Escapararte

 Semanario de la UAM

10 de marzo de 2003

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Guillermo Landa: poeta mitógrafo

AUTOR CONOCIDO ENTRE universitarios, alejado de los circuitos comerciales, más que por un prurito personal por las “limitadísmas” ediciones que de la poesía se realizan en el país, Guillermo Landa Velásquez (Huatusco, Veracruz, 1935) se autodefine como un poeta mitógrafo.

Descubrir la obra de Guillermo Landa o, mejor, al propio personaje en el que se ha convertido el escritor, transfigurado en caballero que va en pos de la defensa de la lengua como condición humana, puede remitirnos a la imagen del sabio profesor humanista del pasado o a la del impugnador solitario de nuestros días.
Escuchemos su voz y la historia de Viar de la venada, en la siguiente entrevista.

— ¿Diría que es un poeta inédito en nuestro país y en lengua castellana?

— Guillermo Landa Velasquez (GLV): Yo no diría que soy un poeta inédito. Tal vez poco o nada difundido. Varios títulos castellanos aparecen con mi nombre en el Tomo IV H-LL del Diccionario de escritores mexicanos publicado por el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Y algunos de mis opúsculos cuentan con reseñas en semanarios culturales de México, Nicaragua y Paraguay.

La distribución de mi obra, ediciones limitadísimas como se acostumbra en poesía, se ha dado entre universitarios y bibliotecas de la SEP. Destino que encarece, graciosamente, todo oficio de escritor empeñado en mejorar el lenguaje, más que incurrir en los circuitos comerciales del libro.

— ¿Viar de la venada responde más a un interés conceptual que musical?

— GLV: Yo no me tengo “por un melodis-ta” como decía de sí Mallarmé, quien persiguió la autonomía del verso limpiándolo, presentándolo neto, musical y necesario; pero, como él, prefiero el intelecto que me hace, sin proponérmelo, un poeta difícil. Porque, como decía Antonio Machado: “tampoco hay poesía sin ideas, sin visiones de lo esencial. Pero las ideas del poeta no son categorías formales, cápsulas lógicas, sino directas intuiciones de ser que le vienen de su propio existir”. Ya mi lector, apercibido de esta dualidad, encontrará en mí un cantor más que un filósofo.

— ¿Qué itinerario se trazó para emprender ese viaje que lo mismo va de Berceo al Rem, y de la Virgen de Guadalupe a Nemrod?

— GLV: Viar de la venada, como toda mi obra precedente, sigue el itinerario de la lengua. Y en todo caso, la condición lingüística del linaje humano, destrizada por el tumulto de lenguas discordantes, cuando sobrevino el derrumbe del zigurat de Nemrod, rey de Babel. Pero ya lejos de la versión que da el autor de Génesis XII, 1-9, mi itinerancia lingüística adquiere su impulso literario con Gonzalo de Berceo, poeta del siglo XIII, autor de sobrado talento y erudición, cuyas obras componen un cuerpo de literatura de sumo interés para el estudio de la historia de la poesía castellana y para el conocimiento y desarrollo de nuestra lengua.

Por mi talante poético soy un mitógrafo. Sujeción que me emparenta con la definición de Jung: “el mito es un arte adherente e inherente a la poesía”. Otra generalización, a la que me adhiero, es la que Jorge Luis Borges hace al final de Parábola de Cervantes y de Quijote: “Porque en el principio de la literatura está el mito y asimismo en el fin. Así, con mi Viar… andan San Eustaquio y San Uberto, de la leyenda Aurea, y nuestros Papaztac, Quetzalcóatl, Ixtpapolotl-Guadalupe y la Dama del Unicornio.

— ¿El uso de neologismos resulta un atrevimiento de su parte, u obedece a la necesidad de dar vida a una práctica infrecuente en el medio literario?

— GLV: Creo que no es inusual el empleo de neologismos en literatura. Góngora se dio ese lujo culterano y modernamente Rubén Darío introduce en sus escritos algunos que aludían a la ciencia, a la técnica y a la industria en su época, por vía de ejemplo: el Genio de Metapa inventa el verbo kodakear, referido al manejo de la novedosa “cámara oscura”, armada con cientos de tornillos y resortes de la marca Kodak, y el adjetivo despectivo rastacuero, aplicado a los pieleros y comerciantes argentinos en cueros que ostentaban sus fortunas, dilapidándolas en París.

La manipulación de la energía nuclear, tanto en radiaciones y trazadores radioisotópicos con fines pacíficos y bélicos, impone el uso de términos cuyo significado no guarda muchas veces relación con la etimología original de la palabra o son expresiones que sólo se encuentran en glosarios ingleses, franceses o rusos.

Yo uso el acrónimo Rem. Ro-entgen equivalente en hombre (Roentgen equivalent man). Unidad de dosis de radiación absorbida en material biológico. Me valgo de esa abreviatura para llamar la atención del lector sobre el uranio empobrecido que tiene contaminadas a poblaciones enteras de Irak, de Kosovo, sobrevivientes de las recientes guerras en los Balcanes y en el Golfo Pérsico.

Igual sucede con las tecnologías de la información y las comunicaciones, sobre todo el digitalismo tan al uso, que está cambiando el horizonte sociocultural, incluyendo el lenguaje. Yo aprovecho el glosario informático para impugnar la deshumanización del cibernantropo. / Estrella Olvera

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