene en el país un amplio arraigo, estimó Pérez Cortés, y agregó que sigue siendo interesante por aspectos como los procesos de subjetivación y también porque su obra ha influido en el desarrollo de muchas otras disciplinas como la Historia, la Psiquiatría o la Filosofía.

“El interés que ha suscitado este encuentro es tal, que muy pocos filósofos podrían reunir a tantos jóvenes y profesores en tan poco tiempo. Es probable que los problemas que él dejó planteados sigan siendo vigentes en tanto constituyen asuntos relacionados con la sociedad contemporánea”.

Pérez Cortés sostuvo que en México se ha hecho una lectura de las obras del filósofo francés tal como éste hubiera deseado: enfocada a los aspectos social y político. “Para nosotros es el filósofo que interviene en distintas ciencias y que propone formas de problematizar la sociedad”.

Para el investigador hay pocos temas de la obra de Foucault sin analizar y consideró que su pensamiento, más enfocado en la intervención y en el cuestionamiento crítico, será más perdurable en el tiempo que cualquier teoría científica.

Antes de su muerte, Foucault se interesó por el tema de la gubernamentalidad, es decir, en la noción del gobierno de sí mismo y de los otros. Es un asunto, añadió, que sin duda ya está en La historia de la sexualidad, pero no es el núcleo principal del texto. En ese sentido, argumentó, nunca abandonó sus primeras preocupaciones que eran provocar una teoría crítica que hiciera libre al individuo.

Nuevos cuestionamientos
En el análisis del doctor Paul Mengal, rector de la Universidad de París XII, la originalidad del pensamiento de Michel Foucault radica en su capacidad de plantear nuevos cuestionamientos sobre aspectos que se creían conocidos, así como colocar en el ámbito político asuntos que podrían verse desplazados a terrenos metafísicos o filosóficos.

Al dictar la conferencia magistral Disciplina y comportamiento, el investigador francés afirmó que uno de los problemas más interesantes que dejó planteados el autor de Los anormales es la forma como ubicó la relación alma y cuerpo, no en términos sustancialistas o metafísicos, sino como parte de un proyecto político, porque para el pensador francés el castigo físico es la forma en que el Estado controla los cuerpos.

Sobre el poder —uno de los temas centrales del autor de Historia de la locura— Mengal sostuvo que lo que parece interesar a Foucault es cómo se ejerce y opera, no en términos de hegemonía de una potencia determinada, sino en tanto que introduce el problema de la obediencia ante fenómenos como el genocidio o las masacres y de cómo la gente obedece y cumple actos tan cruentos.


El tema de la obediencia es analizado para establecer cómo funciona y se ejerce el poder sobre los sujetos. Este matiz hace a su obra más interesante respecto de quienes sólo se ocupan del poder en términos de legitimidad o justificación, que son los puntos más usuales de la filosofía política.

El rector de la Universidad de París XII opinó que la recepción de la obra de Foucault es más dinámica en México que en Francia, donde ha quedado reducida a los exámenes de preparación de los filósofos y se lee menos como parte de su tarea cotidiana. Celebró la realización de un coloquio como éste y manifestó que es una prueba que refleja que los filósofos mexicanos están atentos y actualizados sobre lo que sucede en el pensamiento francés contemporáneo.

El Coloquio fue organizado por la UAM, a través de la Cátedra Michel Foucault (unidades Iztapalapa y Xochimilco), la Universidad de París XII, el Centro Michel Foucault (Francia) y la Embajada de Francia en México. /Javier Solórzano Herrera

Pintura y Lenguaje escindidos en la obra
de Foucault


LA PRENSENCIA DE la pintura en la obra de Michel Foucault (1926-1984) está documentada en dos textos sobre Las Meninas y en escritos olvidados o perdidos, como en las traducciones reducidas de La historia de la locura (Locura y civilización) cuya primera versión iniciaba con la descripción de La nave de los locos, de Jernónimo Bosch.

No obstante los escasos testimonios sobre el tema, hubo un “diálogo real” entre la pintura y el pensador francés, señaló Daniel Defert —autor de Dichos y escritos de Foucault— su pareja sentimental durante casi 25 años, quien impartió la conferencia magistral Foucault y la pintura, con la que se inicio el Coloquio Internacional dedicado al filósofo e historiador en el vigésimo aniversario de su muerte.

