Escapararte

 Semanario de la UAM

7 de julio de 2003

<Página anterior - Índice -Siguiente página

La escala humana o de como los reality shows también van al teatro

CADA FAMILIA PADECE patologías a su manera. Tolstoi nunca imaginó que la reflexión de uno de sus personajes más entrañables en Ana Karenina fuera retomada para ser exhibida, con la mayor impudicia, como línea argumental de los reality shows tan en boga en la televisión.
“Mamá se enamora… de mi marido” y todas las variantes del tema, tratado por esos programas, hasta llegar a su cúspide: “Mamá es una asesina”, resuenan en la desternillante puesta en escena de La escala humana, siniestra metáfora sobre el arquetipo familiar posmoderno.
Una madre divorciada, tres hijos tan vulnerables o más que su progenitora y un policía enamorado, reunidos ante la tentativa de curar sus males y rehacer sus vidas. Además, involucrados en una escalada de asesinatos. La obra escrita por los argentinos Javier Daulte, Rafael Spregelburd y Alejandro Tantanian, resulta una parodia cuya efervescencia admite, incluso, su autoparodia.
Cuando la presentación literaria del trabajo realizado a “seis manos” avisa que: “Sólo encontrarás lo que tú lleves”, queda claro el papel principal que habrá de jugar el público espectador frente al laboratorio escénico donde la trama puede convertirse en un thriller, en un melodrama o en comedia del absurdo.



La impronta me-diática y cinematográfica con la que cuentan los autores aflora en la construcción de la historia.
Empero, el director de escena Ricardo García-Arteaga, entre cuyos trabajos resaltan Galileo Galilei, de Brecht (1996); El gesticulador, de Usigli (1995); y El enemigo del pueblo, de Ibsen (1993), ha declarado: “Para la puesta en escena, nosotros experimentamos a partir de figuras corporales y no analizando psicoanalíticamente a los personajes, por lo tanto, el director no tiene más poder que los actores. Junto con el director, el actor es un creador.
“Aquí, la obra aporta cincuenta por ciento del contenido. El otro cincuenta por ciento está construido por la recepción que hace de ella el espectador”.
El reparto está integrado por Norma Gris, Alicia Martín, Leonardo Ortizgriz, Richard Viqueyra y Javier Mondragón. La escenografía, iluminación y vestuario corren a cargo de Jarmila Dostálová, con la música original de Nicolás Varchausky. / Estrella Olvera Barragán

 

El goce del placer a través de la lente

DESNUDA EL ALMA, los sentimientos, las emociones y sensaciones; deja al descubierto la piel, la sensualidad y sexualidad, lo que realmente es el ser humano, un cuerpo, una imagen, una silueta, belleza.
Trazos femeninos, brazos delicados, piernas firmes, pechos bellamente delineados, el desnudo de la esencia, la placidez de la mujer que se siente plena, elegante, sutil, perfecta, hermosa.
El goce de autoposeerse, de ser mujer, femenina, cálida, cándida, atractiva, delicada, guerrera de los sueños y luchadora de los anhelos, convirtiéndola en el territorio inacabable, deseoso de ser explorado, de ser alabado por quienes le otorgan el título indudable de diva.
Gretta Penélope Hernández Ayala, artista e intérprete de las emociones e iconos, ofrece una colección de fotografías de mujeres al desnudo, donde el estilo exhibicionista hace alarde de la belleza natural de las jóvenes modelos.
La obra de Gretta, que se exhibe en la sala Ivonne Domenge, de la Unidad Xochimilco, refleja amor, desamor, pasión, sumisión, vida, muerte, entrega, soledad, elocuencia, delirio, ternura y dureza; imágenes que recorren la piel y la estructura de la mujer.
Las reconoce como elementos de la naturaleza y el erotismo, como dualidad, como creadoras y generadoras de vida, mujeres que se entregan completamente, viven las emociones sin límites, plácida y gozosamente.
La fotógrafa señaló que para ella es importante transmitir la plenitud de la mujer, ya que el reconocimiento de ésta frente a otra es mirarse en el espejo y observar el enigma y lo complejo de los sentimientos que encierra la esencia de lo femenino.
Gretta Hernández pretende ver a la mujer no sólo bajo el contexto sexual, sino de belleza e inspiración que genera para otra mujer, el contacto con su intimidad, erotismo, miedos, frustraciones y experiencias.
La obra, en exposición hasta el 27 de julio, está compuesta por más de cuarenta piezas, dividida en tres momentos fundamentales: sensualidad, frustración, y placidez de ser mujer. Gretta plasma, mediante su ojo visor la capacidad de amar, de sufrir, de soñar...
La artista visual transforma a la mujer cotidiana retratada en su obra, diosas y heroínas de la vida, las lleva del dolor al erotismo y de éste a la muerte, construye y reconstruye escenarios de lo que significa ser mujer; de ahí que elementos, como el hogar, la intimidad, la libertad, generen el ambiente propicio para que Gretta indague en lo más femenino de su ser y proyecte la fotografía al desnudo. / Alejandra Pérez Amado.

<Página anterior - Índice -Siguiente página