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Política científica versus
política
de innovación
EN MÉXICO CERCA de 3 mil 500 becarios de
posgrado terminan sus estudios anualmente; sin embargo, menos de mil logran ubicarse en el mercado laboral, por
lo que es urgente crear líneas de desarrollo en un sólido programa de Ciencia y Tecnología.
En ese contexto, el doctor Jesús Álvarez Calderón, profesor de nuestra Universidad, subrayó
que en México no existe una política de Ciencia y Tecnología que incluya la educación
superior, ciencias básicas y de transferencia y vinculación, sino sólo algunas acciones, como
otorgar becas a los estudiantes de posgrado y estimular el trabajo de investigación.
Sin embargo, apuntó, una de las principales preocupaciones es crear fuentes de trabajo para los egresados
del doctorado, que cada vez son más y no cuentan con los espacios necesarios para desempeñarse.
Esta fue una de las principales preocupaciones manifestadas
en el marco de la conferencia magistral “Política científica versus política de innovación:
¿Es posible el equilibrio?”, dictada en nuestra Universidad por el doctor Luis Sanz Menéndez, investigador
en la Unidad de Políticas Comparadas, del Consejo Superior de Investigación Científica (CISC)
de España.
Profesionalizar la investigación
El doctor Sanz Menéndez subrayó que el desempleo de doctores a mediano plazo es común, principalmente
en países donde el proceso de formación de recursos humanos ha sido promovido por el gobierno. Sin
embargo, ejemplificó, en España se puso en marcha un programa específico de incorporación
de los doctores a las empresas y en un plazo de tres años se ubicó a 600.
Mencionó que debe asegurarse la generación de nuevos conocimientos y capacidades en los recursos
humanos (mayor financiamiento y garantizar el desarrollo de la investigación básica); promover lazos
entre Ciencia e industria y la difusión del conocimiento (creación de centros de vinculación
e intermediación e incubadoras tecnológicas), así como crear incentivos para la innovación
del sector privado (regímenes de protección de la propiedad intelectual y beneficios fiscales).
En este encuentro, organizado por nuestra Universidad, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico
y la Academia Mexicana de Ciencias, científicos y especialistas coincidieron en señalar que la Ley
de Ciencia y Tecnología es muy compleja y difícil de entender, y que sin financiamiento adecuado
será complicado profesionalizar la investigación en el país.
Crear incentivos
El doctor Pablo Ruiz Nápoles, de la Facultad de Economía de la UNAM, sostuvo que la toma de decisiones
respecto de la Ley de Ciencia y Tecnología depende del Ejecutivo y de sus secretarios de Estado, lo que
deja fuera a las principales instituciones, las cuales no están representadas en el Consejo General, pero
realizan 80 por ciento de la investigación científica en México.
Los investigadores aseguraron que es “alta la presión” por lograr una vinculación entre las universidades
o instituciones de investigación con la industria, con el consecuente descuido de la investigación
básica que genera el conocimiento.
La doctora Marcia Hiriart, del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, consideró correcto promover
lazos entre la ciencia y la industria y crear incentivos, pero calificó de “grave” que de un momento a otro
se diga que sin esa relación los investigadores no producen y se les retiren los apoyos. Agregó que
asegurar la generación del conocimiento es algo que debería retomar el Consejo Nacional de Ciencia
y Tecnología (Conacyt).
La doctora Rosalba Casas, del Instituto de Investigaciones Sociales (UNAM), indicó que la relación
entre Ciencia e industria es fundamental en un país como México, que concentra sus capacidades de
investigación en el sector público y en donde el sector privado invierte poco, pero que las universidades
y los centros de investigación deben trabajar con una perspectiva de colectivos y ya no de manera individual,
como lo hacen tradicionalmente. / Rosario Valdez
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