Comunidades

 Semanario de la UAM

26 de enero de 2004

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La integración cultural de los jóvenes exige reconocer su capacidad creativa

LA INVESTIGACIÓN NO conoce fronteras en la UAM. Tampoco la diversidad, que marca la ruta de los temas que ocupan a los especialistas de esta Universidad. Y la muestra está en los dos trabajos de tesis que obtuvieron el primer lugar del "Concurso Nacional de Tesis sobre la Juventud 2003", en las categorías de doctorado y licenciatura, respectivamente.

El doctor Adrián de Garay Sánchez, investigador del Departamento de Sociología, y el licenciado Cupatitzio Piña Mendoza, egresado de la licenciatura en Psicología Social de esta Casa de estudios, recibieron sus reconocimientos de manos del titular del Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ), licenciado Cristián Castaño Contreras.

La tesis Sujetos itinerantes: los jóvenes universitarios de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), con la que De Garay Sánchez obtuvo el doctorado en Ciencias Antropológicas, se aproxima al conocimiento de los alumnos en tanto sujetos sociales, mediante el estudio y análisis de algunas prácticas de su vida cotidiana como estudiantes y en otros espacios de interacción social.

El trabajo de Cupatitzio Piña Mendoza, Cuerpos posibles... cuerpos modificados. Modificaciones corporales en jóvenes urbanos: tatuajes y perforaciones, se centra en la corporalidad de los jóvenes, el elemento de articulación más importante de las prácticas e identidades de los usuarios de tatuajes y perforaciones.

La relación alumno-escuela

Entre las conclusiones del estudio del sociólogo Adrián de Garay Sánchez destaca que la falta de integración a la vida universitaria que se observa en los alumnos no depende del origen social de éstos ni de la escolaridad de los padres, ni tampoco de su perfil socioeconómico o de que provengan de bachilleratos públicos. Estos factores no condicionan el desempeño académico de los alumnos, el cual está determinado por la manera como éstos se relacionan con los profesores y con la vida social y cultural de la Universidad.


El sociólogo De Garay Sánchez --quien obtuvo el doctorado en Ciencias Antropológicas y cuya tesis fue asesorada por el doctor Néstor García Canclini-- estima que el problema está dentro de la Universidad y no obedece a cómo llegan los estudiantes a la Institución, "aun cuando amplios sectores del profesorado y de las autoridades consideran que la falta de rendimiento académico, las bajas tasas de titulación y la deserción se deben al origen social de nuestros alumnos, particularmente en la Unidad Iztapalapa".

El estudio del sociólogo revela que el porcentaje de jóvenes que proviene de los estratos bajo y medio bajo, donde las familias no reúnen las condiciones de bienestar económico y social suficientes, alcanza el 53.4 por ciento, más de la mitad de la comunidad estudiantil. También muestra que los estudiantes de la Unidad Iztapalapa tienen las condiciones más precarias que sus colegas de las otras dos unidades, ya que 61.4 por ciento se ubica en el nivel bajo y medio bajo, en tanto que en Xochimilco es del 49.1 por ciento y en Azcapotzalco del 48.8 por ciento.

De Garay Sánchez comentó que, en general, las universidades públicas o privadas se han centrado en proponer políticas generales que homogenizan las necesidades de los estudiantes, cuando es preciso diseñar planes específicos orientados a la heterogeneidad de los universitarios, ya sea por el plantel, la carrera o el tipo de vivencia cotidiana que enfrentan.

Formar jóvenes cultos

El investigador advierte que como institución cultural, la Universidad no debe limitarse a preparar jóvenes competentes para desenvolverse con éxito en diversos mercados profesionales. La Universidad también tiene la responsabilidad social de crear las condiciones para formar mujeres y hombres cultos, capaces de apreciar una amplia diversidad de repertorios culturales y estéticos.

De Garay Sánchez sostiene que la tarea institucional de formar jóvenes universitarios hace imprescindible la necesidad de conocer a fondo la variedad de contextos familiares, grupales, culturales y educativos en los que desarrollan sus prácticas sociales los miles de estudiantes que acuden cotidianamente a la UAM.

Señala que la estrategia para fomentar un mayor consumo e integración cultural de los jóvenes debe pasar por el reconocimiento de la multiplicidad de gustos y capacidades creativas e innovadoras de los mismos.

“La Universidad debe modificar su política en el diseño y aplicación de su oferta cultural para dar paso a la construcción de múltiples dispositivos institucionales con el fin de conectar las demandas, iniciativas e intereses estéticos y culturales de una heterogénea comunidad de jóvenes universitarios con la oferta de bienes culturales que la propia Institución pone a su disposición, subraya.

El sociólogo puntualiza que la Universidad tiene que interactuar de manera más imaginativa con su población estudiantil desde el primer día que un alumno pisa las instalaciones, y poner especial atención a los sectores que ingresan en condiciones de desigualdad en el rango cultural, como son los casos de hijos de padres sin estudios superiores.

