Con fecha de caducidad la agricultura
transgénica
LA AGRICULTURA TRANSGÉNICA podría, como los productos enlatados, tener fecha de caducidad. Iniciada
con grandes expectativas y postulada como la probable solución a los problemas de la producción y
del hambre en el mundo, hoy los cuestionamientos y dudas acerca de sus posibilidades reales y efectos se multiplican.
Especialistas de México y del extranjero presentes en el ciclo de conferencias “La agricultura transgénica.
Pros y contras, ¿para quién?, organizado por el grupo de investigación Biotecnología
y Sociedad de nuestra Casa de estudios fueron categóricos al señalar que no representa una solución
a los problemas de la producción agroindustrial ni tampoco una alternativa para generar alimentos de más
calidad.
En cambio, sostuvieron, ha provocado mayor dependencia
tecnológica respecto de las grandes empresas transnacionales y ha generado la especialización agrícola
en detrimento de otros cultivos.
Normas y leyes
El doctor Alessandro Bonano, académico de la Sam Houston State University en Texas, fue más lejos
al adelantar que ante la desaprobación mundial por el uso en el agro de los organismos genéticamente
modificados (OGM), la falta de estudios que comprueben su inocuidad en la salud y en la ecología, y debido
a que las industrias biotecnológicas se han enfocado más hacia el sector farmacéutico, es
probable que estemos ante el fin de los transgénicos en la agricultura.
En este contexto, los investigadores se pronunciaron por intensificar los estudios en los países latinoamericanos,
con el propósito de ubicar las áreas donde serían más útiles los OGM, sin dañar
el medio ambiente y las especies propias de cada nación.
Además, manifestaron su desacuerdo por la liberalización de los OGM y destacaron que se deben establecer
y aplicar normas y leyes más eficientes que regulen, no sólo el uso de los transgénicos, sino
su importación y movilización.
Uso inadecuado
La doctora Michelle Chauvet, profesora-investigadora del Departamento de Sociología de nuestra Universidad,
señaló que el problema con los transgénicos es que no se ha podido trasladar al agro todo
el potencial de la biotecnología agrícola.
“Las potencialidades se convierten en desventajas cuando
no solucionan problemas y, en cambio, acarrean otros como el uso inadecuado de los agroquímicos y el desmantelamiento
del aparato de producción agrícola”.
La maestra Yolanda Massieu Trigo, del Grupo de Investigación Biotecnología y Sociedad, dijo que se
debe tener en cuenta que detrás de la agricultura transgénica hay grandes intereses económicos,
que aún no se ha comprobado que los productos transgénicos no provocan daños a la salud y
al medio ambiente. No obstante, “es difícil pensar en que puedan coexistir con la agricultura convencional
sin provocar ningún problema“.
Falacia alimenticia
En su ponencia “El desarrollo de los transgénicos y el eclipse del proyecto de la modernidad”, el doctor
Alessandro Bonano expresó que la cuestión básica de la agricultura no es la cantidad de alimentos
que se producen, sino el alto precio con el que se venden a los consumidores. Es decir, apuntó, la premisa
de que los transgénicos solucionarían el problema de la alimentación mundial es una falacia,
ya que la gente que padece hambre no tiene los recursos para adquirir estos alimentos.
El especialista en Sociología Alimentaria consideró que los trans-génicos representan un proyecto
de ciencia que no es de liberación, sino que responde a un proceso de modernidad que en la actualidad se
encuentra en crisis.
Afirmó que los OGM se convirtieron en un instrumento de dominación cuyo objetivo es terminar con
la soberanía alimentaria de las comunidades campesinas y de los consumidores locales. Sin embargo, estableció
que ante la resistencia de la gente y de las comunidades científicas internacionales, así como debido
a una mayor inclinación hacia los productos orgánicos estamos ante “el inicio del fin de los transgénicos
en la agricultura”.
Urgente, legislar los OGM
La Norma Oficial Mexicana que regularía la importación, movilización y liberación al
ambiente en programas piloto y con fines comerciales de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) destinados
al uso agrícola, es un paliativo ante un problema más complejo, pues lo fundamental es contar con
una Ley de Bioseguridad que garantice el uso seguro de la biotecnología agrícola, afirmó la
doctora Michelle Chauvet.
Sin embargo, la maestra Yolanda Massieu Trigo señaló que la norma pretende que se puedan sembrar
transgénicos sin mayores medidas de seguridad y control, lo cual representa un beneficio para las empresas
transnacionales, pero un riesgo para la biodiversidad y la producción campesina, ya de por sí deprimida
por el escaso apoyo que se le brinda.
Aseveró que la aprobación de la Ley en Bioseguridad aún está lejos, toda vez que la
discusión sobre este asunto está cerrada para los legisladores. Actualmente, añadió,
en el Senado se hizo una mezcla con todas las iniciativas y el resultado es una ley pro industria que, “aunque
está detenida existe el temor de que se apruebe vía rápida y sin consideración alguna”.
Al abundar sobre el tema, la doctora Chauvet, investigadora del grupo de Biotecnología y Sociedad de esta
Casa de estudios, mencionó que la falta de un marco regulatorio en bioseguridad afecta al país, sobre
todo en el desarrollo de procesos biotecnológicos que puedan beneficiar la producción. Por lo que
recalcó la urgencia de complementar y mejorar la Norma, pero a partir de un ordenamiento legal sólido.
Sostuvo que una ley de bioseguridad debe tomar en cuenta que somos un país megadiverso que requiere establecer
una legislación apropiada a su contexto y no alinearse a los ordenamientos de las grandes empresas internacionales.
/ Javier Solórzano

La experiencia argentina
Al presentar el caso argentino, el doctor Miguel Teubal,
catedrático de la Universidad de Buenos Aires, expuso que, desde 1996, en su país se decidió
producir soya transgénica en gran parte del territorio, lo cual provocó transitar de un modelo agroa-limentario
autosuficiente a otro dominado por las grandes transnacionales y las tecnologías controladas por ellas.
El investigador comentó que la soya se transformó en el principal complejo exportador y con ello
la producción se expandió a todo el país. Esto generó que se eliminara la diversidad
productiva, pues se reemplazaron otros cultivos y sistemas productivos.
Los datos censales, afirmó, demuestran un aumento desmedido de la superficie destinada a la soya transgénica,
en algunos casos como en el noroeste de Argentina con un 138 por ciento, a costa de zonas destinadas a cultivos
industriales, como la hierba mate, caña de azúcar o algodón.
“En el ámbito nacional hubo una reducción importante del hato ganadero, tanto de vacunos como de
ovinos y porcinos, así como de productos básicos como las arbejas, lentejas, frijoles y el maíz
amarillo, los cuales en la actualidad empiezan a ser escasos porque entramos en un planteamiento de ser monoproductores.
El experto en agro industria expuso que Argentina enfrenta una caída en sus exportaciones agropecuarias
del 25 por ciento y señaló que ésta se ha agravado por la situación internacional,
donde hay cada vez más reticencia a consumir alimentos transgénicos, a pesar de que la soya exportada
es utilizada como forraje.
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