Foucault:
un catálogo
de formas de problematizar la sociedad
LA OBRA DE MICHEL Foucault es un corpus de propuestas que cuestiona
las formas organizativas de la sociedad y logra, con creces, el propósito
declarado del pensador: provocar dudas acerca de fenómenos sociales
considerados universalmente comunes.
La originalidad del pensamiento del filósofo, cuya producción
fue objeto del Coloquio Internacional organizado por la UAM del 9 al
12 de febrero, radica en su capacidad de formular nuevos cuestionamientos
sobre aspectos que se creían ya conocidos, así como trasladar
al ámbito político asuntos susceptibles de ser desplazados
a terrenos metafísicos o filosóficos.
En palabras de Daniel Defert —discípulo del pensador francés—,
éste no buscaba respuestas a los fenómenos sobre los que
ponía su mirada crítica, sino la indagación de
asuntos como la locura, la sexualidad o la acción política,
estaba orientada a problematizarlos para generar ideas, reflexiones
y críticas.
Estas evidencias fueron confirmadas por académicos y especialistas
europeos y latinoamericanos asistentes al Coloquio Internacional Michel
Foucault organizado con ocasión del vigésimo aniversario
luctuoso del filósofo.
El poder y el saber
El doctor Miguel Morey, investigador de la Universidad de Barcelona
y editor en español de los textos de Foucault, sostuvo al respecto
que cualquiera de sus textos se propone establecer y mostrar la posibilidad
discursiva y no discursiva de lo visible y lo decible; del poder y el
saber, de las instituciones y de las palabras, así como examinar
qué prácticas de todo tipo convergen en el nacimiento
de una nueva representación.
“Los temas de interés de Foucault son los problemas de
la vida ética del sujeto”, definió por su parte
el doctor Sergio Pérez Cortés, investigador del Departamento
de Filosofía de la UAM.
Esos problemas incluyen temas como la locura, la razón, el poder,
la existencia o la sexualidad, todos relacionados con la subjetividad.
Uno de los aspectos fundamentales de la obra desmenuzada por expertos
radica en su preocupación acerca de cómo la persona se
subjetiviza y se transforma. “Su pertinencia reside en recordarle
al sujeto que no es un ser humano porque sí, sino que hay un
proceso de transformación que lo convierte en humano o marginal”,
definió.
Según Foucault no hay diferencias entre saber y poder, ya que
ambos son correspondientes en tanto que todo conocimiento forma parte
de un poder. Por ejemplo, dijo, en el caso de la Psiquiatría,
Foucault insiste en que ésta no es sólo un saber en el
sentido de un discurso científico, sino una forma de intervención
en la vida de los hombres.
“En nuestros días a un criminal no lo enviamos al reclusorio
sino al psicólogo y lo primero que éste se pregunta es
por qué este tipo fue constituido así. El psicólogo
formula un discurso de poder ante el criminal, en el sentido de que
ejerce la Psicología como una forma de control individual y colectivo
que interviene en su vida”.
Foucault insiste en que dicha ciencia, como muchas otras como la Sociología
o la Ciencia Política, son en realidad formas de intervención
social e individual que sirven para ajustar conductas y este ajuste
es lo que justifica a la Ciencia.
La ética
En relación con el aspecto ético, Pérez Cortés
explicó que el autor de Las palabras y las cosas no se pregunta
cómo debe comportarse una persona, sino bajo qué mecanismos
un individuo adquiere ciertas formas de comportamiento.
Foucault no propone una ética, sino señala cómo
se constituye un sujeto ético y además sostiene que la
libertad es necesaria para elegir, puesto que el sujeto ético
se conforma en estas condiciones y no hay ninguna naturaleza a la que
deba obedecerse de manera inflexible.
Vigilar y castigar
El análisis de los medios de control social está expuesto
en el libro Vigilar y castigar, en el que Foucault muestra que la cárcel
no ha reformado a nadie y si se considera como institución social
ésta ha sido un gran fracaso. “Existe, según Foucault,
porque en las sociedades contemporáneas ha sido necesario un
proceso de disciplinarización, especialmente del cuerpo, y éste
pasa por un mejor orden y distribución de los cuerpos, incluso
en el espacio y en el tiempo.
“Cuando insistía en el modelo antiprisión lo que
quería decir es que, sin duda, es necesario castigar la criminalidad,
pero no hay ninguna razón para encerrar a todos por las mismas
causas y del mismo modo”.