La Institución, agrega, debe también diseñar políticas específicas de acuerdo con los procesos múltiples de transición y maduración que experimentan los jóvenes durante los años que permanecen en ella.

Tras comentar que la mayoría de los estudiantes logran mantenerse en la UAM entre cinco y siete años de su vida para cursar una licenciatura, tiempo en que se conforman las identidades individuales y grupales de los sujetos jóvenes que serán el futuro del país en el presente siglo, asegura que es preciso afinar la mirada a la hora de observar a un grupo social altamente heterogéneo y diverso, pese a ser identificado como estudiantado de la Universidad.


Adrián de Garay menciona que a casi treinta años de su fundación, la Institución requiere seguir revisando su modelo educativo, redefinir sus políticas y estrategias en muchos terrenos de su quehacer. Para ello recomienda aplicar la autocrítica y hacer acopio de voluntad política para reconocer las debilidades y llevar a cabo diversos cambios institucionales que modifiquen muchas inercias acumuladas.

Las comunidades universitarias no son ni deben ser conjuntos homogéneos, ya que en ellas coexisten visiones e intereses divergentes y se desarrollan tendencias y enfoques académicos, culturales y políticos discordantes. Adrián de Garay subrayó la mportancia de que una instancia como el IMJ reconozca la trascendencia de la investigación sobre jóvenes universitarios, “sobre todo porque se trata de un aspecto que vale la pena estudiar y que durante años fue menospreciado".

En tanto, el psicólogo social Cupatitzio Piña Mendoza cuestionó en su investigación la mirada hegemónica que denuesta la práctica del tatuaje y la perforación, contrapuesta a la nueva mirada que surge del deseo manifiesto de crear una lectura integral e interdisciplinaria, capaz de dar cuenta de los elementos y transformaciones culturales propios de las agregaciones juveniles.

El estudio sostiene que la práctica de la modificación de los cuerpos mediante tatuajes y perforaciones es consecuencia de las manifestaciones y los cambios sociales y culturales, vinculados con el “reapropia-miento del cuerpo” y la búsqueda de certeza y direccionalidad en la problemática de la identidad.

Considera que la realidad corporal concreta, aquella que es aprendida de manera cotidiana en la experiencia inmediata de nuestros afectos y actos, se diluye. “El cuerpo que somos nunca es verdaderamente y por entero nuestro, ya que el lugar que ocupa no ha sido ni será nunca un espacio neutral (...) en él se inscriben los códigos culturales y se juegan las estrategias del orden social, lo que implica un proceso de construcción interminable en donde hablar de cuerpo es hablar de cultura”.

Piña Mendoza indica que en el cuerpo modificado, entre tinta y metal, se van construyendo las prácticas, discursos, valores, creencias, actitudes, representaciones y autorrepresentaciones con que un considerable número de jóvenes dota de sentido a la realidad y construye su identidad individual y colectiva.

Sin embargo, critica que las tradiciones morales y estéticas, los saberes, la lógica de consumo y la dominación cultural hagan del cuerpo también un lugar de exclusión, de estigma y discriminación.

Cupatitizio Piña reconoció que en los últimos años se ha registrado un mayor interés en el estudio del cuerpo juvenil, pero apuntó que las investigaciones siguen siendo escasas, las miradas patologizantes y las visiones excluyentes.

“La lectura hegemónica del cuerpo modificado se ha venido construyendo desde el discurso clínico-médico-criminalista. Desde enfoques y visiones que han descontextualizado a los sujetos y desde miradas que han reducido la práctica cultural de modificar el cuerpo a la patología y la desviación”.

En estos tiempos, cuando los jóvenes han perdido espacios, el cuerpo es la última frontera en la que se refleja y se construye la identidad de un buen número de ellos.

La innovación en el tatuaje y la perforación, añadió el investigador, se ha convertido en una de las herramientas de resistencia. Ahora existen las cortadas en la piel para hacer diseños en dibujo (escarificaciones), las quemaduras en la piel (branding) y las piezas especiales insertas en la piel (implantes).

En el acto de premiación, Cristián Castaño Contreras, director general del IMJ, aseveró que el avance del conocimiento sobre los jóvenes es fundamental para el país, sobre todo porque el diseño de políticas que atiendan a este sector debe estar basado en investigación y estudios sistemáticos.

La ceremonia fue encabezada por el rector general de la UAM, doctor Luis Mier y Terán Casanueva y contó con la presencia del doctor José Mustré de León, del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), y los licenciados Miguel Ángel Serrano Perea, subdirector general de Coordinación y Evaluación, y José Antonio Pérez Islas, director de Investigación y Estudios sobre Juventud, ambos del IMJ.

En esta primera versión del concurso, organizado por la Dirección de Investigación y Estudios sobre la Juventud del IMJ, se recibieron 203 trabajos de licenciatura, maestría y doctorado, de los cuales se aceptaron sólo 191. Los tres primeros lugares en cada categoría recibieron un estímulo económico de 25 mil, 15 mil y 10 mil pesos, respectivamente, así como una onza de plata y un diploma. / Javier Solórzano Herrera

 

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