Raquel Tibol, crítica de convicción
inalterable ante el sentido
de la creación

LA VOZ FIRME y directa de Raquel Tibol (Argentina,
1923), rasgo que aun a la distancia anuncia la presencia de la crítica de arte, fue proyectada ante un auditorio
colmado por jóvenes universitarios, ante quienes reafirmó su indeclinable posición crítica
hacia “instituciones culturales que negocian en lo oscurito”.
“Es una vergüenza”, dijo, que decisiones como la reciente designación de la obra de María Izquierdo
como patrimonio artístico de la nación se haya tomado de espaldas a la comunidad, cuando lo que se
requiere es la libre circulación de legados como el de Izquierdo, “para que en todas partes del mundo se
conozca su trabajo” y, en todo caso, agregó, cuando “lo que hace falta es revisar y, en su caso, modificar
la ley de Monumentos y Patrimonio Artístico de la Nación”.
En el marco del homenaje que nuestra Universidad rindió el miércoles 30 de octubre a la “promotora
cultural, historiadora, curadora y museógrafa”, Raquel Tibol impartió una conferencia —que prefirió
no llamar “magistral”—, sobre los movimientos que en las artes plásticas del país se perciben durante
los últimos tiempos.
Ahondó en sus consideraciones, acompañadas cada una de ellas por argumentos en los que su vigorosa
memoria contribuía a dar fe de sus palabras, al recordar el caso de Rufino Tamayo, quien en vida se opuso
a sumarse a los artistas catalogados como patrimonio artístico.
Tibol trajo a colación la anécdota en la
que ella misma se vio involucrada cuando intentó reeditar alguno de sus ensayos sobre José Clemente
Orozco, y fue impedida para llevar a cabo su propósito por el hijo del muralista. El caso llegó hasta
la Procuraduría General de la República. Por la declaratoria de patrimonio artístico de la
nación, puntualizó, “se han dejado de realizar muchos proyectos encaminados a la difusión
de artistas mexicanos”.
En la primera parte de la conferencia, Tibol bordó sobre la legendaria disputa entre los tres grandes muralistas.
“Orozco no aguantaba a Rivera, e incluso escribió acerbas críticas contra él; y, Siqueiros
y Rivera —que no se querían— si había que firmar un comunicado en favor de la paz lo hacían
juntos, y del brazo salían a la calle”.
“Ahora ya no hay causas comunes entre los artistas”, deploró la autora de Historia del arte mexicano.
Nacionalizada mexicana en 1961, Raquel Tibol no omitió el tema de Diego Rivera, una de sus pasiones naturales.
En honor de la justicia señaló que, en los múltiples intentos del muralista guanajuatense
por acercarse al surrealismo fracasó, al mismo tiempo que reconocía el talento de Rufino Tamayo.
La crítica de arte recordó las palabras del esposo de Frida Kahlo, cuando en una de sus tantas entrevistas
le confesó: Después de Picasso naiden… y después de naiden… Tamayo.
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El homenaje a Raquel Tibol surgió a iniciativa
de los profesores del Seminario Permanente de Síntesis Creativa de la Unidad Xochimilco, Diana Guzmán,
Raúl Hernández, Víctor Muñoz y Jorge Castillo Morquecho.
En la Sala del Consejo Académico se dieron cita los doctores Luis Mier y Terán Casanueva, rector
general; Ricardo Solís Rosales, secretario general; el maestro en Ciencias Norberto Manjarrez Alvarez, rector
de la Unidad promotora; el doctor Cuauhtémoc Pérez Llanas, secretario de la misma; el diseñador
industrial Luis Romero Regús, director de la División de Ciencias y Artes para el Diseño;
el maestro Andrés de Luna, coordinador de
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Extensión Académica; así como los académicos gestores de la iniciativa.
El maestro Manjarrez dio la bienvenida a doña Raquel con palabras en las que al ponderar el valor de la
“crítica como condición indispensable para los saberes” reconocía la labor de la homenajeada,
quien hizo de su “voluntad crítica, apartada de las complacencias y al margen de acartonamientos, su baluarte”.
Posteriormente, profesores-investigadores de esta Casa de estudios que han combinado la academia con la creación
artística en el campo de la plástica hablaron de las anécdotas y experiencias compartidas
con la museógrafa. Lourdes Grobet, Marys Bustamante, Diana Guzmán, Carlos Aguirre, Víctor
Muñoz y José Antonio Hernández coincidieron en que Raquel Tibol es figura decisiva en el desarrollo
de las artes plásticas nacionales. “En su trabajo como crítica, Raquel Tibol no ha sentido lástima
ni misericordia por los artistas”.
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El doctor Luis Mier y Terán Casanueva hizo entrega del diploma-reconocimiento de la UAM, a la autora de
más de medio centenar de estudios —casi la mitad dedicados a las mujeres—, ofrecido por su trayectoria y
aportaciones.
“La Universidad Autónoma Metropolitana renueva su tradición humanística, crítica y
científica al celebrar el talento. Raquel Tibol representa un punto de convergencia de nuestra vocación
fundamental por desarrollar, preservar y difundir el conocimiento”, destacó el Rector General.
Para después puntualizar que: “Como Institución que se precia de ser pública y socialmente
comprometida —por algo nuestro lema es el de Casa abierta al tiempo—, nos resulta fácil reconocernos en
la trayectoria de tan ejemplar investigadora, promotora, curadora y museógrafa, quien a lo largo de varias
décadas ha demostrado también una convicción inalterable por el sentido de la creación,
su calidad y pertinencia. Y siempre lo ha hecho de manera crítica, abierta y dispuesta a los encuentros
y desencuentros propios del arte y la estética, la política y el entorno colectivo”.
Raquel Tibol quiso compartir este reconocimiento con un gesto de reciprocidad, mediante la donación de una
docena de libros de su biblioteca y de su autoría, entre ellos la segunda edición del ensayo dedicado
a Hermenegildo Bustos, el ya inencontrable Iberoamerica pinta, así como el más reciente Murales de
Diego Rivera en la Universidad de Chapingo.
Como colofón de la conferencia, Raquel Tibol dijo: “No hay cultura democrática si los estudiantes
y maestros no toman la palabra en la cultura” y en referencia al lema de nuestra Institución invitó
a la comunidad universitaria a “moverse de vez en cuando”.
Finalmente, entrevistada por los reporteros que asistieron al acto, hizo ver que, convertidos en medios desperdiciados,
en la radio y televisión hay un “exceso de cultura sonriente”./ Estrella Olvera
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