| Escapararte |
Semanario de la UAM |
| 1 de diciembre de 2003 |
Muestra retrospectiva
de la escultora Edna PallaresARTE MÁRMOL NEGRO, PIEDRA caliza cuya dureza impide su fácil manejo y transformación; elemento de la naturaleza que al pulirse se torna de gris al negro brillante; material amorfo que invita a ser extraído de las canteras y trabajado para sentir sus nuevas formas: curvas, lisas, rectas y ásperas.
En la exposición Reencuentro: reflexiones, revisiones y algunos apuntes, exhibida en la Sala Leopoldo Méndez de la Unidad Xochimilco, el mármol de Monterrey es el centro de atención, con el único fin de volver a lo natural para despertar sensaciones a partir de los volúmenes y tonos, apartándose de lo contemporáneo, donde predominan las ideas.
En esta muestra retrospectiva se aprecia cómo la autora, Edna Pallares, enfrentó el reto de cambiar el cincel y martillo por instrumentos más complejos para el manejo de este elemento, como son las herramientas eléctricas o neumáticas. Para crear las nuevas formas, los discos de diamante fueron indispensables en su labor artística.
Sin olvidarse del presente, Edna Pallares sigue el camino de la tradición prehispánica (que dejan diversos testimonios de sus obras en piedra), así como del trabajo de Ortiz Monasterio (1900-1930) y de Pedro Coronel (1923-1985). A partir de 1950 se pierde por completo este tipo de trabajo, hasta que es recuperado en la década de los ochenta.
Este gusto por “picar piedra” lleva a la artista a colocarse como uno de los cinco escultores en el país que enfrentan el reto de maniobrar rocas, con el fin de crear figuras sencillas.
Entrevistada en la inauguración de la exposición, el pasado 14 de noviembre, admitió que es cansado y complicado el manejo del mármol y, en ocasiones, molesta la emisión de tanto polvo; sin embargo, aseguró que el contacto con este material le produce una enorme carga de sensaciones.
La mezcla visual que se forma de los colores negro, blanco y gris, de la mayoría de las casi 20 obras, se interrumpe sólo por dos de ellas: Marcas y huellas, que está hecha de cerámica (color rojizo) y por Huella pétrea, basada en ónix blanco. / Rosario Valdez Camargo
Edna Pallares nació en la Ciudad de México. Es egresada de la licenciatura en Artes Visuales de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, del Diplomado en Historia de Arte Contemporáneo por la Universidad del Claustro de Sor Juana, y del Taller de Instalación, impartido por Helen Escobedo en el Centro Nacional de las Artes.
Entre sus premios y reconocimientos destacan: una beca otorgada por el gobierno francés para estudios de Especialización en Pintura, en la École Supérieure Nationale de Beaux-Arts, París, Francia; el premio en Pintura 1989, del Centre Régional des Ouevres Universitaries et Escolaires de París; una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, y el tercer lugar en el International Snow Sculpting Competition, Frankemounth, Michigan, Estados Unidos, entre otros.
Xochimilco sigue vivo, pero requiere ser restaurado
CON EL CURSO “Capacitación en Turismo y Conservación para los Remeros de Xochimilco” se busca solventar la falta de conocimiento ambiental sobre la zona lacustre; hacer que los trajineros —con su bagaje empírico— hagan suya la urgencia de preservar el medio y transmitirla a los visitantes. Alejandro Meléndez, maestro en Ciencias, describe así uno de los objetivos del Taller que coordinó.
Con maestría en Turismo y Conservación por la Universidad de Kent, el profesor-investigador del Departamento El Hombre y su Ambiente, de la Unidad Xochimilco, puntualiza: “Sabemos que muchos remeros tienen instrucción hasta licenciatura y su deseo es continuar en esta labor”; así, la capacitación contribuye a que “durante los recorridos, posean la necesaria interpretación ambiental, como una modalidad de la recreación”.
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El esparcimiento se ha convertido en el objetivo principal de los visitantes locales; en el caso de los foráneos hay un incentivo cultural. Así, el curso inscrito en la definición amplia de “ecoturismo”, agrega Meléndez, “promueve un turismo basado en la naturaleza, como una manera de sensibilizar a visitantes y remeros en la conservación de Xochimilco”.
Con apenas algunas experiencias previas en el rubro de la capacitación, consideradas por el especialista como “difusas” e “informales”, esta fue la primera vez que una iniciativa de origen académico, de “carácter formal y sistematizado”, se impartió al gremio de los remeros, quienes atienden a un flujo de visitantes estimado en 800 mil al año, entre nacionales y extranjeros.
El curso está inscrito en el proyecto “Aztecas y ajolotes: integrando la conservación y el turismo en Xochimilco”, impulsado y diseñado por esta Casa de estudios y por el Instituto Durrell de Conservación y Ecología, de la Universidad de Kent, Reino Unido; dirigido en nuestra Institución por la doctora Virginia Graue.
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El doctor Ian Bride, de la Universidad de Kent, quien colaboró en el curso, ha definido al ajolote como “símbolo de la construcción de México, desde la época prehispánica hasta nuestros días”. El ajolote era utilizado como “moneda de cambio” para la compra de materiales de construcción; quizá, evoca el biólogo inglés, su intercambio fue definitivo en la construcción de la gran México-Tenochtitlan.
Meléndez, por su parte, enfatiza las aportaciones que en Genética pueden desprenderse del estudio de este anfibio, capaz de autorregenerar cualquiera de sus miembros, incluso las células cerebrales.
El proyecto tiene una clara orientación social dado el compromiso adquirido hacia los habitantes de la zona. El Taller contó con el apoyo de los estudiantes Dulce Emely Flores, Luis Hidalgo, Ana Patricia Romero y Gabriela Domínguez.
El curso se realizó del 1 al 8 de diciembre en las instalaciones del Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC), dependiente de nuestra Universidad. / Estrella Olvera Barragán