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Semanario de la UAM |
| 3 de febrero de 2003 |
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Sauret, Lacroix, Corona, LOS LLAMADOS TEMPLARIOS, miembros pertenecientes
a la orden del Temple, borrada de la historia hacia el siglo XIV por intereses más económicos que
político-militares o ideológicos, nada tienen que ver con los Templarios contemporáneos.
El otro denominador común y, quizás, el
más entrañable para los artistas: su pertenencia por alrededor de 15 años al taller de grabado
que imparte la maestra Sauret.
Habla Nunik Sauret: “Con el temple pude solucionar de
otra manera el paso del grabado al óleo, porque al raspar obtuve transparencias que me atraparon”; más
llano, Salvador Enrique Lacroix asevera haber recurrido sólo a la “técnica más simple y más
antigua”; mientras que, en Roberto Corona el temple ocurrió en su trayectoria artística al mismo
tiempo que su descubrimiento del arte bizantino, durante un viaje a Turquía.
Salvador Enrique Lacroix, arquitecto formado en la UNAM,
donde ha impartido clases de dibujo, así como las asignaturas de Diseño Básico y Diseño
Arquitectónico, en la Universidad Autónoma Metropolitana, afirma que con su participación
en Templarios se cierra un ciclo de trabajo, cuyo proceso “no fue racional”.
Nunik Sauret, becaria del Sistema Nacional de Creadores (1995-2000) y del Centro Banff de las Artes, de Calgary, Canadá; con más de un centenar de exposiciones internacionales y nacionales; asesora de producción gráfica de artistas como Gilberto Aceves Navarro, Leonora Carrington, Joy Laville, Sebastián, Vicente Rojo y José Luis Cuevas, entre otros, reconocida con el Premio de Grabado en la Bienal de Artes Gráficas (1987), organizado por el Museo Hispánico de Arte Contemporáneo, en Nueva York, participa con 23 piezas.
La artista reconoce su rompimiento con el arte figurativo, que el crítico de arte Juan Coronel describe así: “Lo que me ha sorprendido de Nunik es, sobre todo, cómo ha logrado madurar un estilo propio, con un lenguaje distinto al que expuso durante 20 años. (En su obra) uno ve repentinamente algo del informalismo abstracto de los años sesenta”. Según Roberto Corona, Nunik Sauret ha pintado la alegoría de su mapa interno femenino. / Estrella Olvera
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