Francisco
Castro Leñero
y la invención del espacio
SI LA EXPOSICIÓN
Estaciones tiene algún hilo conductor, éste se encuentra
en la libertad de conjugar obras procedentes de proyectos específicos,
con diferentes motivaciones y realizadas durante los tres últimos
años, de tal suerte que la muestra posee un espectro “diverso”
que le confiere cierta “informalidad”. “Y ahí
radica uno de sus riesgos”.
Francisco Castro Leñero (Ciudad de México, 1954) alude
al vasto “rango de intereses” por los que ha transitado
su quehacer reciente, el cual ha reunido —por primera vez—
en una sola muestra. Es más explícito, de manera especial
cuando habla de piezas como el mural Santa María (3.40 por 10
m), creado en su origen para dialogar con la arquitectura del Museo
Universitario del Chopo, en una exposición colectiva que hace
un par de años curó Paloma Porraz. La obra pasará
su “primera prueba de fuego” al ser colgada fuera del espacio
para el que fue concebida.
Las estaciones de Castro Leñero se cuentan por “actitudes
y motivaciones”, entre estas últimas el proyecto largamente
postergado de una especie de obra figurativa inspirada en la lluvia
de jacarandas que inunda durante la primavera el paisaje urbano. Se
trata de un par de cuadros que estarán acompañados por
una siguiente parada, conformada ésta por “golpes de imaginación”
más que de trabajo o técnica. Aquí, las superficies
son manejadas mediante el uso de “veladuras” o “transparencias”
de color, para crear en el espectador una sensación espacial.
Prácticamente inédita en el país, una cuarta estación
está integrada por la serie de estructuras hechas a partir de
tableros y retículas, realizadas de manera paralela a los proyectos
que antecedieron a la presente muestra y que fueron exhibidos en las
galerías Howard Scott, de Nueva York (2000) y Chac Mool, de California
(2002).
Esta serie incluye tableros basados en la combinación de los
colores azul y blanco, cielo y nubes, “muy ligados a nuestra simbología”
cotidiana: desde banderas y equipos hasta instituciones y patios. La
retícula construida a partir de cuadrados, “a veces cuenta
con intervenciones informales en color negro, las cuales crean la presencia
de una mancha”.
Castro Leñero define dicha experiencia como “una búsqueda
formal que enlaza el uso del cuadrado —una constante en toda mi
obra— a su repetición, como un reto para la imaginación”.
De plantear límites muy específicos y, sin embargo, tratar
de dar soluciones novedosas a esos límites. ¿Hasta dónde
puede uno llegar? ¿Hasta que se agota uno en la energía
para poder seguir haciéndolo?
Frente a la invención del espacio imaginado por el autor, el
poeta Francisco Hernández pregunta: ¿Cómo se cuadricula
la belleza? ¿Por qué ante la supuesta frialdad de lo geométrico
la emoción no se hace del rogar y nos asiste? Y el pintor ¿cómo
se enfrenta a estos ritos geométricos que se inician en el vacío?
Así responde Francisco Castro Leñero: Es similar a un
viaje donde las estaciones se cruzan con ansiedad. Aunque también
se parece a una metamorfosis: en la medida en que el cuadro se desarrolla,
le crecen fronteras y en la mente de cada quien deposita sus callejones,
sus mausoleos o los cuadrados mágicos, donde el mundo se lee
de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, o de arriba abajo y
de abajo arriba, sin que los significados se alteren… (Tomado
del catálogo de la muestra, que también incluye un ensayo
de Luis Ignacio Sáinz)
Estaciones representa para el artista: “Por un lado, la oportunidad
de retribuir y corresponder a la Universidad Autónoma Metropolitana
el apoyo que me brindó durante las exhibiciones organizadas en
Estados Unidos; y, por otro, exponer aquí, en la Galería
Metropolitana, constituye un reto y un atractivo, dado el prestigio
que ha adquirido este recinto cultural y por su ubicación como
espacio”; además, puntualiza, “porque me ha permitido
compartir la obra de colecciones privadas que no podría mostrar
en una galería comercial”. En sus palabras está
implícito el agradecimiento de nuestra Institución a los
coleccionistas particulares que accedieron a prestar su obra por una
larga temporada.
En el marco de esta muestra, Francisco Castro Leñero anunció
la donación a nuestra Casa abierta al tiempo del mural Santa
María, “muralla inmensa” que “impone la unidad
de la grandeza” (Francisco Hernández). / Estrella Olvera
Barragán

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