Consultado a cerca de la recepción que la obra de Foucault ha
tenido en México, el doctor Sergio Pérez Cortés
la calificó como excelente y puso de relieve que libros del filósofo
francés como Las Palabras y las cosas o Vigilar y castigar tienen
más de 30 ediciones a lo largo de 20 años, lo cual significa
un potencial enorme de lectores en el país.
Arraigo en México
El pensamiento de Foucault tiene en el país un amplio arraigo,
estimó Pérez Cortés, y agregó que sigue
siendo interesante por aspectos como los procesos de subjetivación
y también porque su obra ha influido en el desarrollo de muchas
otras disciplinas como la Historia, la Psiquiatría o la Filosofía.
“El interés que ha suscitado este encuentro es tal, que
muy pocos filósofos podrían reunir a tantos jóvenes
y profesores en tan poco tiempo. Es probable que los problemas que él
dejó planteados sigan siendo vigentes en tanto constituyen asuntos
relacionados con la sociedad contemporánea”.
Pérez Cortés sostuvo que en México se ha hecho
una lectura de las obras del filósofo francés tal como
éste hubiera deseado: enfocada a los aspectos social y político.
“Para nosotros es el filósofo que interviene en distintas
ciencias y que propone formas de problematizar la sociedad”.
Para el investigador hay pocos temas de la obra de Foucault sin analizar
y consideró que su pensamiento, más enfocado en la intervención
y en el cuestionamiento crítico, será más perdurable
en el tiempo que cualquier teoría científica.
Antes de su muerte, Foucault se interesó por el tema de la gubernamentalidad,
es decir, en la noción del gobierno de sí mismo y de los
otros. Es un asunto, añadió, que sin duda ya está
en La historia de la sexualidad, pero no es el núcleo principal
del texto. En ese sentido, argumentó, nunca abandonó sus
primeras preocupaciones que eran provocar una teoría crítica
que hiciera libre al individuo.
Nuevos cuestionamientos
En el análisis del doctor Paul Mengal, rector de la Universidad
de París XII, la originalidad del pensamiento de Michel Foucault
radica en su capacidad de plantear nuevos cuestionamientos sobre aspectos
que se creían conocidos, así como colocar en el ámbito
político asuntos que podrían verse desplazados a terrenos
metafísicos o filosóficos.
Al dictar la conferencia magistral Disciplina y comportamiento, el investigador
francés afirmó que uno de los problemas más interesantes
que dejó planteados el autor de Los anormales es la forma como
ubicó la relación alma y cuerpo, no en términos
sustancialistas o metafísicos, sino como parte de un proyecto
político, porque para el pensador francés el castigo físico
es la forma en que el Estado controla los cuerpos.
Sobre el poder —uno de los temas centrales del autor de Historia
de la locura— Mengal sostuvo que lo que parece interesar a Foucault
es cómo se ejerce y opera, no en términos de hegemonía
de una potencia determinada, sino en tanto que introduce el problema
de la obediencia ante fenómenos como el genocidio o las masacres
y de cómo la gente obedece y cumple actos tan cruentos.
El tema de la obediencia es analizado para establecer cómo funciona
y se ejerce el poder sobre los sujetos. Este matiz hace a su obra más
interesante respecto de quienes sólo se ocupan del poder en términos
de legitimidad o justificación, que son los puntos más
usuales de la filosofía política.
El rector de la Universidad de París XII opinó que la
recepción de la obra de Foucault es más dinámica
en México que en Francia, donde ha quedado reducida a los exámenes
de preparación de los filósofos y se lee menos como parte
de su tarea cotidiana. Celebró la realización de un coloquio
como éste y manifestó que es una prueba que refleja que
los filósofos mexicanos están atentos y actualizados sobre
lo que sucede en el pensamiento francés contemporáneo.
El Coloquio fue organizado por la UAM, a través de la Cátedra
Michel Foucault (unidades Iztapalapa y Xochimilco), la Universidad de
París XII, el Centro Michel Foucault (Francia) y la Embajada
de Francia en México. /Javier Solórzano Herrera
Pintura
y Lenguaje escindidos en la obra
de Foucault
LA PRENSENCIA DE la pintura en la obra de Michel Foucault
(1926-1984) está documentada en dos textos sobre Las Meninas
y en escritos olvidados o perdidos, como en las traducciones reducidas
de La historia de la locura (Locura y civilización) cuya primera
versión iniciaba con la descripción de La nave de los
locos, de Jernónimo Bosch.
