Escapararte

 Semanario de la UAM

3 de febrero de 2003

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Sauret, Lacroix, Corona,
templarios contemporáneos

LOS LLAMADOS TEMPLARIOS, miembros pertenecientes a la orden del Temple, borrada de la historia hacia el siglo XIV por intereses más económicos que político-militares o ideológicos, nada tienen que ver con los Templarios contemporáneos.

El juego de palabras hizo de este genitivo el más propicio para agrupar la obra de Nunik Sauret, Salvador Enrique Lacroix y Roberto Corona en un solo rubro, que diera cierta represen-tatividad a las obras que son exhibidas no en una muestra colectiva, sino en tres independientes, donde las piezas realizadas al temple resultan uno de los hilos conductores.

El otro denominador común y, quizás, el más entrañable para los artistas: su pertenencia por alrededor de 15 años al taller de grabado que imparte la maestra Sauret.

El temple (témpera) constituía el principal soporte y medio para los pintores del medievo. “Hay obras al temple con más de 400 años de antigüedad que se conservan impecables; mientras cuadros al óleo pintados a principios del siglo XX ya tienen variaciones en el color, y aún se desconoce cómo se van a comportar los acrílicos”, comenta Lacroix.

En este grupo de trabajo se experimentan las posibilidades de dicha técnica en la que los pigmentos tienen como medio la emulsión de yema de huevo, a la que también se agregan diferentes resinas y aceites. A través de los ejercicios, cada uno encontró soluciones a planteamientos conceptuales e intereses temáticos diferentes.

Habla Nunik Sauret: “Con el temple pude solucionar de otra manera el paso del grabado al óleo, porque al raspar obtuve transparencias que me atraparon”; más llano, Salvador Enrique Lacroix asevera haber recurrido sólo a la “técnica más simple y más antigua”; mientras que, en Roberto Corona el temple ocurrió en su trayectoria artística al mismo tiempo que su descubrimiento del arte bizantino, durante un viaje a Turquía.

Las tres muestras agrupadas con el título de Templarios marcan hitos en el trabajo de cada uno de ellos, acaso con mayor nitidez y trascendencia para Sauret y Lacroix, que en Corona.

Roberto Corona, egresado de la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (1994-1995), y premio de adquisición en la VIII Bienal Nacional Diego Rivera, presenta 14 piezas –entre temple, óleo y grabado–, en las que prevalece una atmósfera “mística”, personajes etéreos y la pátina del paso del tiempo. Sobre estos trabajos realizados entre 1999 y 2003, Sauret opina que dan continuidad a su obra inspirada en las “vistas aéreas”.

Salvador Enrique Lacroix, arquitecto formado en la UNAM, donde ha impartido clases de dibujo, así como las asignaturas de Diseño Básico y Diseño Arquitectónico, en la Universidad Autónoma Metropolitana, afirma que con su participación en Templarios se cierra un ciclo de trabajo, cuyo proceso “no fue racional”.

En tanto Corona describe la obra de Lacroix como habitada por personajes estructurados de manera orgánica y angulosa, Sauret hace ver que dichas figuras cobran movimiento en su entorno, donde enfatizan el espacio las formas tridimensionales cercanas a lo escultórico.

Nunik Sauret, becaria del Sistema Nacional de Creadores (1995-2000) y del Centro Banff de las Artes, de Calgary, Canadá; con más de un centenar de exposiciones internacionales y nacionales; asesora de producción gráfica de artistas como Gilberto Aceves Navarro, Leonora Carrington, Joy Laville, Sebastián, Vicente Rojo y José Luis Cuevas, entre otros, reconocida con el Premio de Grabado en la Bienal de Artes Gráficas (1987), organizado por el Museo Hispánico de Arte Contemporáneo, en Nueva York, participa con 23 piezas.

La artista reconoce su rompimiento con el arte figurativo, que el crítico de arte Juan Coronel describe así: “Lo que me ha sorprendido de Nunik es, sobre todo, cómo ha logrado madurar un estilo propio, con un lenguaje distinto al que expuso durante 20 años. (En su obra) uno ve repentinamente algo del informalismo abstracto de los años sesenta”. Según Roberto Corona, Nunik Sauret ha pintado la alegoría de su mapa interno femenino. / Estrella Olvera

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