Impide el modelo económico
el desarrollo de la Ciencia
y la Tecnología
MÉXICO ES UNA nación de tercer mundo, pobre y subdesarrollada, porque a principios del siglo
XXI todavía no ha incorporado la Ciencia y la Tecnología a su cultura, sentenció el doctor
Ruy Pérez Tamayo, investigador de la Facultad de Medicina de la UNAM.
El destacado patólogo sostuvo que en un análisis crítico de la realidad científica
y tecnológica actual, el país apenas destina 0.3 por ciento del PIB a Ciencia y desarrollo, cuando
la UNESCO ha recomendado que naciones como la nuestra deberían invertir cuando menos 1.5 por ciento.
Pérez Tamayo participó en el panel La Política Científico-tecnológica y la Universidad
Autónoma Metropolitana organizado en la Casa del Tiempo por Reflexión Académica A.C., en lo
que constituyó el primer evento público de esta Asociación, conformada por profesores-investigadores
de nuestra Institución, interesados en generar espacios de discusión sobre problemas que atañen
a la universidad pública y a la sociedad.
Allí dijo que la iniciativa privada apenas contribuye con 10 por ciento —calculado generosamente— en los
gastos de promoción y apoyo a la Ciencia y Tecnología y que los sueldos de los científicos
perdieron cerca de 60 por ciento de su poder adquisitivo en los últimos veinte años. Apuntó
que esta situación sigue produciendo la llamada fuga de cerebros, la cual es negada oficialmente.
Nulo prestigio social
Otro factor que incide en el pobre nivel científico y tecnológico, según el doctor Pérez
Tamayo, es que los jóvenes inteligentes no ingresan a las carreras científicas en números
adecuados, pues la mayoría se desvían hacia ocupaciones administrativas o de servicios que están
mejor remuneradas.
“El resultado es que la comunidad científica mexicana es muy pequeña, apenas uno o dos científicos
por cada 10 mil habitantes, mientras que en los países del primer mundo las cifras oscilan entre 25 y 40”.
El catedrático de la Facultad de Medicina aseveró que el prestigio social de los científicos
no puede ser más triste. Se desconoce casi todo lo relacionado con ellos, su formación, objetivos,
funciones, necesidades, su importancia para la sociedad y muchas veces hasta su misma existencia. Esto ocurre,
añadió, no sólo con los científicos sino con la Ciencia misma, de la que también
se ignora qué cosa es, cómo se hace, para qué sirve o para qué no.
El doctor Ruy Pérez Tamayo negó que nuestro desarrollo científico y tecnológico se
deba a que México sea un país subdesarrollado, “estoy convencido de que la relación es al
revés: somos un país subdesarrollado porque nuestra Ciencia y Tecnología están subdesarrolladas”.
Falta de espacios
El doctor Manuel Gil Antón, profesor-investigador de nuestra Casa de estudios, discrepó con esta
relación causal establecida por Pérez Tamayo. No somos subdesarrollados porque contemos con una Ciencia
subdesarrollada; por el contrario, aseguró, es el modelo de desarrollo económico el que conduce a
tener una Ciencia subdesarrollada.
Sostuvo que las instituciones de educación superior pueden formar, con enorme calidad, a doctores en Física,
Química, Economía o cualquier otra disciplina con aplicaciones industriales o productivas, pero lo
que no pueden generar es el espacio de trabajo correspondiente para ellos. Si la producción de científicos,
argumentó, no se acompaña con un proceso de desarrollo económico que los requiera, quedarán
reducidos a los mercados académicos.
“Es un círculo que no se rompe con la producción simple de más científicos, sino mediante
convergencia con otros procesos, sobre todo con una política económica e industrial que requiera,
como insumo necesario, el saber de los científicos y tecnólogos del más alto nivel. Esto es,
un modelo de desarrollo que lleve consigo, necesariamente, la aplicación de sus conocimientos a las zonas
productivas del país. Y esto, obviamente, rebasa las posibilidades de acción de las instituciones
de educación superior, aunque las requiera para lograrlo”.
En el panel participaron el doctor Manuel Ortega, asesor de la Comisión de Ciencia y Tecnología de
la Cámara de Diputados; el doctor Raúl Nieto, coordinador de Investigación y Posgrado de la
División de Ciencias Sociales y Humanidades; así como el doctor Othón Quiroz, presidente de
Reflexión Académica A.C./ Javier Solórzano
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