Homenaje a creadores
del espacio y el lenguaje
EL RECTOR GENERAL de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), doctor Luis Mier y Terán Casanueva,
entregó el grado de Doctor Honoris Causa a Juan José Arreola (Zapotlán el Grande1918-2001)
Gillo Dorfles (Trieste, Italia, 1910), Martín Luis Gutiérrez Martínez (Gómez Palacio,
Durango, 1927) y a José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939).
En ceremonia efectuada el pasado viernes 4 de octubre en la Rectoría General de esta Casa de estudios y
ante los rectores y autoridades de las tres unidades académicas, profesores distinguidos, doctores Honoris
Causa, académicos y miembros de la comunidad universitaria, el doctor Luis Mier y Terán destacó
la labor creativa de los homenajeados y puntualizó que honrar a estos cuatro maestros permite refrendar
los compromisos que la UAM tiene con la sociedad, que es su origen y sentido. Señaló que la labor
que han llevado a cabo a lo largo de sus vidas, en sus respectivos campos, complementa el quehacer cotidiano que
los universitarios realizamos en la Universidad.
Ante más de 300 asistentes, reconoció que los homenajeados nos han enseñado a apreciar de
manera más incisiva nuestra realidad y han permitido con sus obras que apreciemos el espacio y los seres
que lo habitan, de un modo más humano, crítico y comprometido.

Por considerarlo de interés para la comunidad
universitaria, a continuación se reproducen íntegros los discursos pronunciados por el doctor Luis
Mier y Terán Casanueva, rector general de nuestra Universidad y del escritor José Emilio Pacheco,
durante la ceremonia de entrega de los doctorados Honoris Causa, realizada el 4 de octubre en la Rectoría
General
Volver más habitable el mundo,
nuestro fin común
Palabras del doctor Luis Mier y Terán
Casanueva
Señoras y señores:
La Universidad Autónoma Metropolitana nació en 1974 como un proyecto que ofreciera educación
universitaria pública a la comunidad estudiantil agrupada en la Ciudad de México y sus alrededores.
Desde ese año la UAM se erigió como una alternativa viable en la oferta que otras instituciones ofrecían
a los jóvenes que deseaban realizar una licenciatura y, posteriormente, un posgrado.
El lema de nuestra Universidad, Casa abierta al tiempo, ha guiado nuestro quehacer cotidiano. Esta casa se ha convertido
en un espacio en el que convergen distintas disciplinas, diversas ideologías, diferentes formas de concebir
la realidad y su conocimiento; pero todas tienen un fin común: volver más habitable nuestro mundo,
nuestro tiempo.
La Universidad Autónoma Metropolitana tiene como labores sustantivas la docencia, la investigación
y la creación, preservación y difusión de la cultura. Los tres ámbitos se sintetizan
felizmente cuando, como hoy, la Universidad reconoce la labor de eminentes maestros, creadores y difusores del
arte. Nos congrega esta noche, la entrega de los Doctorados Honoris Causa a cuatro entrañables personajes,
maestros cada uno en sus respectivos universos de creación.
El Colegio Académico de la UAM es el órgano
colegiado donde convergen todas las instancias institucionales que integran nuestro sistema universitario. Es este
cuerpo de deliberación colectiva el que, a propuestas específicas hechas por la comunidad, otorga
estos reconocimientos.
El grado de Doctor Honoris Causa es la manera en que las universidades reconocen la destacada labor de quienes
han contribuido de forma relevante en los quehaceres docentes, de investigación y de creación y difusión
de la cultura, en especial cuando esa labor sirve como puente entre el escenario universitario y las comunidades
que la rodean.
Compromiso refrendado
Honrar esta noche a estos cuatro maestros nos permite refrendar los compromisos que la UAM tiene con aquellos que
no asisten a sus aulas, pero a quienes nos debemos: la sociedad mexicana que es nuestro origen y sentido.
La labor que ellos han realizado a lo largo de sus vidas en sus respectivos campos complementa el quehacer cotidiano
que los universitarios realizamos en las unidades académicas de Azcapotzalco, Iztapalapa y Xochimilco, así
como en la Difusión Cultural de la Rectoría General.
Las personalidades de la creación a quienes hoy reconocemos, nos han enseñado a ver de manera más
incisiva nuestra realidad, han permitido con sus obras que apreciemos el espacio y los seres que lo habitan de
un modo más humano, crítico y comprometido.
