La
integración cultural de los jóvenes exige reconocer
su capacidad creativa
LA
INVESTIGACIÓN NO conoce fronteras en la UAM. Tampoco
la diversidad, que marca la ruta de los temas que ocupan a los especialistas
de esta Universidad. Y la muestra está en los dos trabajos de
tesis que obtuvieron el primer lugar del "Concurso Nacional de
Tesis sobre la Juventud 2003", en las categorías de doctorado
y licenciatura, respectivamente.
El doctor Adrián de Garay Sánchez, investigador del Departamento
de Sociología, y el licenciado Cupatitzio Piña Mendoza,
egresado de la licenciatura en Psicología Social de esta Casa
de estudios, recibieron sus reconocimientos de manos del titular del
Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ), licenciado Cristián
Castaño Contreras.
La tesis Sujetos itinerantes: los jóvenes universitarios de la
Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), con la que De Garay
Sánchez obtuvo el doctorado en Ciencias Antropológicas,
se aproxima al conocimiento de los alumnos en tanto sujetos sociales,
mediante el estudio y análisis de algunas prácticas de
su vida cotidiana como estudiantes y en otros espacios de interacción
social.
El trabajo de Cupatitzio Piña Mendoza, Cuerpos posibles... cuerpos
modificados. Modificaciones corporales en jóvenes urbanos: tatuajes
y perforaciones, se centra en la corporalidad de los jóvenes,
el elemento de articulación más importante de las prácticas
e identidades de los usuarios de tatuajes y perforaciones.
La relación alumno-escuela
Entre las conclusiones del estudio del sociólogo Adrián
de Garay Sánchez destaca que la falta de integración a
la vida universitaria que se observa en los alumnos no depende del origen
social de éstos ni de la escolaridad de los padres, ni tampoco
de su perfil socioeconómico o de que provengan de bachilleratos
públicos. Estos factores no condicionan el desempeño académico
de los alumnos, el cual está determinado por la manera como éstos
se relacionan con los profesores y con la vida social y cultural de
la Universidad.
El sociólogo De Garay Sánchez --quien obtuvo el doctorado
en Ciencias Antropológicas y cuya tesis fue asesorada por el
doctor Néstor García Canclini-- estima que el problema
está dentro de la Universidad y no obedece a cómo llegan
los estudiantes a la Institución, "aun cuando amplios sectores
del profesorado y de las autoridades consideran que la falta de rendimiento
académico, las bajas tasas de titulación y la deserción
se deben al origen social de nuestros alumnos, particularmente en la
Unidad Iztapalapa".
El estudio del sociólogo revela que el porcentaje de jóvenes
que proviene de los estratos bajo y medio bajo, donde las familias no
reúnen las condiciones de bienestar económico y social
suficientes, alcanza el 53.4 por ciento, más de la mitad de la
comunidad estudiantil. También muestra que los estudiantes de
la Unidad Iztapalapa tienen las condiciones más precarias que
sus colegas de las otras dos unidades, ya que 61.4 por ciento se ubica
en el nivel bajo y medio bajo, en tanto que en Xochimilco es del 49.1
por ciento y en Azcapotzalco del 48.8 por ciento.
De Garay Sánchez comentó que, en general, las universidades
públicas o privadas se han centrado en proponer políticas
generales que homogenizan las necesidades de los estudiantes, cuando
es preciso diseñar planes específicos orientados a la
heterogeneidad de los universitarios, ya sea por el plantel, la carrera
o el tipo de vivencia cotidiana que enfrentan.
Formar jóvenes cultos
El investigador advierte que como institución cultural, la Universidad
no debe limitarse a preparar jóvenes competentes para desenvolverse
con éxito en diversos mercados profesionales. La Universidad
también tiene la responsabilidad social de crear las condiciones
para formar mujeres y hombres cultos, capaces de apreciar una amplia
diversidad de repertorios culturales y estéticos.
De Garay Sánchez sostiene que la tarea institucional de formar
jóvenes universitarios hace imprescindible la necesidad de conocer
a fondo la variedad de contextos familiares, grupales, culturales y
educativos en los que desarrollan sus prácticas sociales los
miles de estudiantes que acuden cotidianamente a la UAM.
Señala que la estrategia para fomentar un mayor consumo e integración
cultural de los jóvenes debe pasar por el reconocimiento de la
multiplicidad de gustos y capacidades creativas e innovadoras de los
mismos.
“La Universidad debe modificar su política en el diseño
y aplicación de su oferta cultural para dar paso a la construcción
de múltiples dispositivos institucionales con el fin de conectar
las demandas, iniciativas e intereses estéticos y culturales
de una heterogénea comunidad de jóvenes universitarios
con la oferta de bienes culturales que la propia Institución
pone a su disposición, subraya.
El sociólogo puntualiza que la Universidad tiene que interactuar
de manera más imaginativa con su población estudiantil
desde el primer día que un alumno pisa las instalaciones, y poner
especial atención a los sectores que ingresan en condiciones
de desigualdad en el rango cultural, como son los casos de hijos de
padres sin estudios superiores.
La Institución, agrega, debe también diseñar políticas
específicas de acuerdo con los procesos múltiples de transición
y maduración que experimentan los jóvenes durante los
años que permanecen en ella.
