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Moluscos contaminados
con metales pesados
MOLUSCOS COMO LA almeja y el ostión, provenientes
de Baja California Sur y la Laguna de Mandinga, presentan elevados índices de metales pesados que han dañado
su estructura genética, tejidos y órganos internos y constituyen un riesgo potencial para la salud
de los consumidores.
Lo anterior fue revelado por investigadores de nuestra Universidad a cargo del proyecto “Biomarcadores en organismos
acuáticos mexicanos para monitoreo ambiental”, mediante el cual están conformando una base de datos
sobre la respuesta de las especies acuáticas nativas de México, ante la presencia de metales pesados
como plomo, cadmio y cromo.
La doctora Socorro Sobrino Figueroa, profesora-investigadora, responsable del proyecto, indicó que, con
base en el estudio de la almeja catarina, se determinó que este organismo marino posee 3.6 microgramos de
plomo por gramo, lo que representa tres veces las concentraciones permitidas por la Food and Drug Administration,
instancia que dicta las normas en Estados Unidos.
Explicó que los resultados de su investigación
podrán ser utilizados para reorientar los índices de la norma mexicana, los cuales fueron establecidos
a partir del reglamento estadounidense mencionado, y que, sin embargo, no son aplicables completamente a la situación
de nuestro país, debido a que los organismos y su desarrollo varían dependiendo del lugar donde habitan.
Mortandad creciente
El ostión, en tanto, presenta 3.7 microgramos de cadmio por gramo, mientras que la norma permite 0.5; 5.8
microgramos por gramo de plomo, cuando el límite es 1; y 6.7 microgramos de cromo por gramo, cuando lo admisible
son cinco microgramos.
Los investigadores miden estas cantidades mediante un proceso que consiste en secar las almejas y los ostiones,
triturarlos hasta pulverizarlos y separar los metales para pesarlos.
Sobrino Figueroa señaló que, además del riesgo que estas concentraciones implican para la
salud de los consumidores, la presencia de los metales en estas especies disminuye su tasa de crecimiento. En el
caso de las almejas, las posibilidades de mortandad aumentan de 30 a 80 por ciento, mientras que los ostiones que
alcanzaban una tasa comercial en 6 o 7 meses en años anteriores, ahora la obtienen después de 12
o 15 meses.
Modificaciones fisiológicas
La profesora del Área de Producción Acuícola de la UAM puntualizó que, por medio de
biomarcadores, se evalúan los aspectos fisiológicos (cambios en la respiración, excreción
y, en el caso de los moluscos, la tasa de filtración, aspecto relacionado con la alimentación) y
bioquímicos (modificaciones en el DNA, daños oxidativos y en tejidos) de las especies, los cuales
permiten determinar la presencia de metales en los organismos.
El plomo afecta la glándula digestiva y las branquias de estos moluscos, por lo que dejan de alimentarse
y de respirar; lo anterior interfiere en su tasa de crecimiento y sus posibilidades de sobrevivencia.
Los biomarcado-res son señales químicas
presentes en los organismos que pueden ser identi-ficables molecular-mente por los investigadores para brindar
información (temprana) sobre los cambios que ocurren en los fluidos corporales, en las células o
en tejidos, por algún agente estresor, como los metales pesados.
Ausencia de legislación
En entrevista con el Semanario de la UAM, la investigadora del Laboratorio de Contaminación y Bioensayos
indicó que en México no existen estudios para evaluar los daños en el hombre por el consumo
de especies contaminadas. De acuerdo con lo que se ha documentado hasta ahora, los metales pesados se albergan
en órganos como el riñón o hígado, lo que puede dañar los tejidos y desencadenar
algunos procesos de neoplasia (cáncer).
Nuestro país, explicó, carece de la legislación necesaria para establecer la dosis oral permisible
de metales pesados en el organismo y así evitar riesgos en la salud, por lo que se tiene que recurrir a
la reglamentación estadounidense, la cual no incluye al plomo ni al selenio.
Sobrino Figueroa resaltó que tampoco hay estudios de tipo integral sobre la presencia y el efecto de contaminantes
en los sistemas acuáticos, a pesar de que el grado de contaminación se ha incrementado en la misma
proporción que el desarrollo de los asentamientos humanos y de las actividades portuarias, turísticas,
industriales, agropecuarias y petroleras.
Límites permisibles
Otro de los aportes de este proyecto es el estudio de las aguas de los sistemas acuáticos. Por ejemplo,
en la Laguna de Mandinga se encontró una alta concentración de plomo, que varía de 123 a 356
microgramos por litro; mientras que el límite permisible para la protección de la vida acuática
del lugar es de 6.
Los niveles de cadmio oscilan entre 0.1 y 3 miligramos por litro y el límite es de 0.9. Para cromo se reportan
de 1 a 4 microgramos por litro y el límite es de 1.
De la misma manera fueron evaluadas las lagunas de Limón (Chiapas) y Yucateco (Tabasco), lugares altamente
afectados por la actividad petrolera. Se estudió la toxicidad de sus sedimentos, con lo cual se identificaron
las zonas de riesgo.
Los índices obtenidos fueron altos: en la Laguna Yucateco se encontraron concentraciones de hasta 112 microgramos
por gramo en sedimento de plomo; 108 de cromo y 2.96 de cadmio. Mientras que en la Laguna Limón se registraron
63 microgramos por gramo en sedimento de plomo, 161 de cromo y 5.42 de cadmio.
Al respecto, la doctora Sobrino puntualizó que en nuestro país, al igual que en la mayoría
de naciones, no se tienen normas que establezcan los índices permisibles para sedimento y que estos datos
han sido comparados con los de lagunas estadounidenses, lo cual permite establecer que están por arriba
de lo normal./ Rosario Valdez
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