En suma, nos han formado en modalidades distintas de la “lectura”: de los objetos, con el diseño; de las
áreas de tránsito y encuentro urbano y los edificios, con la arquitectura; de la diversidad y pluralidad
de conductas, tradiciones, culturas y formas de ser en el mundo, con el discurso literario y la crítica
estética.
Creadores del espacio y la palabra
Así, la realidad de la que formamos parte, se humaniza plenamente gracias al trabajo y el lenguaje. Y esos
son nuestros homenajeados: creadores del espacio, creadores de la palabra. Con formas constructivas y recursos
narrativos se apoderan del mundo, para que éste nos sea más próximo, para que en su dilatada
geografía podamos deambular y circular para establecer y postular nuestro sentido.
Resultan lazarillos excepcionalmente dotados para conducir y definir rumbos de la vida en común. Por fortuna
para nosotros, existen personas, como a las que honramos esta noche, que se exponen al público, que escriben,
diseñan, construyen, y así dan testimonio de su quehacer y, además, nos facilitan la vida.
Las universidades, en especial la nuestra, deben agradecer y premiar a quienes fuera del ámbito universitario
entregan su obra a un público heterogéneo, múltiple. En esta ocasión reconocemos, en
nuestros galardonados, tres ámbitos del saber humano: la literatura, el diseño y la arquitectura.
Esta última, la arquitectura, nos ofrece el ámbito donde desarrollamos todas nuestras actividades.
Esta disciplina convierte el espacio abierto en espacio habitable. Alguna vez el filósofo judío Baruch
Spinoza dijo que definirse es limitarse. Nosotros diríamos que limitar el espacio es definir el ambiente
humano.
En buena medida las casas que habitamos, sus formas, su altura, el lugar en que están enclavadas, nos definen.
Y nosotros las definimos a ellas cuando les añadimos un cierto tipo de mesa y no otra, cuando decidimos
cierto tipo de ventanas y no otro. Es decir, nos las apropiamos. Eso, siguiendo a Spinoza, es limitar definiendo.
O definiendo al limitarse.
Por su parte, el diseño es una disciplina que ha estado presente desde tiempos inmemoriales, pero que sólo
hasta fechas recientes ha adquirido la notoriedad y el reconocimiento que siempre debió tener. Sería
imposible para nosotros saber en qué calle nos encontramos si no hubiera una placa que indicara su nombre.
La forma, el tamaño, si es visible por las noches cuando la iluminamos con los faros del auto la placa de
metal, todo esto fue pensado, decidido por alguien. Ese alguien es un diseñador. Actualmente, casi cada
objeto, desde el más simple hasta el más sofisticado, ha sido pensado y repensado hasta el cansancio
para darle la forma más adecuada para nuestro uso y deleite.
La memoria y los sueños
Si ya tenemos las herramientas básicas de dónde y cómo vivir, a dónde ir, cómo
comunicar mensajes a los otros, cómo disfrutar los distintos embalajes en los que se presentan los productos
que usamos y consumimos, ahora necesitamos atender otra área de nuestra vida. Esa zona es la de los sueños
y la memoria. Y el ámbito natural de éstos es la literatura.
Los versos, los cuentos, las novelas, las obras de teatro, los ensayos, nos remiten a la otra casa del ser humano.
No el espacio físico, sino el simbólico. Es la casa de la palabra. La casa del logos, del conocimiento,
de la ciencia. La Casa abierta al tiempo.
Para la Universidad Autónoma Metropolitana es muy importante reconocer a quienes esta noche recibirán
el grado de Doctor Honoris Causa por parte de nuestra Institución. Voy a mencionarlos en orden alfabético.
Juan José Arreola nació en Zapotlán el Grande, hoy Ciudad Guzmán, Jalisco, en 1918.
Es uno de los mayores prosistas que ha dado nuestro país. Autodidacta, trabajó en diversos oficios,
entre ellos el de tipógrafo. Su amor por la literatura, el ajedrez, el tenis, el tenis de mesa, la ropa,
la encuadernación, lo volvieron un erudito en diversos campos. Fundó, junto a otros importantes escritores
y actores, Poesía en Voz Alta, la última gran cruzada nacional en pro de la lectura.
Por si fuera poco haber sido un excelente escritor, Arreola fundó el primer Taller Literario que existió
en nuestro país. Por allí pasaron algunas de las plumas más reconocidas de México.