Apasionado por la música y por la pintura casi en la misma dimensión, Foucault tuvo mayor facilidad para escribir sobre la segunda y lo hizo a partir de un modelo similar al corpus que definió sus escritos dedicados a los filósofos, dividido entre los pintores que quiso y de los que nunca habló –entre ellos, Defert citó a los pintores florentinos: Giotto, Masaccio, Piero della Francesca–; en segundo lugar, artistas de los que habló; y, finalmente a quienes frecuentó y tuvo un vínculo de amistad.

Filosofía y Pintura
Con ese marco, Defert hizo hincapié en cómo “la Filosofía hizo de la pintura uno de los lugares privilegiados” dentro de las indagaciones y estudios de Foucault. Analítico como era del significante, tanto en el hecho pictórico como en el lingüístico, “Foucault introduce la profecía de la locura en la obra de Bosch”, no obstante, según Defert, “existe una escisión entre la expresión pictórica y la traducción literaria” de esa misma locura”.

El autor de Historia de la sexualidad separa la pintura del lenguaje: en la primera “el fantasma de la locura” aparece “como algo que no se ha dominado, algo que atrapa”; en el segundo, mediante la literatura, se habla del “cuento de la sinrazón”, se “retoma la historia del encierro”. Y Foucault “escoge el discurso en el que se justifica a la locura”.


Así, reconoce el también discípulo del pensador francés, en autores como Durero, Bruegel y el propio Bosch, “su obra adquiere formas primitivas en sus revelaciones”.

Además, puntualizó Defert, “Foucault se reservó la expresión de la locura como crítica social”. En 1954, con La tentación de San Antonio, de “El Bosco”, Foucault explicaba cómo nació la locura; un fantasma presente durante el Medioevo que sustituyó el tema de la muerte. En los signos de Bosch, agregaría, están en los límites de lo real.

En una segunda parte de su conferencia, Daniel Defert habló sobre los pintores de los que sí escribió —Velázquez, Magritte (que le interesaba por la reproducción de lo prohibido y su relación con la tercera dimensión), Kandinsky (sobre el que escribió para disentir en torno a su idea del imaginario) y Manet, este último fue el único sobre el que Foucault desarrolló un estudio integral.


Cuando Manet pinta la representación de la ejecución de Maximi-liano, lo hace con un trazo hostil contra Napoleón III, pero no tiene el pathos emocional de Goya. Para Foucault, Manet representa el padre de la pintura moderna.

A partir de Las meninas, explicó Defert, Foucault hace otro análisis de la pintura, dado en dos registros de comprensión. La primera vez que la vio, le pareció ridícula, luego llegó a desear ver qué había dentro, mediante la Filosofía clásica del orden y de la representación. Lo que dice Foucault sobre Las meninas es que vio surgir el discurso de la distancia.

Un espejo

La hipótesis tiene que ver con el espejo. Es ya sabido el reflejo del rey y la reina, y por eso, Foucault parte de la visión contraria: del modelo, del pintor, y de la paleta. Entonces, él finge no saber quien está representado. En este análisis, los espejos hablan de lo que está dentro y lo que está fuera; el espejo refleja todas las acciones. Así, la hipótesis de representación es igual al de un “caligrama –ideograma chino–, donde podemos ver el texto pero en su contradicción, como máquina que repiten la relación entre signo y figura”.

A manera de conclusión, Daniel Defert señaló que Foucault nunca trató de teorizar en la pintura, escribió sobre ella como un gesto de verdadera amistad.
El Coloquio Internacional Michel Foucault fue inaugurado por el doctor Luis Mier y Terán Casanueva, rector general de la UAM, quien consideró el encuentro como “la posibilidad de inaugurar nuevas formas de pensar y de escribir, porque ir a Foucault no será un acto de refugio, sino la ocasión para movernos del sitio en el que nos encontramos”, pues para el pensador francés “la escritura consiste justamente en la posibilidad de desplazamiento”. / Estrella Olvera Barragán

 

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