El miedo a lo diferente
fundamento de la barbarie
ANTE UN MUNDO como el actual, en el que prevalecen la intolerancia, las guerras “libertadoras”, la prepotencia
de países poderosos y, en general, la carencia de valores fundamentales para la convivencia humana, académicos,
investigadores e intelectuales coincidieron en postular la cultura como la última instancia para enfrentar
la barbarie.
Durante el coloquio “La Cultura contra la Barbarie”, que se realizó en el marco del inicio de los trabajos
de la Cátedra Albert Camus, organizada por nuestra Casa de estudios, la UNAM y la Universidad del Claustro
de Sor Juana (UCSJ), los participantes sostuvieron que en tanto expresión del ser, la cultura debe generar
un humanismo que trascienda como un diálogo ético y responsable, de respeto y tolerancia hacia los
demás.
En el encuentro, realizado en el ex Templo de San Jerónimo de la UCSJ, del 7 al 9 de mayo, se puso de manifiesto
que la barbarie ha invadido nuestro mundo bajo una apariencia civilizada y que hoy en día vivimos en el
desamparo y la manipulación, horrores enmarcados en el lema de las guerras preventivas.
La falta de una cultura humanizada limita el entendimiento,
lleva al hombre nuevamente a la barbarie, a la masacre, a la violencia, al no reconocimiento de los derechos fundamentales
del ser humano y sólo mediante la cultura se detendrán las expresiones de terror y horror que ya
se han hecho cotidianas.
Cultura y humanismo
“En este momento en el que la mercadotecnia intenta desplazar al humanismo, y la barbarie pretende ser la respuesta
a lo que el ser humano ha creado durante muchos años, es necesario revalorizar el concepto de lo humano”.
La cultura debe eliminar el abismo irracional y de barbarie que enfrenta el ser humano, señaló el
escritor Carlos Monsiváis.
Afirmó que la alfabetización es necesaria, ya que por medio de la lectura se llega a la comprensión
mínima del mundo en el que se vive. “De ese mundo que vive sin una fundamentación cultural, como
es el caso de la barbarie que Estados Unidos cometió contra Irak”.
Ante esto, precisó, el humanismo pretende la comprensión de la tolerancia, no en el sentido de permitir,
sino en el de incorporar las ideas de los demás, entendiéndose a ésta como la asimilación
de lo que está fuera.
Miedo al diferente
Por su parte, la doctora Sandra Lorenzano, académica del Departamento de Filosofía de nuestra Universidad,
consideró que: “La única forma que hay de enfrentarse a la barbarie, la intolerancia, la violencia
y la discriminación, es mediante los valores que defienden las Humanidades, como son el diálogo,
el respeto y el escuchar la palabra del otro”.
Dijo que la cultura, como expresión del ser, es a la vez morada y protección, pero también
trinchera, resistencia y rebeldía, e indicó que el miedo al diferente, al que tiene otro color de
piel, religión y preferencias sexuales, son el fundamento de la barbarie que se manifiesta hoy día.
Para la doctora Gloria Ramírez coordinadora de
la cátedra UNESCO y académica de la UNAM, el entendimiento de uno mediante el otro valoriza el respeto
y la tolerancia, por lo cual es necesario el papel de la educación para frenar la barbarie, y adquirir la
capacidad de aceptar e incluir en el pensamiento las diferencias.
Estimó que la cultura comienza por la educación y que la legitimación de los derechos humanos
generará una cultura sobre los mismos, pues son importantes para aceptar y respetar la diversidad, las diferencias,
las ideologías y evitar así los dogmas.
El doctor Rodrigo Díaz Cruz, director de la División de Ciencias Sociales y Humanidades, expuso que
se deben tomar precauciones respecto a los excesos contemporáneos en el uso del término cultura.
El discurso cultural, criticó, se ha convertido en un próspero mercado, en un disparador de la intolerancia
o en un mecanismo de salvación.
El investigador manifestó que el concepto de cultura es un arma de doble filo en la actual arena mundial,
ya sea como instrumento de justas reivindicaciones, como herramienta de la intolerancia y la persecución,
como gestadora de imágenes sublimes y a veces unidimensionales, o como generadora de una razón arrogante
que conduce a la barbarie.

La educación no elimina desigualdades
El doctor Jean Franco, agregado de Cooperación
Universitaria e Investigación de la Embajada de Francia en México, dijo que aún cuando se
ha pensado que la cultura y la educación son cuestiones interdepen-dientes y una es producto de la otra,
son dos realidades discrepantes, situadas en niveles distintos que no se compaginan.
Puntualizó que la educación ha dejado de ser una garantía de ascenso social, aunque es un
mito que sigue en pie y es fomentado por educadores con una formación deficiente, pues la educación
de masas no ha transformado a la sociedad. Es más, siguiendo los análisis de Bordieu y Passeron,
en vez de corregir las desigualdades sociales, la escuela las incrementa, aunque ésta sea laica, gratuita
y obligatoria.
En este sentido, advirtió que la educación no puede tener un papel correctivo de las desigualdades
sociales y, por ello, tal vez “tenga muy poco que ver con la cultura de una sociedad, pese a los esfuerzos de acercamiento”.