Su trabajo como maestro fue igual de importante que su labor como creador. Su desaparición física
reciente vuelve más obligado el reconocimiento a su obra y a su vida, planos que a veces no se diferenciaban
en su actuar.
Quisiera terminar este recuerdo del maestro Arreola citando sus palabras, que se refieren tanto a cómo concebía
su literatura como a la labor que delegaba en los jóvenes, sus alumnos. Se trata de la parte final del texto
“De memoria y olvido”, que servía de prólogo a su Confabulario:
No he tenido tiempo de ejercer la literatura. Pero
he dedicado todas las horas posibles para amarla. Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que
mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías a Franz Kafka... Vivo rodeado por sombras
clásicas y benévolas que protegen mi sueño de escritor. Pero también por los jóvenes
que harán la nueva literatura mexicana: en ellos delego la tarea que no he podido realizar. Para facilitarla,
les cuento todos los días lo que aprendí en las pocas horas en que mi boca estuvo gobernada por el
otro. Lo que oí, un solo instante, a través de la zarza ardiente.
Gran honor
Gillo Dorfles nació en Trieste en 1910. Estudió en Roma y Milán. En la Universidad de Milán
es profesor de estética desde 1956. Ha publicado monografías sobre Durero, El Bosco y otros pintores.
Junto al arquitecto Marco Zanuso organizó la exposición Diseño industrial italiano, en Londres,
en 1955.
El maestro Dorfles tiene una relación muy especial con nuestro país. Nos visitó por primera
vez en 1978, al acudir a la Conferencia Internacional de Comunicación, llevada a cabo en Acapulco. En 1986
fue invitado por la UAM a impartir conferencias sobre arte, teoría, movimientos artísticos y diseño
industrial. Ese mismo año escribió un texto sobre la muestra Italia diseño, que se llevó
a cabo en el Museo Rufino Tamayo.
También en ese año fue admitido como miembro de la Academia Mexicana de Diseño. Debemos recordar
que un año antes, en 1985, había ocurrido el trágico sismo del 19 de septiembre. El maestro
Dorfles reflexionó así al ver nuestra ciudad, texto que se publicó en el diario Corriere della
Sera:
Los signos del sismo están circunscritos y
la capital en una primera ojeada aparece intacta. Los descendientes de los aztecas tienen muchas ganas de hacer,
aprender y progresar. Para hacer frente a las fuertes inmigraciones en el sector norte, el más pobre de
la metrópoli y la zona más industrializada, ha sido creada una gran universidad, la Metropolitana
de Azcapotzalco.
Me voy a permitir leer también un saludo que envía
el doctor Guillo Dorfles para esta noche de conmemoración. Dice así:
Señor Rector General de la Universidad Autónoma Metropolitana y a todos los profesores y estudiantes:
Es para mí un gran honor el que se me otorgue el Doctorado Honoris Causa en diseño industrial, y
lo único que lamento es no poder participar personalmente en la ceremonia. Mi admiración por México
y mi amistad con sus habitantes, desde la primera vez que estuve en vuestro gran país en 1980, hace que
este reconocimiento tenga para mí un valor especial; no solamente porque recuerdo con nostalgia la época
en la que fui invitado a impartir un curso de diseño en la UAM-Azcapotzalco, sino también porque
ya tuve el honor de estar acreditado como Académico de Honor Extranjero en la Academia Mexicana de Diseño.
Creo entonces que el desarrollo y la imaginación que caracterizan a la arquitectura y al diseño mexicano
son una prueba segura de la importancia que México ya tiene, y que siempre va a tener más dentro
del subcon-tinente latinoamericano y de todo el mundo civilizado. Una vez más quiero expresar mi agradecimiento
por el gran honor que la Universidad Autónoma Metropolitana me hace y espero tener otra vez la oportunidad
de encontrarme personalmente con todo el cuerpo académico.
Dr. Gillo Dorfles
Milán, Italia
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El arquitecto Martín Luis Gutiérrez Martínez es originario de Gómez Palacio, Durango,
donde nació en 1927. Realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM. Entre
los sinodales de su tesis profesional estuvo el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, primer Rector General
de nuestra Institución. Martín Luis Gutiérrez Martínez fue fundador de la Unidad Azcapotzalco
de la UAM, donde fue el primer director de la División de Ciencias y Artes para el Diseño.
A su labor académica, de planeación, ha conjuntado su ejercicio profesional en la construcción.
