Homenaje a Arnold Belkin: una visión
monocromática
EL PASADO SE refleja en el futuro, en una visión, en un solo sueño, el de Arnold Belkin, quien
conjuga realidad y fantasía, lo humano con el dolor, lo heroico con el sometimiento y la tradición
con la ficción.
Pinceladas que funden el mito, la imaginación, nuestro presente, el devenir humano. Donde la memoria nos
recuerda la historia y la utopía nos obliga a pensar, a sentir.
Esta Casa de estudios rinde homenaje póstumo al
artista, al hombre y visionario, en la exposición Memoria y utopía, que se presenta en las salas
Leopoldo Méndez e Ivonne Domenge, así como en el Espacio Babel, de la Unidad Xochimilco, hasta el
6 de junio.
Con un carácter multidisciplinario, talento y creatividad, Belkin nos regala imágenes pertenecientes
a un mundo tridimensional, donde los cuerpos son más de uno, con diferentes personalidades, con emociones
visibles.
Nacido en Calgary, Canadá, en 1930, Arnold Belkin decidió estudiar pintura en la Vancuver School
of Art. Atraído por los grandes muralistas mexicanos Orozco, Rivera y Siqueiros, viaja a nuestro país
en 1948.
En un éxodo cronológico, la exposición muestra la dinámica del pintor, donde queda
al descubierto su sentido humanista, mismo que responde a una de sus creencias fundamentales: el arte debe ser
reflexivo.
Como consideraba que el talento no debe ser comercial, generó pinturas mono-cromáticas, con lo cual
heredó al mundo un credo estético que olvida la estática y permite que el movimiento interactúe
con quien observa sus cuadros.
Belkin aquilató la esencia de los caudillos, mártires de pensamientos, de sueños que se inmortalizan
e inmortalizan las imágenes del artista. Así, los hermanos Serdán, Francisco Villa, Emiliano
Zapata, Francisco I. Madero, Simón Bolívar y Lucio Cabañas, reviven momentos heroicos en su
obra.
Memoria y utopía está compuesta por 29 piezas en serigrafías, litografía, aguafuerte,
crayón y lápiz, así como nueve acrílicos y cuatro óleos, además de una
serie de 18 gouches sobre papel titulada “El Dubbuk”. / Alejandra Pérez

Arnold Belkin realizó en 1981 la estatua El estudiante para la Unidad
Iztapalapa, y en 1983 pintó los murales Imágenes de nuestros días (tesis y antítesis)
y El muro de las soluciones: utopía posible (síntesis) y, en colaboración con alumnos de nuestra
Universidad, el mural Imágenes de nuestros días, una utopía posible, en la fachada del Teatro
del Fuego Nuevo.
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