No obstante los escasos testimonios sobre el tema, hubo un “diálogo
real” entre la pintura y el pensador francés, señaló
Daniel Defert —autor de Dichos y escritos de Foucault— su
pareja sentimental durante casi 25 años, quien impartió
la conferencia magistral Foucault y la pintura, con la que se inicio
el Coloquio Internacional dedicado al filósofo e historiador
en el vigésimo aniversario de su muerte.
Apasionado por la música y por la pintura casi en la misma dimensión,
Foucault tuvo mayor facilidad para escribir sobre la segunda y lo hizo
a partir de un modelo similar al corpus que definió sus escritos
dedicados a los filósofos, dividido entre los pintores que quiso
y de los que nunca habló –entre ellos, Defert citó
a los pintores florentinos: Giotto, Masaccio, Piero della Francesca–;
en segundo lugar, artistas de los que habló; y, finalmente a
quienes frecuentó y tuvo un vínculo de amistad.
Filosofía y Pintura
Con ese marco, Defert hizo hincapié en cómo “la
Filosofía hizo de la pintura uno de los lugares privilegiados”
dentro de las indagaciones y estudios de Foucault. Analítico
como era del significante, tanto en el hecho pictórico como en
el lingüístico, “Foucault introduce la profecía
de la locura en la obra de Bosch”, no obstante, según Defert,
“existe una escisión entre la expresión pictórica
y la traducción literaria” de esa misma locura”.
El autor de Historia de la sexualidad separa la pintura del lenguaje:
en la primera “el fantasma de la locura” aparece “como
algo que no se ha dominado, algo que atrapa”; en el segundo, mediante
la literatura, se habla del “cuento de la sinrazón”,
se “retoma la historia del encierro”. Y Foucault “escoge
el discurso en el que se justifica a la locura”.
Así, reconoce el también discípulo del pensador
francés, en autores como Durero, Bruegel y el propio Bosch, “su
obra adquiere formas primitivas en sus revelaciones”.
Además, puntualizó Defert, “Foucault se reservó
la expresión de la locura como crítica social”.
En 1954, con La tentación de San Antonio, de “El Bosco”,
Foucault explicaba cómo nació la locura; un fantasma presente
durante el Medioevo que sustituyó el tema de la muerte. En los
signos de Bosch, agregaría, están en los límites
de lo real.
En una segunda parte de su conferencia, Daniel Defert habló sobre
los pintores de los que sí escribió —Velázquez,
Magritte (que le interesaba por la reproducción de lo prohibido
y su relación con la tercera dimensión), Kandinsky (sobre
el que escribió para disentir en torno a su idea del imaginario)
y Manet, este último fue el único sobre el que Foucault
desarrolló un estudio integral.
Cuando Manet pinta la representación de la ejecución de
Maximi-liano, lo hace con un trazo hostil contra Napoleón III,
pero no tiene el pathos emocional de Goya. Para Foucault, Manet representa
el padre de la pintura moderna.
A partir de Las meninas, explicó Defert, Foucault hace otro análisis
de la pintura, dado en dos registros de comprensión. La primera
vez que la vio, le pareció ridícula, luego llegó
a desear ver qué había dentro, mediante la Filosofía
clásica del orden y de la representación. Lo que dice
Foucault sobre Las meninas es que vio surgir el discurso de la distancia.
Un espejo
La hipótesis tiene que ver con el espejo. Es ya sabido el reflejo
del rey y la reina, y por eso, Foucault parte de la visión contraria:
del modelo, del pintor, y de la paleta. Entonces, él finge no
saber quien está representado. En este análisis, los espejos
hablan de lo que está dentro y lo que está fuera; el espejo
refleja todas las acciones. Así, la hipótesis de representación
es igual al de un “caligrama –ideograma chino–, donde
podemos ver el texto pero en su contradicción, como máquina
que repiten la relación entre signo y figura”.
A manera de conclusión, Daniel Defert señaló que
Foucault nunca trató de teorizar en la pintura, escribió
sobre ella como un gesto de verdadera amistad.
El Coloquio Internacional Michel Foucault fue inaugurado por el doctor
Luis Mier y Terán Casanueva, rector general de la UAM, quien
consideró el encuentro como “la posibilidad de inaugurar
nuevas formas de pensar y de escribir, porque ir a Foucault no será
un acto de refugio, sino la ocasión para movernos del sitio en
el que nos encontramos”, pues para el pensador francés
“la escritura consiste justamente en la posibilidad de desplazamiento”.
/ Estrella Olvera Barragán
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