También es digna de mención su aportación en otras universidades, como la Autónoma
de La Laguna, Universidad La Salle y Universidad Anáhuac, campus Norte y Sur. Ha sido integrante de diversas
asociaciones académicas y recibido múltiples distinciones a su trabajo.
La palabra, principio del placer
A José Emilio Pacheco lo une con Juan José Arreola que fue, orgullosamente, como él lo ha
comentado, amanuense del maestro Arreola. Porque a él le dictó los textos de uno de sus mejores libros,
Bestiario. El maestro José Emilio Pacheco es originario de la Ciudad de México, donde nació
en 1939. Realizó estudios en las facultades de Derecho y de Filosofía y Letras de la UNAM.
Desde muy joven comenzó a trabajar en las mesas de redacción de revistas tan importantes como Medio
Siglo, Estaciones (cuyo director fue el poeta Elías Nandino), Revista de la Universidad de México,
entre otras. Ha publicado cuento, novela, poesía, ensayo, además de rescatar, por ejemplo, el Diario
de Federico Gamboa. Merece también mencionarse su destacada labor como traductor. De su traducción
de Los cuatro cuartetos, de T. S. Eliot, Octavio Paz opinó que era la mejor versión realizada a cualquier
idioma.
Poseedor de una amplia bibliografía, el maestro Pacheco ha vuelto también su ámbito natural
el periodismo. Su columna “Inventario”, que aparece en Proceso desde 1976, año de fundación del semanario,
es una muestra del talento y la amplitud de intereses de su autor. Es la muestra fehaciente de que la palabra,
parafraseando un título del propio José Emilio, es el principio del placer.
Con el reconocimiento que hacemos este día a estos cuatro grandes maestros, la Universidad Autónoma
Metropolitana devuelve, en ellos, a la sociedad de la cual forma parte, un poco de lo mucho que la comunidad nos
confía. Las universidades públicas son la garantía de que los estudiantes de escasos recursos
tendrán un espacio para desarrollarse. Que estas casas del conocimiento sigan vigentes, extendiendo sus
posibilidades en formas novedosas de acercarse a las comunidades, debe ser y es nuestro compromiso.
Honrar a los mejores, en nuestros cuatro nuevos Doctores Honoris Causa, demuestra la vida interna de la Universidad
Autónoma Metropolitana. Mientras seamos mejores, responderemos con justeza a nuestros compromisos con la
sociedad a la cual nos debemos. La Universidad es la unidad de lo diverso, la conjunción de los versos en
una dirección razonada. Sigamos abiertos, expon-gámonos. Sólo así encontraremos a quienes,
como los cuatro maestros a los que honramos esta noche, andarán con nosotros en este camino del conocimiento,
de los sueños, de la imaginación

El diálogo del conocimiento
Palabras de José Emilio Pacheco
La Universidad Autónoma Metropolitana no cumple aún treinta años de existencia. Sin embargo
ya es una de las instituciones de mayor prestigio dentro y fuera del ámbito académico. En sus tres
planteles de Azcapotzalco, Iztapalapa y Xochimilco ha formado en tan poco tiempo a varias generaciones de profesionales
que mucho han contribuido a cambiar para bien nuestro país.
Un mérito indiscutible de la UAM es mantener el equilibrio y el diálogo entre las ciencias, las técnicas
y las humanidades. Prueba de su amplitud y su diversidad es el haber elegido para conferirles el altísimo
honor de un Doctorado Honoris Causa a personas que sobresalen en los más diversos campos como Juan José
Arreola, Gillo Dorfles y Martín Luis Gutiérrez Martínez.
El rector general Luis Mier y Terán Casanueva agregó a esa gran distinción el honor de pedirme
que hablara en nombre de ellos. Mi actividad abarca varios géneros literarios, pero no me fue dado el don
del discurso público. Cuanto me gustaría que la gran presencia ausente de esta noche, Juan José
Arreola, hubiera estado aquí para decir, con su palabra incomparable, cómo agradecemos y hasta qué
punto nos enaltece la honra que hoy recibimos de la UAM.
No finjo modestia, acepto nada más la realidad, cuando digo que estoy muy lejos de alcanzar los méritos
de Juan José Arreola, Gillo Dorfles y Martín Luis Gutiérrez. Sólo la generosidad sin
límite de los profesores de la UAM y de su Colegio Académico me permite estar aquí junto a
ellos.
