Comunidades

 Semanario de la UAM

2 de diciembre de 2002

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Impide el modelo económico
el desarrollo de la Ciencia
y la Tecnología


MÉXICO ES UNA
nación de tercer mundo, pobre y subdesarrollada, porque a principios del siglo XXI todavía no ha incorporado la Ciencia y la Tecnología a su cultura, sentenció el doctor Ruy Pérez Tamayo, investigador de la Facultad de Medicina de la UNAM.

El destacado patólogo sostuvo que en un análisis crítico de la realidad científica y tecnológica actual, el país apenas destina 0.3 por ciento del PIB a Ciencia y desarrollo, cuando la UNESCO ha recomendado que naciones como la nuestra deberían invertir cuando menos 1.5 por ciento.

Pérez Tamayo participó en el panel La Política Científico-tecnológica y la Universidad Autónoma Metropolitana organizado en la Casa del Tiempo por Reflexión Académica A.C., en lo que constituyó el primer evento público de esta Asociación, conformada por profesores-investigadores de nuestra Institución, interesados en generar espacios de discusión sobre problemas que atañen a la universidad pública y a la sociedad.

Allí dijo que la iniciativa privada apenas contribuye con 10 por ciento —calculado generosamente— en los gastos de promoción y apoyo a la Ciencia y Tecnología y que los sueldos de los científicos perdieron cerca de 60 por ciento de su poder adquisitivo en los últimos veinte años. Apuntó que esta situación sigue produciendo la llamada fuga de cerebros, la cual es negada oficialmente.


Nulo prestigio social

Otro factor que incide en el pobre nivel científico y tecnológico, según el doctor Pérez Tamayo, es que los jóvenes inteligentes no ingresan a las carreras científicas en números adecuados, pues la mayoría se desvían hacia ocupaciones administrativas o de servicios que están mejor remuneradas.

“El resultado es que la comunidad científica mexicana es muy pequeña, apenas uno o dos científicos por cada 10 mil habitantes, mientras que en los países del primer mundo las cifras oscilan entre 25 y 40”.

El catedrático de la Facultad de Medicina aseveró que el prestigio social de los científicos no puede ser más triste. Se desconoce casi todo lo relacionado con ellos, su formación, objetivos, funciones, necesidades, su importancia para la sociedad y muchas veces hasta su misma existencia. Esto ocurre, añadió, no sólo con los científicos sino con la Ciencia misma, de la que también se ignora qué cosa es, cómo se hace, para qué sirve o para qué no.

El doctor Ruy Pérez Tamayo negó que nuestro desarrollo científico y tecnológico se deba a que México sea un país subdesarrollado, “estoy convencido de que la relación es al revés: somos un país subdesarrollado porque nuestra Ciencia y Tecnología están subdesarrolladas”.

Falta de espacios

El doctor Manuel Gil Antón, profesor-investigador de nuestra Casa de estudios, discrepó con esta relación causal establecida por Pérez Tamayo. No somos subdesarrollados porque contemos con una Ciencia subdesarrollada; por el contrario, aseguró, es el modelo de desarrollo económico el que conduce a tener una Ciencia subdesarrollada.

Sostuvo que las instituciones de educación superior pueden formar, con enorme calidad, a doctores en Física, Química, Economía o cualquier otra disciplina con aplicaciones industriales o productivas, pero lo que no pueden generar es el espacio de trabajo correspondiente para ellos. Si la producción de científicos, argumentó, no se acompaña con un proceso de desarrollo económico que los requiera, quedarán reducidos a los mercados académicos.

“Es un círculo que no se rompe con la producción simple de más científicos, sino mediante convergencia con otros procesos, sobre todo con una política económica e industrial que requiera, como insumo necesario, el saber de los científicos y tecnólogos del más alto nivel. Esto es, un modelo de desarrollo que lleve consigo, necesariamente, la aplicación de sus conocimientos a las zonas productivas del país. Y esto, obviamente, rebasa las posibilidades de acción de las instituciones de educación superior, aunque las requiera para lograrlo”.

En el panel participaron el doctor Manuel Ortega, asesor de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados; el doctor Raúl Nieto, coordinador de Investigación y Posgrado de la División de Ciencias Sociales y Humanidades; así como el doctor Othón Quiroz, presidente de Reflexión Académica A.C./ Javier Solórzano

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