Xilografías
2003 recrea el misticismo nacional
COLORES
CÁLIDOS PINTAN el escenario de un cuento, una historia, o
tal vez de una leyenda. Fantasía que emana de cada uno de los
pinceles, delinean bellamente nuestra cultura.
Un viaje fantástico que recorre un pueblo, donde la hermosa niña
de piel bronceada mira por su ventana; un gato se tiende placenteramente
bajo el techo de una casa; los músicos tocan en la plaza y los
caballos juegan en el pueblo.
El sol azteca brilla y calienta las bellas playas en las que se encuentra
la gente bailando y celebrando en un carnaval. La plaza se llena de
personas alegres y en los puestos, los mercaderes venden el pan fresco
y dulce.
Imágenes que embelesan y engrandecen lo rural, renuevan nuestro
país, recrean el misticismo, convierten lo mitológico
en realidad, la leyenda se perpetúa en sensaciones y emociones,
dejando que el arte mexicano reviva en las manos de sus artistas.
Iconos de nuestra cultura y tradición, sagas que se materializan
mediante las manos de los jóvenes artistas de la Escuela Nacional
de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez
de Oaxaca (UABJO).
Con la técnica de xilografía, creadores de la UABJO realizaron
cuadros donde las tradiciones mexicanas se ven reflejadas, compuestas
y exaltadas hermosamente. Imágenes multicolores conforman la
exposición Xilografías 2003 y, en pequeños puntos
que se conjugan en delgadas líneas, crean una gestalt de armonía.
Cuarenta artistas influidos y guiados por el maestro Shinsaburo Takeda,
adaptaron el arte y técnica japoneses a una cultura que por sí
sola está llena de vida, beldad, calidez y pasión, retomada
en los magníficos cuadros de los creadores.
Shinsaburo Takeda llegó a nuestro país hace 35 años
con la finalidad de conocer y trabajar a la par de los grandes muralistas
de la época, como Siqueiros y Orozco, ahora es maestro y alumno
de sus jóvenes estudiantes.
El reflejo de la libertad, entrega, vitalidad, se muestran en los temas
silvestres, rurales, de cada uno de los intérpretes de la vida,
en cuadros como “Gato”, “Descanso”, “El
pescado”, “Danza de la costa”, “Tona”,
“El rey Sol”, “Virgen” y “Casa de mujer”,
entre otros. / Alejandra Pérez Amado
Literatura
testimonial, crónica
de nuestras horas: Poniatowska

MIENTRAS
PERDUREN EN nuestros países latinoamericanos las condiciones
de opresión, miseria y marginación, el testimonio será
la única manera que tenga el lector de enterarse de las vivencias
ajenas e insospechadas de quienes padecen tal condición.
La literatura testimonial “es la que sube de la calle, la que
sale de la boca de hombres y mujeres, la de las voces que escuchamos,
la del grito, la que hacemos entre todos apenas amanece. Es la crónica
de nuestras horas, de nuestros días y de nuestras vidas”,
señaló la escritora Elena Poniatowska al sustentar la
conferencia magistral “La Calle y la Literatura” en el marco
de las “X Jornadas Metropolitanas de Estudios Culturales”,
organizadas por nuestra Casa de estudios, así como por las universidades
de Michigan, Arizona, Louisville y Texas, además del Centro Cultural
Casa Lamm.
La doctora Honoris Causa por nuestra Institución afirmó
que la literatura de testimonio “habla de masacres, hurga en la
basura, sacude los colchones llenos de pulgas y recoge la voz de los
‘condenados de la tierra’; sin embargo, los que no tienen
voz son los que tienen la voz más poderosa por desconocida, imaginativa,
aterradora, imprevisible; voz que no ha sido cincelada por los formalismos,
voz cuya única modulación es la de la tierra”.
Subrayó que la literatura testimonial es además siempre
política, como lo demuestran la denuncia de Domitila Chungara,
en su condena sobre la situación de los mineros de Bolivia; Rigoberta
Menchú al hablar de la injusticia social y el racismo en Guatemala;
Benita Galeana, en su experiencia como militante del Partido Comunista
Mexicano; Ana Gutiérrez en su libro Se necesita muchacha, donde
aborda las condiciones de vida de las sirvientas del Cuzco, en Perú,
o Eduardo Galeano, en sus crónicas sobre diferentes países
latinoamericanos.
La maestra Rosaura Hernández Monroy, coordinadora del encuentro
y profesora-investigadora del Departamento de Humanidades, informó
que las Jornadas, en las que participaron cerca de 80 investigadores
de universidades como la Autónoma de Puebla, Delaware, Pennsylvania,
Nacional Autónoma de México, Presbiteriana Mackenzie de
Sao Paulo, Guadalajara, Claustro de Sor Juana, Luterana do Brasil y
del ITESM, entre otras, fueron distinguidas por el Fidecomiso de la
Cultura México-USA —conformado por el Consejo Nacional
para la Cultura y las Artes y la Fundación Rockefeller—
como un proyecto de excelencia por su labor de difusión al arte
y la cultura.
Además, este encuentro ha propiciado la creación de proyectos
editoriales, como la publicación de ocho tomos sobre las anteriores
jornadas, y próximamente, la firma de un convenio entre nuestra
Universidad y el Consorcio para la Colaboración de la Educación
Superior en América del Norte (CONAHEC), con el fin de crear
un vínculo entre las universidades de Estados Unidos, México
y Canadá, para realizar intercambio de docentes, estudiantes
e investigaciones. / Teresa Cedillo Nolasco, Alejandra Pérez
Amado
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El
Arte, el artista y los niños
Niños de entre 2 y 6 años de edad, del Centro
de Desarrollo Infantil (Cendi) Número 1, de nuestra Universidad,
interactuaron con el arte en su propio recinto al participar
en una exposición en la que el artista plástico
Álvaro Coria mostró una colección de más
de 10 esculturas de piedra, madera, bronce y metal, que transmite
pureza, armonía, erotismo y libertad.
Eventos como éste —realizado para dar inicio a
los talleres recreativos del mes de julio en el Cendi 1—,
dijo la licenciada Eréndira Hernández, pedagoga
del centro, permiten que los infantes adquieran los elementos
necesarios para recrear actividades colectivas e individuales,
mediante la contemplación y apreciación de manifestaciones
artísticas. / Alejandra Pérez Amado
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