El arte de la prosa
En estas semanas de homenaje a su obra y a su actividad hemos comprobado que Juan José Arreola no está
muerto. Por el contrario, cada día escribe mejor . Sus libros Varia invención y Confabulario abrieron
el medio siglo de oro de la literatura mexicana, época que podemos situar entre 1949 y 1999 y que esperamos
con auténtica fe ver continuado y enriquecido por las nuevas generaciones.
Arreola dominó como pocos lo que Ezra Pound llamó
“el arte inexpresablemente difícil de la buena prosa”, hizo en definitiva mexicana la lengua española
y fue universitario en el más amplio sentido del término porque, no conforme con su obra ejemplar,
transmitió su enseñanza y su fervor a muchos otros escritores y escritoras.
Por una coincidencia afortunada, en estas semanas se han publicado varios nuevos libros que Arreola no pensó
haber escrito. Gracias al Breviario alfabético que compiló Javier García Galeano nos enteramos
de que en 1948 Arreola ganó el concurso para ponerle nombre a una nueva colección del Fondo de Cultura
Económica. La serie se llama desde entonces Breviarios.
En uno de esos Breviarios los nuevos lectores de hace 40 años conocimos a Gillo Dorfles por su gran libro
El devenir de las artes, en traducción de Roberto Fernández Balbuena. Orso Arreola ha compilado la
Prosa dispersa de su padre en que hay dos textos sobre su amigo Fernández Balbuena, pintor notable a quien,
por si fuera poco, debemos en gran parte la salvación de las obras maestras del Museo del Prado en el curso
de la guerra civil española.
Contenido indígena
No podríamos entender el arte del siglo que ya es nuestro siglo pasado sin la lucidez y la sabiduría
de Gillo Dorfles, sin libros como El discurso técnico sobre las artes; Símbolo, comunicación
y consumo; Últimas tendencias del arte de hoy. El autor de Naturaleza y artificio, La estética del
mito, entre tantos otros libros magistrales, lo es también de El barroco en la arquitectura moderna y El
diseño industrial y su estética.
Aquí nos encontramos ya en los terrenos que comparte con el arquitecto Martín Luis Gutiérrez.
Pero antes me gustaría añadir un paréntesis. Hace medio siglo Guillo Dorfles publicó
su monografía sobre Durero, primer artista europeo que admiró las obras de los artistas aztecas.
Casi al mismo tiempo, en Toledo, el embajador veneciano Andrea Navagero invitaba a Juan Boscán y a Garcilaso
de la Vega a renovar la poesía española adaptando las formas italianas, lo mismo que habían
hecho los romanos con sus modelos griegos. De allí partieron los primeros poemas castellanos escritos en
la Nueva España. En liras como las de fray Luis de León y San Juan de la Cruz Fernando de Alva Ixtlilxóchitl
tradujo los poemas de Nezahualcóyotl. Es decir, dio contenido indígena a la forma europea como hicieron
los creadores de nuestra arquitectura colonial.
Mexicano constructor
La arquitectura y el diseño, que tienen uno de sus mayores representantes en Martín Luis Gutiérrez,
son las artes más visibles y tangibles. Forman el ámbito de nuestra vida, el escenario de nuestro
drama. Como educador e investigador en este campo Martín Luis Gutiérrez ha desarrollado su tarea
en la UAM.
Como gran arquitecto, su obra nos sale al encuentro por todas partes: conjuntos urbanos, fraccionamientos, multifamiliares,
edificios públicos y de oficinas, viviendas, condominios, fábricas, plantas industriales, hospitales,
universidades, colegios, recintos deportivos y de espectáculos, casas habitación; no hay una sola
modalidad arquitectónica en que Martín Luis Gutiérrez no haya impreso su huella. Es uno de
los auténticos constructores del México que vemos y vivimos.
Ustedes pueden ver en qué ilustre y abrumadora compañía me encuentro por obra de la generosidad
de la UAM. A diferencia de lo que ocurre con Juan José Arreola, Guillo Dorfles y Martín Luis Gutiérrez,
en mí se recompensa más el intento que la realización.
Poco tiempo me queda, pero ojalá algún día pueda acercarme al menos a la altura que ellos
han alcanzado. Llegue o no ese momento, quiero expresarle nuevamente y para siempre a la UAM mi gratitud más
profunda y más sincera.
José Emilio Pacheco
4 de octubre de 2002
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