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Versos Comunicantes I. Hallazgo
a dos voces
QUE NADIE LLEGUE a definir nunca la poesía,
porque si esto sucede dejará de existir. Tal es el consenso surgido de la reunión entre poetas y
lectores que tuvo lugar en la Casa del Tiempo de nuestra Universidad con motivo de la presentación del libro
Versos Comunicantes I. Poetas entrevistan a poetas iberoamericanos, obra que reúne 28 conversaciones con
las que se busca indagar sobre el porqué de la palabra.
El poeta uruguayo Saúl Ibargoyen advirtió que nadie sabe qué es la poesía y por ello
hay nuevos poetas. Y es que los poetas “no teorizan antes de escribir, sino después de la escritura”, ya
que “después de todo deben cumplir fundamentalmente su papel de poeta”.
Galardonado recientemente con el Premio Carlos Pellicer,
que otorga el gobierno de Tabasco, Saúl Ibargoyen subrayó que en este libro “hay una confrontación
entre visiones poéticas, estéticas e incluso ideológicas y políticas. Es como revivir
viejas polémicas que parecen adormecidas en Iberoamérica”.
En el volumen son entrevistados los poetas Juan Gelman, José Hierro, Gonzalo Rojas, Olga Orozco, Humberto
Ak’bal, Jotamario Arbeláez, Juan Bañuelos, Francisco Brines, Juan Gustavo Cobo Borda, Pablo Antonio
Cuadra, Gerardo Deniz, Marosa Di Giorgio, Otto Raúl González, Enrique González Rojo, Ferreira
Gullar, Roberto Juarroz, Iván Junqueira, José Kozer, Eduardo Lizalde, Eugenio Montejo, José
Santiago Naud, Bertalicia Peralta, Mario Rivero, Mercedes Roffé, Roberto Sosa, José Ángel
Valente, Blanca Varela y Raúl Zurita.
Los entrevistadores, todos ellos íntimamente ligados al ejercicio periodístico, fueron José
Ángel Leyva, José Vicente Anaya, Marco Antonio Campos, Luis Vicente de Aguinaga, Guillermo Samperio,
Miguel Ángel Muñoz, Rodolfo Häsler, Guido Tamayo, Rafael del Castillo, Begoña Pulido,
Armando González Tejeda, Carlos López, Eduardo Espina, Floriano Martins, Eduardo Olivares, Claudia
Posadas, Mary Carmen Sánchez Ambriz y Consuelo Tomás Fitzgerald.
El poeta José Ángel Leyva, coordinador de la edición, comentó que en este libro se
realiza un ejercicio en el cual todos los entrevistadores cumplen la sentencia de Jorge Luis Borges, sobre que,
en ocasiones, los entrevistadores saben más de la obra del poeta que el poeta mismo.
Durante la presentación —tras aclarar que no es poeta pero sí un ferviente aficionado—, Humberto
Musacchio indicó que el libro es un “hallazgo a dos voces”, que no pertenece sólo a quienes están
en el punto más elevado de la literatura, sino también a los que están en el punto más
elevado de la lectura”.
Y es que cuando “los de a pie” entrevistamos a un poeta, las preguntas tienden a ser un tanto rutinarias; en cambio,
otro poeta le preguntará cuestiones que a los “humildes mortales” no nos pasan por la cabeza. No se conforma
con la respuesta literal, sino que siempre quiere “rascar en la piel del poeta”, lo que se logra en cada una de
estas conversaciones.
Luis Ignacio Sáinz, coordinador general de Difusión Cultural, apuntó que en Versos Comunicantes
–coeditado por esta Casa de estudios con Ediciones Alforja y el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Durango–,
jóvenes poetas y narradores conversan con sus maestros, tanto latinoamericanos como españoles. En
este libro, señaló, los jóvenes cumplieron su papel socrático, pues ayudaron a dar
luz a las ideas. / Teresa Cedillo
El espacio es la gente
“SER ARQUITECTO, ACERCARSE al dibujo y, posteriormente,
a la pintura te aproxima, desde otra óptica, a la investigación de la realidad” afirma Vicente Guzmán,
profesor-investigador de esta Casa de estudios, al presentar Agua y Tiempo, exposición en la que recrea
los lugares añosos de la Europa medieval, donde el espacio es indisoluble de la presencia humana.
En entrevista para el Semanario de la UAM, el arquitecto y doctor en Ciencias Sociales consideró que gusta
de la interacción del espacio con la gente. “Cuando existen sitios vacíos no significa que estén
solos. Los arquitectos son muy proclives a limpiar la obra, a dejarla impecablemente expuesta, sin gente, es decir,
la ven para ellos y no para alguien más. Yo, por el contrario, creo que el espacio es la gente”.
Una forma de contribuir a ello es devolver a los lugareños
la posibilidad de redimensionar el lugar que habitan. Al plasmar en una pintura el detalle de una calle, una torre
o una ventana, la gente se identifica con su espacio, participa en la reconstrucción de su realidad con
recuerdos, sueños y aspiraciones.
Para Vicente Guzmán, profesor de esta Institución desde hace 27 años, la visión del
arquitecto y del artista se fusionan para satisfacer dos objetivos fundamentales: el gusto por recrear espacios
físicos y la investigación de la esencia social que los hace posibles.
Compuesta por 13 acuarelas y 20 tintas, Agua y Tiempo da a conocer espacios impecables para el asombro del observador,
donde escalinatas, ojivas y talavera armonizan desde hace siglos para presentarnos ciudades como Oviedo, Salamanca,
Ávila y Lisboa, o lugares como la Universidad de Coimbra en Portugal, que se erige desde el lugar más
alto en la ciudad, así como las plazuelas y callejones de Segovia.
Esta muestra, que será exhibida durante enero en el Centro de Capacitación, Eficiencia y Desarrollo
(EFIDESA), ubicado en la calle de África 6 en Coyoacán, constituye la exposición número
61 del artista. / Alejandra Villagómez
Presencia de nuestra comunidad
de egresados
INTERSECCIONES, NUEVA OBRA escultórica
monumental que se alberga en los jardines de la Unidad Azcapotzalco, se erige como el símbolo del vínculo
permanente entre la Universidad y su gran sustento que es la comunidad de egresados.
Como una muestra de gratitud a su alma mater por la formación brindada, el licenciado Juan Carlos Zetune
Rosales, egresado de la carrera de Administración, donó la escultura Intersecciones, realizada por
el maestro Salvador Manzano.
En presencia del doctor Luis Mier y Terán Casanueva
y el maestro Víctor Sosa Godínez, rector general de nuestra Institución y rector de la Unidad
Azcapotzalco, respectivamente, el maestro Manzano comentó que Intersecciones es una escultura con tendencias
orgánicas, ya que tiene muchas curvas y se caracteriza por su espacialidad.
La obra, ubicada en la parte posterior del edificio H, mide cerca de 2:30 de alto por 3 metros de largo y 1:60
de ancho. Está fabricada con acero al carbón, soldada y pintada de color azul. / Rosario Valdez
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