En los países latinoamericanos, sostuvo el investigador de la Universidad de Montpellier, en Francia, las
actividades culturales son elitistas, minoritarias y atañen a una ínfima franja de la población,
salvo en México donde la clase media, más numerosa, tiene cierto acceso a los bienes culturales.
El especialista en Literatura Mexicana del siglo XX mencionó que la cultura ya es dependiente de la vida
económica y es un producto como otro que se vende o intercambia. Es, agregó, la expresión
solapada de los intereses dominantes, a pesar de las tenues oposiciones de las culturas minoritarias o populares.
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El concepto de universidad debe oponerse
y enfrentar la barbarie
EN LA INAUGURACIÓN del coloquio, el rector general de nuestra Universidad, doctor Luis Mier y Terán
Casanueva, expresó que la cultura debe ser una estrategia que nos permita superar el estado de postración,
incertidumbre, desencanto e inseguridad que respiramos a diario, y que ha formado parte consustancial de nuestros
tiempos.
Es por ello, agregó, que en los recintos universitarios se forman hombres cultos, aptos para participar
activamente en la vida cívica, informados y capaces de dar razón del mundo en el que existen y donde
deberán actuar responsablemente, así como con un interés constante por cuestionar su relación
con la cultura material, tecnológica y artística.
Las universidades colocan al hombre en el centro de la
cultura, de la civilización y del saber, en los términos de una dignidad fundada en los valores de
racionalidad y libertad, de responsabilidad, tolerancia y aprendizaje constante, apuntó.
Para la maestra Carmen Beatriz López Portillo Romano, rectora de la UCSJ, los peores síntomas de
la barbarie son indiferencia, desinterés, apatía, relativización de todo, claudicación,
suspensión colectiva del juicio, ruptura de todo referente, duda simulada, vacilación perpetua, desesperanza,
escepticismo jactancioso, violencia, enfermedad, hambre y muerte, que aún cuando son ajenos, no nos conmueven
más.
La universidad es el sitio privilegiado de libertad y diálogo, de conciencia y acción, donde se puede
cumplir el sentido moral que debe tener la inteligencia y la conducta, así como enfrentar barbarie, obscenidad
y banalización del mal, para eliminar la arbitrariedad y trabajar en favor de la dignidad del ser humano,
afirmó.
El coordinador de Difusión Cultural de la UNAM, maestro Ignacio Solares, apuntó que la educación
es la única posibilidad de salvación y trascendencia, que desde una perspectiva universitaria tiene
un valor definitivo en los momentos actuales en que se vive un contraste tan brutal entre cultura y barbarie.
Sostuvo que nuestra identidad como seres humanos se hace a partir de la cultura en su máxima expresión
y también desde el concepto de educación y universidad. “Es este concepto de universidad el que debe
oponerse y enfrentar la barbarie”.
Cultura, identidad y política
El doctor Gerardo Estrada, investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, señaló
que la persistencia de la barbarie no podría comprenderse si no fuera por el monopolio legítimo del
uso de la violencia, que es parte constitutiva de los estados-nación contemporáneos.
“La barbarie, en su cercanía, es perceptible claramente en casos como los asesinatos de mujeres en Ciudad
Juárez y cuya impunidad debiera sobresaltarnos permanentemente o el espectáculo mediático
de las dos guerras en Irak que nos muestra cuán insensibles nos podemos mostrar ante el tema”.
El ex director del Instituto Nacional de Bellas Artes expresó que ante los hechos de la política
y la barbarie, que en última instancia también son parte de la cultura, sólo nos queda la
esperanza de que la otra cultura, la que se escribe con mayúsculas, la que se refiere a las más altas
creaciones de la ciencia y el arte, prevalezca por encima de todo ello. / Javier Solórzano, Alejandra Pérez

Albert Camus: defensor de la independencia humana
El amor por la libertad y la defensa de la tolerancia, en tanto elementos que propician el diálogo entre
los seres humanos, son dos aspectos esenciales de la vida y obra del autor de El hombre rebelde.
La doctora Sandra Lorenzano, coordinadora académica de la Cátedra Albert Camus por parte de la UAM,
consideró que el legado más importante del escritor argelino fue su sabiduría, que lo llevó
a defender la independencia de la conciencia humana frente a cualquier imposición política o social
y que le hizo tomar distancia de las causas que, amparadas en objetivos “nobles”, valoran los fines sin importar
cuánta sangre y muerte traigan consigo los medios empleados.
En toda su obra, Camus muestra la condición absurda de los seres humanos, pero también su capacidad
de rebelión frente a ésta y ante las expresiones de autoritarismo creadas por nosotros mismos.
La Cátedra Albert Camus, creada como resultado del convenio suscrito el pasado mes de enero entre la UAM
y la UCSJ, y en la que también participa la UNAM, tiene el propósito de crear un espacio de reflexión
y diálogo interdisciplinario sobre el humanismo, en tanto cumplimiento del destino ético del hombre.
La intención es fomentar, mediante actividades académicas, la reflexión en torno a los valores
fundamentales de la condición humana: libertad, tolerancia, respeto, autonomía y dignidad, entre
otros. / Javier Solórzano
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