Escapararte

 Semanario de la UAM

12 de enero de 2004


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Coreógrafos mexicanos que influyeron y modificaron la visión de la danza

CON POESÍA EN MOVIMIENTO, lenguaje primitivo del hombre, la magia de la caza, hechizos, conjuros que en un principio imitaban los movimientos de las bestias y que se fueron convirtiendo en la expresión del cuerpo, arte, inmortalidad, evocación y convocación.
Los anteriores son temas del libro La Danza, mirada en movimiento, de Nora Crespo, en el que la autora ofrece un análisis de la danza contemporánea basada en la obra de tres coreógrafos mexicanos: Marco Antonio Silva, Adriana Castaños y Raúl Parrao.
En entrevista, la autora señaló que dichos artistas influyeron y modificaron la visión de la danza durante la década de los ochenta. Comentó que durante ese decenio la danza se volvió independiente y centró sus coreografías en temas sociales, como el terremoto de 1985, cuando los artistas salieron a la calle con el objetivo de concienciar y llenar el vacío que dejaron las pérdidas humanas y materiales del desastre natural.


Hoy en día, reconoció la especialista en Historia del Arte, la danza aún es un arte elitista, ya que se requiere de conocimiento y dominio de técnicas para entenderla y practicarla; sin embargo, manifestó su esperanza de que su libro motive a los universitarios a acercarse más a este arte, mediante la teorización, análisis hermenéutico y fenomenológico de la disciplina.
Durante la presentación del libro —el cual es resultado de un trabajo de investigación realizado por la autora con apoyo del Programa de Fomento a Proyectos y Conversiones Culturales— el maestro Tomás Ejea, jefe de Artes Escénicas de nuestra Universidad y responsable del Teatro Casa de la Paz, afirmó que esta obra es un intento por analizar, desde la hermenéutica, el hecho escénico coreográfico como un suceso que se da en forma viva en el escenario.
Indicó que la autora interpreta los significados que suceden en escena y los relaciona por medio de contextos de significados sociales, políticos, valores y un discurso del propio coreógrafo; en ese sentido, la obra es un mensaje colectivo donde el público es partícipe.
Mencionó que el texto establece reflexiones en torno a las artes escénicas en general, teatro, performance y otros, donde la función del coreógrafo ya no es sólo de movimiento e interpretación, sino de creador, con una perspectiva más amplia y una relación con otras disciplinas.
La Danza mirada en movimiento fue presentado por nuestra Universidad, así como por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y la editorial Resistencia. / Alejandra Pérez Amado

La acuarela rescata lugares que por la
costumbre ya no son observados

VARIOS LUGARES DEL país como Tlalpan, Tlalpujahua, Tlayacapan, Tlacotalpan y Tlacotepec permitieron a Vicente Guzmán recrear, por medio de la acuarela, la belleza de estos rincones tradicionales de la provincia mexicana.


La exposición Un pincel andariego, constituida por acuarelas de diversos pueblos de nuestro país, es una disfrazada provocación que no repara en el deleite de su creador o en la mirada curiosa de sus espectadores. Por el contrario, para el arquitecto y doctor en Ciencias Sociales, Vicente Guzmán, pintar y ser arquitecto le permite compartir con el público la evocación de lo bello que existe en los espacios públicos tradicionales, en un plano contemplativo y reflexivo, en torno al rescate y recuperación de su esencia
En relación con su actividad como pintor, el profesor-investigador de nuestra Casa de estudios comentó que una de sus intenciones es recuperar el dibujo y la pintura como herramienta para la investigación.
“Estamos formados en el positivismo y pareciera que la pintura o el dibujo no tienen nada que ver con la Ciencia, incluso más allá de la fotografía, pues ésta implica fidelidad, en tanto que la acuarela implica una recuperación que subyace a la creación”.
Retomar imágenes de Arquitectura tradicional, continuó, nos sirve a los arquitectos para comprender los elementos presentes en este tipo de disciplina, pues en ella existen formas que obedecen a una serie de razonamientos y gustos que se volvieron cultura, una manera de hacer y entender el mundo.


A través de elementos inobjeta-blemente bellos, captados a partir de la nobleza del dibujo, abundó, se descubren estas formas para darles una nueva valoración, considerando lo que ese discurso nos está diciendo: un reconocimiento de la naturaleza, de relaciones íntimas de respeto y de apropiación, y una serie de valores tecnológicos en el sentido del uso que la gente hace de los materiales de la región, lo que resulta económico y viable para la ecología.
Actualmente, señaló, nos influyen tecnologías del extranjero que no toman en cuenta este tipo de elementos y que están invadiendo las ciudades, así se llevan al extremo formas arquitectónicas donde el cristal y el acero son materiales fundamentales, no importa que sean cajas de vidrio insertas en una ciudad como el Distrito Federal.
Recrear la tradición a través de la técnica de la acuarela, es sinónimo de esperanza de lugares mejores que ya existen, pero a fuerza de la costumbre ya no son observados.
“Mi trabajo es contribuir un poco a esa recuperación y que mi quehacer en la academia constituya una forma de investigación cualitativa, cuya valía trato de fomentar en mis alumnos de Arquitectura y de maestría en Diseño Gráfico”, concluyó. / Alejandra Villagómez Vallejo

 

 

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