Comunidades

 Semanario de la UAM

2 de diciembre de 2002

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El desarrollo sustentable,
agenda pendiente


NUESTRA CASA DE
estudios refrendó su compromiso con el análisis y el diseño de propuestas de solución a problemas centrales de la sociedad, como el del cuidado ambiental, al dar a conocer aquí el libro La transición hacia el desarrollo sustentable. Perspectivas de América Latina y el Caribe.

El texto, preparado por más de 30 ambientalistas latinoamericanos –entre ellos la doctora Patricia Romero Lankao, profesora-investigadora de nuestra Universidad— fue entregado en la Cumbre de la Tierra de Johannesburgo (agosto-septiembre, 2002) como un aporte del Continente a la revisión y discusión del estado actual del planeta, a 10 años de los compromisos asumidos durante la primera Cumbre, en Río de Janeiro, Brasil.

El volumen incluye un balance crítico sobre la problemática política, social y ecológica de la región, que comprendió temas como la evolución de las políticas e instituciones ambientales, movilidad poblacional, cambio climático y desarrollo energético, recursos forestales, conservación de ecosistemas, bioseguridad, ética ambiental y sustentabilidad urbana, entre otros.

Su contenido fue preparado y discutido por los autores en un taller realizado en mayo en esta Casa abierta al tiempo, en reconocimiento a su tradición ambientalista, al cual fueron invitados por el Instituto Nacional de Ecología (INE-Semarnat), el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la propia UAM, a través de la Cátedra Raúl Anguiano.

El doctor Luis Mier y Terán Casanueva, rector general de nuestra Universidad, elogió la publicación como un esfuerzo de reflexión académica que permite la construcción de modelos y estrategias sólidas para garantizar un futuro sustentable.
Dijo que la UAM ha mostrado, durante su historia institucional, un sólido compromiso de atención con la sociedad construyendo modelos racionales y estrategias de acción que impactan en la verdadera solución de los problemas.

Biodiversidad amenazada

Mientras los esfuerzos ambientalistas y conservacionistas tratan de incidir en la complicada esfera política, el deterioro del planeta continúa en curso. La afirmación del doctor Exequiel Ezcurra, presidente del INE, de que “muchos de los interrogantes de Río siguen hoy tan vigentes y tan preocupantes como hace 10 años”, suena como una renovada voz de alerta.

Presente en el acto de presentación del libro en nuestra Universidad, el doctor Ezcurra advierte en su trabajo que si continúa el ritmo de la actual tasa de extinción, casi la mitad de todas las especies del planeta desaparecerán durante el próximo siglo.

Recuerda que la evolución biológica tardó entre 10 y 100 millones de años en producir ese mismo número de especies, pero la tasa actual de desaparición es un millón de veces más rápida que la velocidad a la cual se producen nuevas especies de manera natural mediante procesos de mutación y selección natural.


Catástrofe biológica

Estamos viviendo –asegura— una de las catástrofes biológicas más grandes desde el origen del planeta, pues la diversidad biológica, que se produce en una escala de tiempo geológico de millones de años, se está destruyendo a una escala de tiempo humano de décadas.

Hay pocas dudas de que el proceso de extinción masiva de especies afectará de manera fundamental a Latinoamérica, una de las reservas planetarias de biodiversidad. Aproximadamente un tercio de la flora de plantas superiores del planeta (unas 90 mil especies) se desarrollan en América tropical. En conjunto, casi 40 por ciento de todas las especies vegetales y animales de la Tierra se encuentran en América Latina.

Ezcurra refiere que la mayoría de las naciones del Continente se han adherido al Convenio sobre Diversidad Biológica, pero critica que su avance —desde la Cumbre de Río— haya sido lento y su cumplimiento voluntario.

Saldo negativo

Los países megadiversos, asienta, han encontrado en ese instrumento pocos elementos para proteger internacionalmente la colecta legal de material genético, así como el conocimiento tradicional de sus poblaciones rurales, contra el sistema internacional de propiedad intelectual y de patentes industriales.

Ezcurra asevera que la destrucción de la biodiversidad puede ser el saldo más negativo del siglo XXI, por lo que su conservación es un asunto prioritario. No obstante, añadió que no se trata sólo de un problema biológico.

En él concurren, asegura, la situación económica y social, prácticas culturales de cada país, políticas económicas y de desarrollo, así como las tendencias del financiamiento interno y externo y los problemas de la deuda.

Admite que es imposible separar el futuro de la biodiversidad de los problemas políticos del mundo, por lo que la única esperanza para conservar la actual biodiversidad en América Latina y el Caribe (ALC) está en que los responsables de la política acepten que se trata de algo esencial y en crisis.

Expectativas limitadas

Ese parece ser justamente el problema. La pasada Cumbre de la Tierra confirmó dudas acerca del compromiso de los países desarrollados con las estrategias de mejoramiento ambiental adoptadas hace 10 años en Río de Janeiro. El escepticismo alcanzó incluso a las nuevas medidas adoptadas este verano en Johannesburgo.

