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Diario de fatigas
de Jan Hendrix

LA OBRA GRÁFICA de Jan Hendrix (Países
Bajos, 1949), sin eufemismos, es autobiográfica y resultado de su elección por el viaje permanente.
Autodefinido como nómada, en cierta forma al estilo de los pintores viajeros holandeses de los siglos XVI
y XVII, reconstruye en su trabajo los paisajes de cada uno de los sitios que ha recorrido.
Encontró en la naturaleza el tema de su quehacer artístico y vital. Sin embargo, no es un paisajista.
“Soy el espejo de lo que sucede afuera y tiene que pasar por mí. Lo que observo debo digerirlo para sacar
conclusiones” y, entonces, Hendrix rehace pero sin suplir.
Así, su obra se convierte en un catálogo
de referencias interiores capturadas de su entorno. Las imágenes de la naturaleza se amplifican o se reducen,
para hacer del espacio una de las nociones abstractas más inquietantes de su mirada, porque no debe perderse
de vista que Jan Hendrix es un creador figurativo. Desde la pequeña estampa hasta los dibujos sobre bronce
a gran escala, resultan inconmensurables.
Al trabajar por series o secuencias “inconscientemente estoy creando páginas”, dice el autor de Diario de
fatigas, su libro más reciente. Presidido por los tomos en los que recopila su obra de los años ochenta
y la de un viaje a China, así como por el libro de artista La rama dorada, realizado al alimón con
el premio Nobel de literatura Seamus Heaney, editado en Holanda y agotado desde su aparición, esta vez presenta
un recuento de los últimos 10 años.
“Diario de fatigas es el libro que llevan abordo los barcos mercantiles, donde se anota el desgaste sufrido por
la maquinaria y cuando se entra a puerto”. Organizada geográficamente, la publicación está
construida de la misma manera, con un sentido circular. Inicia y termina en Europa; sin embargo, el itinerario
por cada puerto pasa de España a Irlanda, de México a China, de Australia a Egipto.
Por tal orden, que se asemeja al de los cartógrafos,
los títulos se convierten en coordenadas y latitudes. En ese aspecto, la historiadora de arte Issa María
Benitez Dueñas asocia Diario de fatigas con “un mapamundi (que) se nos ofrece como el espacio mismo de la
posibilidad, precisamente porque contiene en un solo golpe de mirada lo desconocido, la diferencia y la historia”.
En tanto, Seamus Heaney, quien también presenta y comenta el libro, ve en la obra de Hendrix otra odisea,
La Eneida de Virgilio.
El poeta irlandés escribe: “He tenido la buena fortuna de que mis palabras viajaran en compañía
de un trabajador tan profundamente diestro en cuanto al sitio y la poesía como Jan Hendrix. Su maestría
va más allá de las aptitudes: al descubrimiento”. / Estrella Olvera
Viajes museo-deseo
VIAJES MUSEO-DESEO es un espectáculo con
una duración aproximada de una hora y media, conformado por dos obras con autores y tonos distintos, que
tendrá una breve temporada en el Teatro Casa de la Paz, de esta Universidad.
Se trata de la continuación del trabajo con-junto de los integrantes del grupo MUSEO- DESEO, quienes ya
han presentado Cabaret Museo-Deseo en el 2000 y que, en esta ocasión, toman el concepto de viaje para presentar
dos puestas en escena complementarias.
Tanto José Antonio Cordero como Lydia Margules
–integrantes del grupo– son un par de teatreros que han montado espectáculos propios en París, y
han obtenido la beca Jóvenes Creadores del Fonca, además de conjugar en su trabajo lo mejor de diversas
disciplinas como el video, la música y la danza.
El viaje de ida es La celebración de la imposibilidad, escrito y dirigido por Lydia Margules, que en un
tono fársico y oscuro, trata sobre el viaje imposible hacia uno mismo y la carcajada desgarradora al descubrir
la propia ausencia.
El viaje de vuelta es Iguazú, ópera de jabón, escrita y dirigida por José Antonio Cordero,
y trata del viaje en su sentido más ligero: el turismo. Un turismo que también se vuelve una búsqueda;
en este caso la búsqueda de lo divino manifestado en la obra natural o humana de mayor belleza.
Viajes Museo-Deseo cuenta con la música original y diseño sonoro de Alejandra Hernández y
la escenografía e iluminación de Flavia Hevia. Además de los autores, entre los actores se
cuentan Aída López, Cristian Baumgartner, Gabriel Castillo, Lourdes Echavarría, Nora Huerta
y Nuria Kaiser.
Juan José Calatayud
in memoriam
(Córdoba, Veracruz, 1939-Ciudad de México, 2003)
Nuestra Casa abierta al tiempo está indisolublemente ligada a la vida y obra del jazzista mexicano Juan
José Calatayud, fallecido el pasado 23 de marzo. El pianista fue el primer director de actividades musicales
de la Unidad Iztapalapa y precursor del legendario ciclo “Los martes jazz”, que tenía lugar en el ahora
Teatro Casa de la Paz.
En 2001, la Universidad le rindió homenaje al compositor de obras como Misa en soul mayor, por sus “500
presentaciones o más, porque ya no me acuerdo”, como literalmente puede leerse en la placa conmemorativa
que pende en el vestíbulo del Teatro Casa de la Paz.
Fundador del grupo de jazz 3:14:16, recordamos al maestro Calatayud con algunos de los testimonios que nos dejó
a propósito de aquel reconocimiento:
Juan José Calatayud es un hombre que le sonríe
a la vida. De niño
tocaba el piano para los bailes de las fiestas familiares: mambo,
cha-cha-cha, lo que se escuchaba en la radio por entonces.
Esa fue su mejor escuela, como dice: De niño uno absorbe todo.
De mi generación en el Conservatorio, creo que soy —casi, casi— el
único que hace música popular.
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