Tras comentar que la mayoría de los estudiantes logran mantenerse
en la UAM entre cinco y siete años de su vida para cursar una
licenciatura, tiempo en que se conforman las identidades individuales
y grupales de los sujetos jóvenes que serán el futuro
del país en el presente siglo, asegura que es preciso afinar
la mirada a la hora de observar a un grupo social altamente heterogéneo
y diverso, pese a ser identificado como estudiantado de la Universidad.
Adrián de Garay menciona que a casi treinta años de su
fundación, la Institución requiere seguir revisando su
modelo educativo, redefinir sus políticas y estrategias en muchos
terrenos de su quehacer. Para ello recomienda aplicar la autocrítica
y hacer acopio de voluntad política para reconocer las debilidades
y llevar a cabo diversos cambios institucionales que modifiquen muchas
inercias acumuladas.
Las comunidades universitarias no son ni deben ser conjuntos homogéneos,
ya que en ellas coexisten visiones e intereses divergentes y se desarrollan
tendencias y enfoques académicos, culturales y políticos
discordantes. Adrián de Garay subrayó la mportancia de
que una instancia como el IMJ reconozca la trascendencia de la investigación
sobre jóvenes universitarios, “sobre todo porque se trata
de un aspecto que vale la pena estudiar y que durante años fue
menospreciado".
En
tanto, el psicólogo social Cupatitzio Piña Mendoza cuestionó
en su investigación la mirada hegemónica que denuesta
la práctica del tatuaje y la perforación, contrapuesta
a la nueva mirada que surge del deseo manifiesto de crear una lectura
integral e interdisciplinaria, capaz de dar cuenta de los elementos
y transformaciones culturales propios de las agregaciones juveniles.
El estudio sostiene que la práctica de la modificación
de los cuerpos mediante tatuajes y perforaciones es consecuencia de
las manifestaciones y los cambios sociales y culturales, vinculados
con el “reapropia-miento del cuerpo” y la búsqueda
de certeza y direccionalidad en la problemática de la identidad.
Considera que la realidad corporal concreta, aquella que es aprendida
de manera cotidiana en la experiencia inmediata de nuestros afectos
y actos, se diluye. “El cuerpo que somos nunca es verdaderamente
y por entero nuestro, ya que el lugar que ocupa no ha sido ni será
nunca un espacio neutral (...) en él se inscriben los códigos
culturales y se juegan las estrategias del orden social, lo que implica
un proceso de construcción interminable en donde hablar de cuerpo
es hablar de cultura”.
Piña Mendoza indica que en el cuerpo modificado, entre tinta
y metal, se van construyendo las prácticas, discursos, valores,
creencias, actitudes, representaciones y autorrepresentaciones con que
un considerable número de jóvenes dota de sentido a la
realidad y construye su identidad individual y colectiva.
Sin embargo, critica que las tradiciones morales y estéticas,
los saberes, la lógica de consumo y la dominación cultural
hagan del cuerpo también un lugar de exclusión, de estigma
y discriminación.
Cupatitizio Piña reconoció que en los últimos años
se ha registrado un mayor interés en el estudio del cuerpo juvenil,
pero apuntó que las investigaciones siguen siendo escasas, las
miradas patologizantes y las visiones excluyentes.
“La lectura hegemónica del cuerpo modificado se ha venido
construyendo desde el discurso clínico-médico-criminalista.
Desde enfoques y visiones que han descontextualizado a los sujetos y
desde miradas que han reducido la práctica cultural de modificar
el cuerpo a la patología y la desviación”.
En estos tiempos, cuando los jóvenes han perdido espacios, el
cuerpo es la última frontera en la que se refleja y se construye
la identidad de un buen número de ellos.
La innovación en el tatuaje y la perforación, añadió
el investigador, se ha convertido en una de las herramientas de resistencia.
Ahora existen las cortadas en la piel para hacer diseños en dibujo
(escarificaciones), las quemaduras en la piel (branding) y las piezas
especiales insertas en la piel (implantes).
En el acto de premiación, Cristián Castaño Contreras,
director general del IMJ, aseveró que el avance del conocimiento
sobre los jóvenes es fundamental para el país, sobre todo
porque el diseño de políticas que atiendan a este sector
debe estar basado en investigación y estudios sistemáticos.
La ceremonia fue encabezada por el rector general de la UAM, doctor
Luis Mier y Terán Casanueva y contó con la presencia del
doctor José Mustré de León, del Centro de Investigación
y Estudios Avanzados (Cinvestav), y los licenciados Miguel Ángel
Serrano Perea, subdirector general de Coordinación y Evaluación,
y José Antonio Pérez Islas, director de Investigación
y Estudios sobre Juventud, ambos del IMJ.
En esta primera versión del concurso, organizado por la Dirección
de Investigación y Estudios sobre la Juventud del IMJ, se recibieron
203 trabajos de licenciatura, maestría y doctorado, de los cuales
se aceptaron sólo 191. Los tres primeros lugares en cada categoría
recibieron un estímulo económico de 25 mil, 15 mil y 10
mil pesos, respectivamente, así como una onza de plata y un diploma.
/ Javier Solórzano Herrera
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