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Semanario de la UAM |
| 3 de noviembre de 2003 |
UAM y Universidad
de Kent impulsan proyectos
de conservación ecorregional
LAS ARTESANÍAS QUE actualmente se ofrecen a visitantes extranjeros y nacionales de Xochimilco provienen de otros estados de la República y, además, no son ajenas a la proliferación de productos maquilados en otras partes del mundo. Entre las razones que han contribuido a este fenómeno, sobresale la pérdida de recursos y especies naturales de la región, que tradicionalmente eran usados en la elaboración de cestería y petates, por ejemplo, ante la desaparición del tule. Junto a la naturaleza sucumben prácticas culturales.
Frente a este embate en el que intervienen factores de índole ecológico y económico —sustitución del uso del suelo, contaminación de aguas, abuso de agroquímicos y pesticidas—, profesores-investigadores de nuestra Casa de estudios, desarrollan un programa integral de conservación de la biodiversidad de esta localidad, integrado por acciones emprendidas por el Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC), y que comprende un programa de educación ambiental y de impulso al ecoturismo.
Este programa cuenta con el apoyo financiero y la asesoría especializada de la Iniciativa Darwin —fondo creado en 1992 por el gobierno británico para impulsar proyectos de conservación ambiental— y del Instituto Durrell de Conservación y Ecología,de la Universidad de Kent en Canterbury, Reino Unido.
En tal contexto se enmarca el “1er. Taller de Artesanías para la Conservación de la Identidad de Xochimilco”, dirigido a la comunidad de la zona, que se impartirá del martes 4 al lunes 10 de noviembre, dentro de las instalaciones de CIBAC, en el propio embarcadero de Cuemanco.
El taller lo coordina la diseñadora industrial Josefina Reséndiz Tellez, jefa del Departamento de Métodos y Sistemas, de la División de Ciencias y Artes para el Diseño de la Unidad Xochimilco, con la participación de los también diseñadores industriales José Luis Gutiérrez, Miguel Ángel Vázquez y Alejandro Almazán, oriundo de Xochimilco.
“Partimos del diseño ecorregional —concepto acuñado por los académicos—, primero como un compromiso teórico y ahora como una realidad, con base en recursos propios y la idea de alentar la herencia cultural”, explica Reséndiz Tellez.
Algunos de los participantes, como la misma Josefina Reséndiz, realizan estudios de posgrado en Desarrollo Rural. De la mano de esta disciplina, añade la diseñadora, “integramos los conceptos de identidad, organización familiar y naturaleza como un todo, donde el núcleo familiar podrá integrar a su ingreso económico la realización y venta de artesanías, para luego crear microindustrias o cooperativas”.
El Taller incluirá actividades de diseño, producción y conservación del medio. En ese sentido, el reencuentro con las artesanías dispondrá de recursos como el ixtle (zacate), el cual se reproduce en las chinampas, hojas de maíz, papel reciclado —elaborado con el desperdicio del lirio acuático— y diversas especies de flora local como la dalia y la llamada flor inmortal, entre cuyos atributos sobresale la conservación de sus colores naturales hasta por tres años.
Las artesanías, desde alebrijes hasta lámparas y macetas, entre una diversa gama de formatos y productos, evocarán la recreación de las chinampas, de los remeros y de los ajolotes o “anfibio de México”, también en peligro de extinción.
“Necesariamente, enfatiza Reséndiz, todos estos elementos involucran la educación ambiental y la identidad de Xochimilco, sitio declarado por la Unesco desde 1987 como patrimonio de la humanidad”. / Estrella Olvera
Homo Rodans, homenaje a Remedios Varo, tejedora de universos
ÁNGELES CAÍDOS, SOMBRAS en holocausto, bocetos de cuerpos desnudos en la madrugada, sensaciones encontradas, un beso, un abrazo y un adiós que hacen vibrar la medula ósea, los huesos, los tejidos, la carne y la piel.
Al final sólo recuerdos, momentos, testigos fieles de los deseos, los sueños, la sensación de éxtasis, la vida, el encuentro con Dios, y la muerte en cada despertar, lo real y lo imaginario, lo material y lo incorpóreo.
Con la presentación del libro Homo Rodans, obra literaria de Guiomar Cantú, nuestra Universidad y el Museo de Arte Moderno rindieron homenaje el pasado 8 de octubre a la pintora española Remedios Varo, a 40 años de su muerte.
Homo Rodans, así conocida Remedios Varo, mujer, profeta, creadora, amante, destructora, frágil, guerrera, soñadora, hija y madre de una raza cósmica, que habita en silencio y melancolía, en el horizonte de la locura y la sabiduría.
Bajo la oscura noche, las imágenes toman vida, cantan y alaban a la mujer que les dio existencia, que aun muerta deja escuchar sus risas, gritos, placer y su esencia femenina. Recogen la luna, las estrellas y la locura se hacen presentes para invocar el espíritu eterno de la mujer que ya dejó su cuerpo.
Guiomar Cantú escribe en Homo Rodans: “Pintaban mis entrañas, el éxito era resultado de jornadas con frío de madrugada, de mi viaje a la luz, a las tinieblas, mi dolor sublimado en acuarela, la traducción del orgasmo y sus visiones. Vivía para la creación. Para la ensoñación de viajes a una tierra que era sólo mía, donde tejer una casa con raíces de universo. Derramarme en instantes de cometa, desmembrar el caos y navegar los aires de reinos encontrados”.
Nacida el 16 de diciembre de 1908, María de los Remedios Varo Uranga –pintora surrealista, luchadora social, amante de la vida y del dolor–, es retratada por la escritora Guiomar Cantú con un lenguaje poético, a través del cual cuenta pasajes, secretos íntimos e imaginarios de su vida, sus amantes, desvelos, su pasión y redención.
El libro, presentado en el Museo de Arte Moderno, fue editado por la UAM (Unidad Xochimilco) y surgió como un compromiso por difundir la vida y obra de la pintora. Contiene imágenes del trabajo de Remedios, así como el texto, tanto en español como en inglés, con el objetivo de alcanzar un público internacional.
“Atravesé el templo de mi cuerpo. Mi vida se arqueó para elevar el alma a las montañas del cielo. La Diosa me cobijó en su manto de silencio. El ocho de octubre del sesenta y tres, mi corazón dejó de creer que estaba muerto”, así la voz de Varo que habla por medio de la tinta y la pluma de Guiomar Cantú, nuevamente silencio. / Alejandra Pérez Amado