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Homenaje a Juan José Arreola
y José Emilio Pacheco en el IV Congreso Internacional de Literatura Latinoamericana
ESENCIALMENTE ACADÉMICO, POR su origen,
abierto a los especialistas y al público interesado en general, el Congreso Internacional de Literatura
Latinoamericana, organizado por profesores-investigadores de las tres unidades académicas de nuestra Casa
de estudios, se ha erigido como el único foro en su tipo de la región que alienta el debate, la reflexión
y el análisis sobre temas fundamentales que atañen a la creación literaria y a los lectores.
Para su cuarta edición, realizada del 30 de septiembre
al 4 de octubre en la Rectoría General, la convergencia de escritores, analistas y teóricos puso
de manifiesto el interés central del Congreso por explorar el hecho literario como una “experiencia vitalmente
humana”.
Alrededor de El problema de los géneros al filo del nuevo siglo, se conformaron 33 mesas de trabajo, con
un enfoque multidisciplinario: de la narrativa al teatro, de la poesía al ensayo, de la biografía
a la historia, del libro a los medios electrónicos, de la difusión a la divulgación. Abanico
profuso pero profundo sobre la situación actual de la literatura.
En la inauguración, la doctora Sandra Lorenzano, profesora-investigadora advirtió que la banalización
y manoseo de las palabras, su uso superficial por “mesías mediáticos” o por cualquiera que hoy “se
autodenomina salvador del universo”, configuran algunos de los síntomas del diagnóstico realizado
sobre el estado actual que guardan estas imprescindibles herramientas, necesarias para el diálogo, la reflexión
y el encuentro con el otro.
Como en 1934, cuando Hermann Broch escribió: “Se ha adueñado de la humanidad un singular desprecio
por la palabra”, en estos momentos “vivimos en el reino del palabrerío superficial y plano, del empaste
de la lengua”. |
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La ética del lenguaje
Lorenzano recordó la advertencia señalada por el periodista polaco Ryszard Kapuscinski, en su reciente
visita al país, cuando refirió que “el comienzo de las guerras no lo marca el primer disparo con
un arma de fuego sino el cambio del lenguaje”.
A nombre de los participantes del encuentro, la escritora hizo un llamado para “volver a pensar en la ética
del lenguaje”. Porque “amar las palabras y protegerlas, es defender la posibilidad de la reflexión, del
diálogo, del encuentro con el otro, es reconocer nuestra propia memoria, nuestra identidad. Y la palabra
literaria es, en este sentido, fundamental”.
En su turno, el doctor Luis Mier y Terán Casanueva, rector general de nuestra Institución, recordó
que “en nuestra literatura, en sus diversos lenguajes, hallamos un campo especialmente privilegiado para la cultura”.
Enfatizó que “en los últimos tiempos hemos sido testigos de una intensa reflexión en torno
a las formas como los lenguajes se nos presentan, generando la certidumbre de que en la forma, los contenidos cobran
su verdadera dimensión”.
El doctor Mier y Terán Casanueva hizo hincapié en que el compromiso de la UAM con la sociedad “se
ve reflejado en el cumplimiento cotidiano de nuestras tres tareas sustantivas, en la docencia, la investigación
y la difusión y preservación de la cultura. Por ello, la celebración, aquí, del IV
Congreso refleja el interés por dialogar, por abrir nuestras puertas y propiciar así el cultivo y
difusión de los saberes”.
Orfebrería poética
El Congreso inició con la conferencia magistral impartida por Sara Poot, académica de la Universidad
de California, Santa Bárbara, en homenaje al escritor jalisciense Juan José Arreola (1918-2001).
Considerada por sus pares como la especialista mexicana con los aportes más originales y acuciosos sobre
la obra del autor de La feria, a manera de árbol genealógico, Poot habló sobre los nexos,
ligas y encadenamientos que trenzan los “poemas en prosa” publicados por Arreola.
Creador de formas breves que aspiran a la universalidad, “cada uno de sus libros –apuntó– parece cerrar
un ciclo de relatos, pero entre ellos existen encadenamientos como espirales” que convierten su lectura, en cada
ocasión, en experiencia novedosa.
Doctorada en Literatura por El Colegio de México, por su tesis “Giros en espiral: El proyecto literario
de Juan José Arreola”, la académica declaró que en cada incursión que realiza entorno
al escritor va en busca de ideas, dada la exhaustiva práctica de la crítica por recurrir a la cita
textual del autor. “Un autor que, como señaló Octavio Paz, alcanzó en su Bestiario una obra
de orfebrería poética perfecta”.
En ese contexto, adelantó que en noviembre próximo, cuando se cumple el 50 aniversario de la publicación
de Confabulario, aparecerá en la revista Luvina un ensayo inédito de su autoría, con comentarios
sobre las “arreoladas” y los “arreolitos”, como define Poot al humor y la risa, presentes en la obra de Juan José
Arreola. / Estrella Olvera
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José Emilio Pacheco o el fluir
del tiempo
Autor del libro La hoguera y el viento. José Emilio Pacheco ante la crítica, publicado hace más
de una década, Hugo Verani –jefe del Departamento de Lenguas y Literaturas romances, de la Universidad de
Notre Dame, Indiana– convirtió la obra del ensayista, traductor y poeta mexicano en una de sus fuentes de
exploración académica.
