|

Falta una historia sistemática
de la Filosofía en México
A PESAR DE las importantes contribuciones de ideólogos mexicanos al pensamiento filosófico contemporáneo,
no existe, hasta hoy, “una historia omnicomprensiva y sistemática” de esta disciplina en el país,
por lo que es necesario propiciar la reflexión en torno al desarrollo de la Filosofía, así
como realizar una evaluación sobre sus repercusiones en nuestro entorno histórico.
En lo anterior coincidieron los doctores Luis Villoro, Adolfo Sánchez Vázquez, Juliana González
y María del Carmen Rovira, investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, al
participar en el lV Coloquio Nacional de Historia de la Filosofía en México, organizado en nuestra
Casa de estudios.
Durante el encuentro, auspiciado por la Asociación Filosófica de México y por el Consejo Nacional
de Ciencia y Tecnología (Conacyt), el doctor Gabriel Vargas Lozano, profesor-investigador de esta Universidad,
abundó en el tema al señalar que aún no se ha elaborado una historia de la Filosofía
que desarrolle corrientes o posiciones, y que cumpla “con los requisitos básicos de toda historia que se
precie de serlo”, como son la descripción, la interpretación y la evaluación.
El también presidente de la Asociación Filosófica de México puntualizó que entre
las razones por las cuales ni historiadores ni filósofos han hecho esta labor, destaca que durante mucho
tiempo se pensó que, por su naturaleza, la Filosofía era universal y por lo mismo no requería
de esta reflexión histórica; y porque la filosofía griega ya había planteado los problemas
fundamentales y, por tanto, filosofías posteriores no eran más que variantes de los planteamientos
originales.
Formas de hacer Filosofía
A propósito de esta discusión en torno a los Criterios para una historia de la Filosofía en
México, los doctores Luis Villoro y Adolfo Sánchez Vázquez desarrollaron su disertación.
Para el doctor Luis Villoro, profesor fundador del Departamento de Filosofía de nuestra Casa de estudios,
existen dos formas de hacer Filosofía en México. Una la desarrollan los filósofos llamados
por él alterados, que son quienes tienen sus sentidos puestos en las filosofías que otros crean y
que, obsesionados por no quedar fuera de los temas que circulan, se dedican a leer los últimos artículos
o libros publicados por prestigiosos autores extranjeros. Esta elección cambia con las modas para razonar
de nuevo sobre las razones de otros raciocinadores.
Frente a este tipo de filósofo está el ensimismado, quien se convierte en explorador del cinismo.
Piensa —agregó el doctor Villoro— que para crear una Filosofía propia debe de buscar lo propio, lo
peculiar, lo que lo distinga de cualquier otra creación filosófica. Supone, en primer lugar, que
existe algo propio de la cultura que no comparte con ninguna otra y una identidad oculta qué descubrir,
una realidad bajo apariencias, un ser por encontrar.
Supone, además, que esa peculiaridad plantea a la Filosofía preguntas distintivas que se referirían
a temas exclusivos y que, en esta búsqueda de la propia identidad, es posible dejar de plantear los temas
que han constituido el centro de la Epistemología, la Metafísica o la Ética en todos los tiempos,
para privilegiar las reflexiones acerca de la propia circunstancia cultural o política.
Errores y aciertos
Ambas figuras de interpretación tienen su grado de verdad. Pero el error del filósofo alterado consiste
en olvidarse de la propia razón y buscar ser el comentador de la ajena. Se olvida que la Filosofía
consiste fundamentalmente en la actividad de pensar por cuenta propia y nunca en ser comentador de la razón
ajena.
El error del ensimismado estriba en olvidarse de que, para buscar su propia identidad un filósofo necesita
plantearse problemas y preguntas que desde esa identidad son universales y propios de toda la humanidad.
Para el investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas ninguno de estos extremos puede llegar
a una Filosofía auténtica, porque ésta tendría que ser autónoma, pensada por
cuenta propia, con su propia razón y en respuesta a necesidades propias. Además, tendría que
plantear las preguntas que correspondan a dichas necesidades, pero con la argumentación racional de cualquier
parte del mundo, es decir, con las ideas filosóficas universales.

Cubrir espacios teóricos
El doctor Sánchez Vázquez subrayó que una Filosofía existe para abordar problemas que
no pudieron resolver filosofías anteriores. Para superarlas y a la vez para ser superada por las que vendrán
después. Así se relaciona históricamente Aristóteles y Platón, Espinoza y Hegel
o Hegel y Marx, dijo el profesor emérito de la UNAM.
Lo que lleva de una Filosofía a otra es la necesidad interna de cubrir el espacio teórico que la
Filosofía anterior no ha podido cubrir. La historia de la Filosofía, dijo más adelante, está
compuesta de una pluralidad de filosofías en un orden temporal, en el cual las filosofías se presentan
en una doble relación interna y externa. Tanto una como otra presuponen que una filosofía sistemática
es un todo en el que se articulan sus conceptos fundamentales. Es el producto de una actividad humana específica,
cuyo hacedor la crea en condiciones sociales y culturales dadas, que él mismo no ha escogido.
La consideración histórica de este hacer y de su producto, precisó, exige ponerlo en relación
con una herencia o pasado filosófico que constituye su material por transformar y la posibilidad, inscrita
en él, de producir determinada Filosofía.
Sucesión temporal
Así, una verdadera historia de la Filosofía, al poner la pluralidad de filosofías en un orden
de sucesión temporal, exige, por un lado, rehuir una lógica absoluta que ignora el condicionamiento
social de esa sucesión y, por otro, el sicologismo o sociologismo que ignora la especificidad de la Filosofía
y la racionalidad interna de esa sucesión.
La doctora Juliana González, investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, afirmó
que la historia de la Filosofía es inseparable de la propia disciplina, pues las creaciones del pasado tienen
una singular pervivencia, de modo que las más actuales no son necesariamente las más verdaderas o
vigentes.
En este sentido, expresó, el pasado filosófico no propiamente pasa, sino que mantiene una renovada
presencia a lo largo del tiempo. En el proceso histórico se van articulando unas filosofías con otras,
por lo que cada filósofo no piensa solamente de cara a la realidad, o al objeto de su pensar, sino de cara
a los otros filósofos; y no sólo a los de su presente o pasado inmediato, sino incorporando, implícita
o explícitamente, el proceso mismo de filosofar.
La doctora María del Carmen Rovira, por otra parte, propuso ir al conocimiento concreto de nuestros pensadores,
ya que en los siglos XVIII y XIX hubo importantes intelectuales mexicanos, cuyas ideas influyeron en procesos tan
relevantes para la Historia como la independencia nacional. / Teresa Cedillo
|