El tema incluye posturas de moderado optimismo, como las de la ONU, que sostienen que los compromisos adoptados son lo más que se podía obtener —en un entorno internacional complicado—, o las que critican la ausencia de compromisos jurídicamente vinculantes y califican el hecho de retroceso, como las ONG´s.


Otro paso en la transición

En el acto de presentación del libro La transición hacia el desarrollo sustentable. Perspectivas de América Latina y el Caribe, efectuado el 25 de noviembre en la Unidad Xochimilco, el doctor Ricardo Sánchez, director del PNUMA reconoció que si bien la reciente Cumbre de la Tierra no cubrió todas las expectativas, constituyó otro paso en la transición hacia el desarrollo sustentable.

Justificó los resultados, al señalar que el encuentro tuvo lugar en un contexto internacional difícil y complejo, pero en el que, sin embargo, la presencia de la sociedad civil empieza a ser muy significativa.

Ricardo Sánchez recordó que a la cumbre de hace 10 años el mundo llegó en medio de las crisis de la deuda externa y la inflacionaria, con los emergentes problemas macroeconómicos, con patrones de consumo insus-tentables y en el contexto del fracaso del modelo CEPAL (Comisión Económica para América Latina) que preconizaba un esquema de sustitución de importaciones para fortalecer las economías de la región.

Consideración integral

En ese marco, expuso, el valor de la Declaración de Río de Janeiro y la Agenda 21 consistió en considerar, por primera vez de manera integral, las cuestiones ambiental, económica y social.

En Johannesburgo, si bien el problema macroeconómico se había estabilizado, el número absoluto de pobres en América Latina y el Caribe es hoy más alto que nunca —224 millones— un hecho que, combinado con la inequidad persistente en la región, se contrapone con los objetivos de justicia social y ambientales de las actividades económicas, dos componentes básicos de la concepción del desarrollo sustentable.

Ricardo Sánchez rescató como valioso el hecho de que en la Cumbre se hayan fijado metas por 10 años para transformar los patrones de producción y consumo, para lograr un manejo integral de cuencas, avanzar hacia una pesca sostenible e incrementar 10 por ciento el uso de energías renovables.

Pidió además no ser extremadamente críticos con los resultados, porque ello no favorece la creciente incorporación de la sociedad civil, la cual, aseguró, ha ganado en el tema ambiental espacios de decisión que no tiene en ámbitos como el económico, el comercio o en la decisión sobre las guerras.

Paradoja latinoamericana

América Latina y el Caribe enfrentan una paradoja en materia ecológica. Mientras existe consenso sobre los progresos de la región en cuanto a la formulación de políticas ambientales, creación de instituciones, aprobación de nuevas leyes y regulaciones conexas, y desarrollo de proyectos de conservación específicos, los hechos muestran que la degradación ecológica continúa incrementándose.

Los autores del libro encuentran la explicación en el hecho de que, en una comparación mundial, los países de ALC se caracterizan por un elevado nivel de ratificación de al menos 10 de los acuerdos ambientales jurídicamente vinculantes.
Roberto P. Guimaraes y Alicia Bárcena, investigadores de la División de Desarrollo Sostenible y Asen-tamientos Humanos de la CEPAL, afirman que esta celeridad en la ratificación contrasta con una aplicación limitada que se explica por el incumplimiento, por parte de los países desarrollados, de los compromisos fundamentales adquiridos durante la Cumbre.

Correlación de fuerzas

Acaso por ello, el doctor Raúl Benet, director de Greenpeace-México criticó los resultados obtenidos en Sudáfrica al señalar que la falta de compromisos vinculantes, como la obligatoria aplicación de medidas para una “producción limpia”, reflejan la actual correlación de fuerzas en el mundo, dominado por un poder unipolar.

En este aspecto, todo tiene conexión con todo. Véase el caso de los patrones de producción y de consumo prevalecientes, que constituyen un factor que ha condicionado el avance de la gestión ambiental en la región.

Las presiones generadas por la globalización para mantener la competitividad de los países –explican Guimaraes y Bárcena— hacen que los gobiernos no tomen iniciativas para mejorar su desempeño si ello implica mayores costos para sus productores nacionales.

Gestión coherente

Esta situación, en la que los países no actúan de manera individual si el resto no lo hace por miedo a perder competitividad, y en la que, cuando se alcanzan acuerdos glo-bales, los mecanismos para su cumplimiento no están muy claros, conducen a niveles de bienestar inferiores a los que se producirían si hubiera una gestión internacional coherente en materia ambiental.

En ese contexto, los investigadores pusieron en duda la eficacia de los acuerdos globales, sobre todo a partir de su proliferación. Este hecho, afirman, ha conducido a un problema de “congestión” de tratados multilaterales de medio ambiente, pues en la actualidad existen más de 500 instrumentos legales frecuentemente desconectados entre sí.

Lo anterior constituye alguno de los retos que los presentadores del volumen consideran esenciales para avanzar en la construcción de sociedades sustentables, a partir de seguir explorando acciones y políticas que aproximen al mundo a una mayor armonía con la naturaleza, mediante una mejor distribución económica, justicia social y una efectiva democracia.

 

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