Como pocos especialistas, ha seguido, con extremo detalle, cada una de las facetas literarias y profesionales del
escritor mexicano.
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Invitado especial del IV Congreso Internacional de Literatura
Latinoamericana, Verani presentó el viernes 4 de octubre, en la mesa-homenaje al autor de Irás y
no volverás, un ensayo inédito, titulado Voces de la memoria. La narrativa breve de José Emilio
Pacheco.
Ocasión excepcional, para entrevistarlo y hurgar en los entresijos del nuevo miembro de la Universidad Autónoma
Metropolitana ad honorem causa.
¿Qué elemento da unidad a la obra de un autor polígrafo como José Emilio Pacheco?
Hugo Verani (HV): Hay varios, pero el más obvio es el fluir del tiempo; del tiempo que pasa. Su primer gran
libro de poemas No me preguntes cómo pasa el tiempo lo indica visualizando el pasado no con nostalgia, como
suelen decir casi todos los críticos, sino al revés, creo que es lo opuesto. |
¿Ese interés permanece?
HV: Sí, precisamente en este Congreso voy a hablar de tres textos, uno de los años 60, “Tarde de
agosto” (cuento), otro de los años 70, El principio del placer, y Las batallas en el desierto –que es del
81–, para mostrar la continuidad de ese interés en él. Faltaría el de los 90, no lo ha hecho,
no sé porqué, habría que preguntárselo ahora que estará con nosotros.
¿Cuál es su hipótesis de por qué José Emilio Pacheco ya no publicó
novelas?
HV: Bueno, tiene un manuscrito, como de mil páginas o algo así, no sé porque no lo ha publicado.
Tiene dos textos narrativos, dos novelas sobre la Guerra Cristera –él me lo ha dicho– que ha venido trabajando
desde hace mucho tiempo, pero no sabemos porqué ha decidido no publicar.
Tiene también una novela corta que aparentemente
está muy cerca de terminar, sobre Gálvez que fue el gobernador en Nueva Orleans. Pero no las ha publicado
porque le dedica mucho tiempo a su poesía, sigue con sus trabajos de periodismo cultural, sigue con sus
clases, sigue con sus conferencias, pero, es verdad, la narrativa la ha dejado desde Las batallas…
¿Serán autoexigencias?
HV: Puede ser. Como sabemos, reescribe todo lo que publica, ha estado reescribiendo toda su narrativa que va a
publicar Alfaguara.
¿Es común esta práctica de la reescritura?
HV: Es muy común en la literatura en general y, en la hispanoamericana, desde Borges. Octavio Paz, que prácticamente
reescribió toda su obra. Cada vez que publicaba un libro lo reescribía, reescribía sus poemas.
Para la publicación de sus obras completas volvió a hacerlo. Libertad bajo palabra –su primer gran
libro de poesía– creo que pasó por seis o siete ediciones y, cada vez que lo reeditaba, lo reescribía.
Pacheco pertenece a ese grupo de escritores que son muy exigentes consigo mismos. |
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¿Qué dice la crítica?
HV: Hay dos versiones, como siempre, unos creen que no se debe hacer, que el texto pertenece a la historia, a la
tradición, a la cultura, al lenguaje, y otros que dicen, bueno, pues el texto pertenece a Octavio Paz, a
Pacheco, a Borges, tienen derecho. No sé hasta qué punto es justo reescribir algo escrito a los 20
años y reescribirlo a los 50 o a los 60, con otra sabiduría, con otro conocimiento, es otro texto.
Pero, a la vez, es su obra, tienen derecho a que quede lo que ellos quieren que quede. Morirás lejos, en
el caso de Pacheco, ha pasado por varias reescrituras, la última está por salir.
¿El que no exista, hasta ahora, una recopilación de sus colaboraciones en la prensa obedece a
la misma razón?
HV: Creo que no. Hubo un intento, no recuerdo de quién, de publicar todo su Inventario, en Proceso –que
es maravilloso–. Escribir una vez a la semana un texto de ese nivel, de esa calidad, es único en el periodismo
cultural. El intento hubiera sido de 23 volúmenes, y él se negó. Por lo general, no recoge
su crítica en volumen; recoge su poesía, su narrativa, pero la crítica, en mi opinión,
la ve como algo más circunstancial, más del momento. Se equivoca, hay cosas que son muy circunstanciales,
evidentemente, pero tiene ensayos extraordinarios.
José Emilio Pacheco es uno de los escritores más admirados en toda Latinoamérica. En la generación
de escritores que ya tienen 60 años, de ese grupo, es de los más admirados. Ha sido invitado continuamente
a varios países, ha recibido premios en Colombia, en Chile –lo cual es poco común– y ha estado varias
veces en Argentina, hasta en el pequeño Uruguay (de donde es originario Verani). Tiene un gran reconocimiento
internacional. / Estrella Olvera |
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