Comunidades

Semanario de la UAM

16 de diciembre de 2002

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Gastan hogares 63% de ingresos
en salud

LOS MEXICANOS INVIERTEN 63.3 por ciento de sus ingresos para acceder a los servicios de salud y a los medicamentos, mientras el gobierno aporta 14.4 por ciento y los empresarios 21.8 puntos porcentuales, señaló el doctor Raúl Molina Salazar, académico de esta Universidad, al señalar que, como en muchos países no industrializados, en el nuestro la principal fuente de financiamiento en este rubro es el gasto de los hogares.

Al dictar la conferencia “Financiamiento y Acceso a los Medicamentos en México”, en el marco del seminario Teoría Económica y sus Aplicaciones, el jefe del Departamento de Economía destacó que en nuestro país el gasto directo de bolsillo de las familias en medicamentos ocupa un lugar muy importante en relación con el gasto en salud, puesto que del total, las medicinas ocupan una tercera parte, cuando en Estados Unidos representan sólo el ocho por ciento y en Inglaterra el seis por ciento.

“El gasto en medicamentos como porcentaje del gasto en salud se elevó de 23.8 por ciento a 32, lo cual es grave, pero lo es todavía más cuando encontramos que los hogares ubicados en el rango de menores ingresos gastan relativamente más que las familias con mayores ingresos”.

Molina Salazar afirmó que 10 millones de mexicanos carecen de casi todos los servicios nacionales de salud, por ello criticó que los informes del Secretario de Salud mencionen que la cobertura del sistema sea de 99 por ciento de la población, sobre todo cuando se analizan las tasas de mortalidad infantil y materna.

A esto habría que agregarle –abundó— la población que no tiene adscripción a la seguridad social, así como la alta tasa de desempleo para los galenos y la concentración de la tecnología médica en la Ciudad de México.

Banco central

Al hablar sobre “El Banco Central en su Función de Prestamista de Última Instancia”, el doctor Ricardo Solís Rosales, secretario general de la UAM, mencionó que la idea de contar con un banco que, en condiciones de excepción, pueda funcionar como prestamista de última instancia es una idea sólida que nació hace dos siglos y que permanece hasta nuestros días.

El economista dijo que la existencia de un prestamista de última instancia en economías en desequilibrio permite financiar estos desequilibrios y evitar la desaparición de los agentes económicos.

De este modo, ejemplificó, después de la devaluación de diciembre de 1994, el Banco Central produjo una cantidad impresionante de dinero en previsión de que el público se presentara a retirar sus depósitos, y ponderó que aunque este capital no se utilizó, porque el problema no se produjo, la medida hubiera tenido una importante función social.

Errores bancarios

Puntualizó que el Banco Central sólo debe actuar como prestamista de última instancia cuando las instituciones bancarias presenten problemas de liquidez y no cuando carecen de solvencia.

En 1994, aseguró, el gobierno mexicano cometió el error de vender los bancos —nacionalizados en 1982— y lo que ocurrió, entre la privatización y la crisis, es que los nuevos directivos prestaron sin conocimiento, pues no tenían oficio bancario, y realizaron, además, un sinnúmero de operaciones fraudulentas.

El doctor Solís Rosales opinó que el gobierno tuvo temor de exigir a los dueños de los bancos, a quienes habían sido los verdaderos culpables, que respondieran por los quebrantos y en cambio los apoyó con recursos fiscales, cubriendo sus pérdidas a través de los contribuyentes./ Javier Solórzano

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