González Cuevas,
esfuerzo y experiencia en apoyo
del quehacer universitario
EL DOCTOR OSCAR MANUEL GONZÁLEZ CUEVAS cuenta con múltiples logros académicos y profesionales,
así como una extensa labor administrativa en diversas instituciones y en nuestra Casa de estudios –de la
que fue rector general, rector de la Unidad Azcapotzalco y secretario fundador de esa misma sede académica–;
sin embargo, considera que aún le quedan misiones que cumplir y refrendó su compromiso para ofrecer
su esfuerzo y experiencia en la atención de los retos y problemas de carácter general que enfrentan
las universidades, y en particular la UAM.
En un ejercicio prospectivo, el recién nombrado Profesor Distinguido se ve trabajando en la terminación
de la cuarta edición de su libro Aspectos fundamentales del concreto reforzado y en la consolidación
de la maestría y doctorado en Ingeniería Estructural. En este posgrado participó en el diseño
del plan de estudios y actualmente es el coordinador.
El coautor del libro Una Historia de la UAM. Sus primeros 25 años relata que nació en Mérida,
Yucatán, en el seno de una familia de maestros. De su niñez, adolescencia y juventud rememora la
práctica en bicicleta, su afición por el beisbol y las caminatas por el Paseo Montejo, una de las
avenidas más importantes de la ciudad. En esas épocas no se imaginaba que su dedicación y
esfuerzo le darían importantes reconocimientos y premios en el ámbito nacional e internacional.
Respeto y admiración
En Mérida cursó sus estudios de primaria, secundaria, bachillerato y licenciatura, graduándose
como ingeniero civil en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Yucatán; institución
que, al igual que su estado natal, también ha reconocido su destacada trayectoria con diversas distinciones.
El doctor González Cuevas se entusiasma al recordar su juventud en una época distinta a la actual,
en la que la convivencia entre los compañeros era una costumbre agradable que derribaba los muros de los
centros de enseñanza y se prolongaba hasta construir los amigos de toda la vida. La estación de ferrocarril,
el mercado, el parque Hidalgo y la biblioteca de la ciudad eran sitios a los que acudía con frecuencia.
El respeto y la admiración se imponen cuando hace alusión a la destacada trayectoria de sus padres,
los maestros Silvia Cuevas Aguilar y Oscar González González, docentes que ocuparon importantes puestos
en el magisterio en Yucatán y quienes nunca influyeron en su profesión, que le ha significado una
grata experiencia durante más de 35 años.
De las Matemáticas a la Ingeniería
Su atracción por las Matemáticas en la preparatoria fue decisiva para que estudiara Ingeniería,
aunque acepta que la Literatura también le agradaba. En una ocasión, relató, un profesor de
Biología que era médico cirujano me invitó, junto con otros compañeros, a observar
una operación en un hospital, de la cual salí horrorizado. Descartó así a la Medicina
como profesión.
Tras haber concluido los estudios de Ingeniería Civil en su natal Mérida y en su empeño por
continuar con el posgrado, decidió viajar a la “complicada” y “transitada” Ciudad de México, que
le preparó una bienvenida, ya que ese año se produjo una fuerte helada que no ha podido olvidar.
Vivió en una casa de estudiantes, ubicada en la calle de San Antonio, casi esquina con Insurgentes, que
fue testigo de sus desvelos.
En ese entonces, recibía una beca de cerca de mil 200 pesos, lo cual no era suficiente para sus gastos (de
acuerdo con sus cálculos, era una cantidad inferior a la que ahora otorga el Conacyt), pero al administrarla
adecuadamente, incluso le alcanzó para casarse con Mercedes Brambila, con quien había estudiado en
Yucatán. Juntos formaron una sólida familia, integrada por sus cuatro hijos Margarita, Silvia, Oscar
y Claudia, todos egresados de la UAM.
Estructuras de concreto
Después de haber terminado la Maestría en Ingeniería Civil en la División de Estudios
Superiores de la Facultad de Ingeniería, sus primeros años de práctica profesional los desarrolló
en un bufete industrial y en la Dirección General de Obras Marítimas, donde se dedicó al diseño
de plantas industriales, muelles y varaderos.
Una de las personalidades que apoyó la formación del Profesor Distinguido fue el doctor R. Díaz
de Cosío (quien le dirigió su tesis de maestría), ya que lo motivó para tomar un curso
sobre estructuras de concreto con un destacado profesor extranjero y lo animó para que continuara el doctorado,
además de recomendarlo en el Instituto Mexicano del Cemento y del Concreto (IMCYC), donde participó
como fundador y primer jefe del Departamento Técnico.
Para convencer a los académicos, les comentábamos
que en la UNAM era difícil ascender, mientras que en la UAM se presentarían más oportunidades
para progresar y crear algo diferente, así como llevar a cabo planes de estudios innovadores que eran difíciles
de aplicar en otras instituciones por su inercia y tradición
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Recuerda que en el tiempo en que realizaba su tesis de doctorado, trabajó en el despacho del doctor José
Emilio Fernández en la realización del Hotel Holiday Inn de Acapulco, que fue el más alto
de ese lugar, y en la cubierta colgante para una fábrica de mosaicos venecianos en Cuernavaca.
El movimiento estudiantil de 1968
Uno de los momentos difíciles de su trayectoria
y que lo encaminó a involucrarse en los problemas de la universidad pública fue el movimiento estudiantil
de 1968, año en el que se desempeñaba como secretario de Asuntos Académicos de la División
de Estudios Superiores de la Facultad de Ingeniería. “A los pocos días de haber asumido el cargo,
iniciaron los problemas, en muchas escuelas había efervescencia, los líderes acudían a las
reuniones, las clases se interrumpían y tomaban instalaciones”, comentó.
Se enorgullece de haber sido fundador del primer Centro de Educación Continua de la Facultad de Ingeniería,
ubicado en el Palacio de Minería, y haber participado simultáneamente en el comité de restauración
del Palacio. En esos meses, los periódicos y otros medios daban cuenta de la creación de una nueva
Universidad. El ex Rector general no imaginaba que su trayectoria continuaría en la Casa abierta al tiempo.
El doctor Juan Casillas García de León, con quien trabajó en la UNAM, fue nombrado rector
de la Unidad Azcapotzalco y lo invitó a colaborar con él. El doctor González Cuevas aceptó
sin saber exactamente el cargo que desempeñaría, después fue notificado que sería el
secretario fundador de la Unidad. En esas fechas, coordinó la organización de las instancias de apoyo
administrativo, la contratación de los primeros profesores y trabajadores administrativos y el diseño
y construcción de los primeros edificios, entre otras tareas.
Contento, pero no satisfecho
A 28 años de la fundación de la Universidad y con el desempeño de diversos cargos administrativos,
sin dejar sus tareas docentes y de investigación, reconoció que la UAM es una Institución
consolidada, pero que también ha entrado a su madurez. “Se tenía la idea de que las innovaciones
serían más frecuentes; sin embargo, no ha sido fácil hacer los cambios por las inercias, no
tanto por el factor económico”.
Manifestó que al participar en diversos grupos, de distintas instituciones, relacionados con la ingeniería
y la sociología de las universidades, ha adquirido un panorama amplio para enfrentar las situaciones de
una mejor forma. A pesar de sus logros, comentó que no está satisfecho (sí contento) y que
se considera una persona afortunada.
Los sábados y domingos los emplea para terminar las tareas pendientes de la semana. Cuando tiene oportunidad,
le gusta ver películas en casa, principalmente de detectives e históricas, así como leer alguna
novela de Milan Kundera o Vargas Llosa. / Rosario Vald
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