La
escala humana o de como los reality shows también
van al teatro
CADA FAMILIA
PADECE patologías a su manera. Tolstoi nunca imaginó
que la reflexión de uno de sus personajes más entrañables
en Ana Karenina fuera retomada para ser exhibida, con la mayor impudicia,
como línea argumental de los reality shows tan en boga en la
televisión.
“Mamá se enamora… de mi marido” y todas las
variantes del tema, tratado por esos programas, hasta llegar a su cúspide:
“Mamá es una asesina”, resuenan en la desternillante
puesta en escena de La escala humana, siniestra metáfora sobre
el arquetipo familiar posmoderno.
Una madre divorciada, tres hijos tan vulnerables o más que su
progenitora y un policía enamorado, reunidos ante la tentativa
de curar sus males y rehacer sus vidas. Además, involucrados
en una escalada de asesinatos. La obra escrita por los argentinos Javier
Daulte, Rafael Spregelburd y Alejandro Tantanian, resulta una parodia
cuya efervescencia admite, incluso, su autoparodia.
Cuando la presentación literaria del trabajo realizado a “seis
manos” avisa que: “Sólo encontrarás lo que
tú lleves”, queda claro el papel principal que habrá
de jugar el público espectador frente al laboratorio escénico
donde la trama puede convertirse en un thriller, en un melodrama o en
comedia del absurdo.

La impronta me-diática y cinematográfica con la que cuentan
los autores aflora en la construcción de la historia.
Empero, el director de escena Ricardo García-Arteaga, entre cuyos
trabajos resaltan Galileo Galilei, de Brecht (1996); El gesticulador,
de Usigli (1995); y El enemigo del pueblo, de Ibsen (1993), ha declarado:
“Para la puesta en escena, nosotros experimentamos a partir de
figuras corporales y no analizando psicoanalíticamente a los
personajes, por lo tanto, el director no tiene más poder que
los actores. Junto con el director, el actor es un creador.
“Aquí, la obra aporta cincuenta por ciento del contenido.
El otro cincuenta por ciento está construido por la recepción
que hace de ella el espectador”.
El reparto está integrado por Norma Gris, Alicia Martín,
Leonardo Ortizgriz, Richard Viqueyra y Javier Mondragón. La escenografía,
iluminación y vestuario corren a cargo de Jarmila Dostálová,
con la música original de Nicolás Varchausky. / Estrella
Olvera Barragán
El
goce del placer a través de la lente
DESNUDA
EL ALMA, los sentimientos, las emociones y sensaciones; deja
al descubierto la piel, la sensualidad y sexualidad, lo que realmente
es el ser humano, un cuerpo, una imagen, una silueta, belleza.
Trazos femeninos, brazos delicados, piernas firmes, pechos bellamente
delineados, el desnudo de la esencia, la placidez de la mujer que se
siente plena, elegante, sutil, perfecta, hermosa.
El goce de autoposeerse, de ser mujer, femenina, cálida, cándida,
atractiva, delicada, guerrera de los sueños y luchadora de los
anhelos, convirtiéndola en el territorio inacabable, deseoso
de ser explorado, de ser alabado por quienes le otorgan el título
indudable de diva.
Gretta Penélope Hernández Ayala, artista e intérprete
de las emociones e iconos, ofrece una colección de fotografías
de mujeres al desnudo, donde el estilo exhibicionista hace alarde de
la belleza natural de las jóvenes modelos.
La obra de Gretta, que se exhibe en la sala Ivonne Domenge, de la Unidad
Xochimilco, refleja amor, desamor, pasión, sumisión, vida,
muerte, entrega, soledad, elocuencia, delirio, ternura y dureza; imágenes
que recorren la piel y la estructura de la mujer.
Las reconoce como elementos de la naturaleza y el erotismo, como dualidad,
como creadoras y generadoras de vida, mujeres que se entregan completamente,
viven las emociones sin límites, plácida y gozosamente.
La fotógrafa señaló que para ella es importante
transmitir la plenitud de la mujer, ya que el reconocimiento de ésta
frente a otra es mirarse en el espejo y observar el enigma y lo complejo
de los sentimientos que encierra la esencia de lo femenino.
Gretta Hernández pretende ver a la mujer no sólo bajo
el contexto sexual, sino de belleza e inspiración que genera
para otra mujer, el contacto con su intimidad, erotismo, miedos, frustraciones
y experiencias.
La obra, en exposición hasta el 27 de julio, está compuesta
por más de cuarenta piezas, dividida en tres momentos fundamentales:
sensualidad, frustración, y placidez de ser mujer. Gretta plasma,
mediante su ojo visor la capacidad de amar, de sufrir, de soñar...
La artista visual transforma a la mujer cotidiana retratada en su obra,
diosas y heroínas de la vida, las lleva del dolor al erotismo
y de éste a la muerte, construye y reconstruye escenarios de
lo que significa ser mujer; de ahí que elementos, como el hogar,
la intimidad, la libertad, generen el ambiente propicio para que Gretta
indague en lo más femenino de su ser y proyecte la fotografía
al desnudo. / Alejandra Pérez Amado.

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