Crean
red de investigadores
para rescate de especies acuícolas
EL
CHARAL Y el pez blanco, de gran importancia histórica,
cultural y económica, han vivido en los cuerpos de agua de la región
central de México durante más de 40 mil años y, por
su alto valor proteínico, han formado parte sustancial de la dieta
de las comunidades indígenas asentadas en esa zona.
Sin embargo, los problemas de contaminación, modificación
del hábitat, sobreexplotación e introducción de especies
exóticas, propiciaron la caída de la producción de
dichas especies —pertenecientes al grupo de los aterinópsidos—
que en los últimos 20 años pasó de seis mil a menos
de mil toneladas.

La desaparición de algunas especies y el peligro de extinción
en que se encuentran otras como las mencionadas, ha preocupado a investigadores
de diversas instituciones de educación superior que, convocados
por nuestra Universidad, la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas,
del Instituto Politécnico Nacional (IPN), el Instituto Nacional
de la Pesca y la Sociedad Ictiológica Mexicana, se congregaron
en nuestra Casa de estudios, en el marco de la “Primera Reunión
Anual de Aterinópsidos”, en la cual dieron a conocer los
avances de sus investigaciones sobre el tema.
Red de investigadores
Biología, conservación y cultivo; ecología, pesquerías,
reproducción, taxonomía y gené-tica, fueron los aspectos
alrededor de los cuales se expusieron más de 40 investigaciones
por parte de especialistas de siete instituciones de educación
superior del país, quienes concluyeron la reunión constituyéndose
en una red de investigadores sobre aterinópsidos.
Ante estos especialistas, reunidos en la Sala Cuicacalli de la Unidad
Iztapalapa, el doctor José Luis Arredondo Figueroa, responsable
de la Planta Experimental de Producción Acuícola de esta
Casa de estudios, destacó la necesidad de buscar áreas donde
sea susceptible reintroducir las especies de pez blanco y charal, así
como establecer mecanismos que permitan conservarlas para las próximas
generaciones.
Durante muchos años, recordó, el charal constituyó
una fuente importante de proteína para el consumo de comunidades
indígenas, vecinas a los lagos de Pátzcuaro, Zirahuén,
Cuitzeo y Chapala, entre otros cuerpos de agua de la mesa central del
país.
Precisó que es fundamental tener la información de la biología
básica de estas especies para poder contar con un control en la
producción del recurso.
Defensa de especies
Al sustentar la conferencia magistral “¿Qué aterinópsidos
conforman al género chirostoma?”, el maestro Joel Paulo Maya,
investigador de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del
IPN, sostuvo —a contracorriente de las posturas extranjeras—
que en la región central de México no habitan las especies
menidia ni poblana y que las existentes se reúnen en un sólo
género o grupo denominado chirostoma.
Para la doctora Irene de los Ángeles Barriga Sosa, investigadora
del Departamento de Hidrobiología de nuestra Institución,
lo anterior es relevante, porque ayuda a ubicar una panorámica
general en relación con la descripción y agrupación
de especies y porque cuestiona las posturas anglosajonas que proponen
la desaparición de chirostoma y poblana y la permanencia de menidia.
“Nosotros defendemos la postura de identidad y existencia del género
chirostoma, incluida en él la especie de poblana”.
Respecto de la constitución de la red de investigación,
los académicos se pronunciaron por reunir a todos los especialistas
que trabajan el tema de los aterinópsidos, para discutir sobre
la situación taxonómica, cultivo, producción y restablecimiento
de sistemas que han sido afectados por la contaminación, entre
muchos otros temas.
La celebración de este encuentro, explicaron, formó parte
de las actividades realizadas con motivo de la celebración de los
primeros 10 años de la Planta Experimental de Producción
Acuícola de la UAM. / Teresa Cedillo Nolasco

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