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Persiste en el mundo la discriminación
de minorías: ONU
AL TIEMPO QUE el doctor Ángel Escudero
Paz, director del Centro de Información de Naciones Unidas para México, Cuba y República Dominicana,
reconocía que es “preocupante” la tendencia a la discriminación de minorías, el doctor Enrique
Dussel afirmaba que la sociedad mexicana —y en general la latinoamericana—sigue siendo profundamente intolerante.
Durante su participación en el II Coloquio sobre Tolerancia Religiosa y Política —celebrado en nuestra
Universidad, al cumplirse el pasado 26 de noviembre el aniversario 21 de la Declaración sobre la Eliminación
de todas las formas de Intolerancia y Discriminación fundadas en la Religión o en las Convicciones—
Escudero Paz llamó a los gobiernos a que se adhieran y acaten puntualmente las normas internacionales sobre
derechos humanos y prohíban y castiguen con severidad los delitos motivados por el odio y la intolerancia
religiosa.
Apoyado en datos de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), para la cual
existen 20 millones de personas en situación de discriminación, el funcionario de la ONU subrayó
que las políticas estatales, las disposiciones legislativas y prácticas de los estados, son con frecuencia
discriminatorias, o de indiferencia hacia las minorías y grupos espirituales, lo cual se traduce en un trato
político, social, cultural y económico menos favorable.
Intolerancia vs. justicia
Advirtió que ante la tendencia de incremento en los actos intolerantes y discriminatorios en el mundo, los
gobiernos deben garantizar el acceso a la justicia y la igualdad de oportunidades. Al mismo tiempo, dijo, se deben
impulsar cambios culturales en la mentalidad de las personas mediante la educación.
Entrevistado al término de la conferencia especial que sustentó en el marco del Coloquio, Enrique
Dussel, doctor en Filosofía por la Universidad Sorbona de París, señaló que en los
diversos ámbitos de la sociedad latinoamericana se da más la tendencia a la anulación y destrucción
del contrario, que el intento por convencerlo mediante la argumentación.
El que tolera, señaló, “da la pretensión de verdad al otro y está abierto a que puede
ser convencido” pero, lamentablemente, como en eso puede ir en juego “mi vida, mi salario, mi cuota de poder, entonces
no puedo abandonar mi verdad”, porque ésta va unida a un fin práctico, criticó el académico
de nuestra Universidad.
Imposibilidad o voluntad
Lo anterior, dijo, encuentra una de sus razones en la historia de intolerancia que ha caracterizado a nuestras
sociedades desde la conquista. Hoy, dijo, es más difícil “tapar al otro e impedirle que hable”. Sin
embargo, la tolerancia se manifiesta en estos momentos en términos de “tolerar al otro contra mi voluntad
porque no puedo ya callarlo”, y no como un verdadero diálogo entre ambos.
Tras señalar que ningún movimiento social puede funcionar sin argumentación, indicó
que ésta es esencial para la crítica en un contexto donde el poder lo detentan “los cínicos”,
para quienes “no tiene sentido”.
El presidente Bush, por ejemplo, ganó un apoyo de casi 60 por ciento de la población para su política
en Medio Oriente; sin embargo, cada día crecen los grupos opositores a la guerra, dan razones y van haciendo
mella entre los ciudadanos.
Esto lo logran a partir de argumentos racionales que posteriormente se transformarán en fuerza política,
que el cínico confrontará no con argumentos, sino de manera impositiva. Se trata, entonces de una
lucha donde la Filosofía argumentativa no funciona, sino que tiene que ser también política
y enfrentarse al cinismo con la contundencia de los movimientos críticos.
Agregó al respecto que la Filosofía tiene un gran papel histórico que se refiere a cómo
conducir las argumentaciones a conclusiones prácticas.
En esta actividad, organizada por el maestro Josué Tinoco, jefe del área de Psicología Política
e Identidades, participaron diversos especialistas del ENAH, Colmex, Comisión de Derechos Humanos del D.F.,
y la Escuela de Teología, entre otros. / Teresa Cedillo
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