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Un crimen, privatizar los servicios
de salud: Gloria E. Torres
SUS OJOS BRILLAN con intensidad y el rostro se le ilumina cuando recuerda y habla de su madre. Mujer que, sin
saberlo, entre cada derecho y cada revés tejió sus propios sueños y los de su hija, quien
hace 56 años dudaba si dedicarse a la Medicina o a la docencia, pero que, al paso del tiempo, se convirtió
en una brillante doctora y reconocida académica en el ámbito de los padecimientos respiratorios.
La doctora Gloria Eugenia Torres Ramírez, profesora fundadora de la Unidad Xochimilco, habla con orgullo
de la admiración que siente por sus padres: “él, un excelente médico y muy adelantado en su
manera de pensar” que siempre respetó y apoyó sus decisiones; ella, una mujer que “con su trabajo
y esfuerzo logró salir adelante”. Es la gratitud el sentimiento que de inmediato aflora en la personalidad
de quien fue nombrada Profesora Distinguida por esta Casa de estudios.
Como si volviera a vivirlos, la doctora Torres Ramírez fija la mirada en sus recuerdos. Rememora la actitud
generosa de su padre, las dificultades económicas que se presentaron cuando falleció; el esfuerzo
cotidiano de su madre, quien vendiendo las prendas que tejía, apoyó económicamente a sus dos
hijas. Recuerda también el día en que decidieron dejar su natal Pachuca, para venir a radicar a la
Ciudad de México y aquél en que ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional
Autónoma de México, donde se recibió en 1954.
La preparación
Alumna del doctor “don” Ismael Cosío Villegas, quien en los años sesenta coordinó la Campaña
Nacional Contra la Tuberculosis, la doctora Torres Ramírez empezó su actividad laboral a muy temprana
edad en el Sanatorio de Tuberculosos de Huipulco, nosocomio que años después se convertiría
en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias.
Fue ahí donde “me percaté de que había muchos enfermos que se operaban y morían por
complicaciones cardiacas, ya que entonces no estaba muy bien establecida la relación entre las enfermedades
pulmonares y las del corazón”.
Esta sensibilidad ante la enfermedad influyó para que más tarde decidiera ir al extranjero y continuar
sus estudios. Contratada como instructora asignada al servicio de enfermedades del tórax, pudo realizar
también una especialidad en Fisiología Respiratoria en la Universidad de Nueva York, en la que también
fue docente durante cerca de siete años. En esa institución su experiencia no se limitó al
ámbito médico, ya que incursionó en la participación política, al incorporarse
a un grupo que editaba una revista con posiciones progresistas.
“Después me enteré que varios de ese grupo habían ido a la cárcel en la época
macartista y me dije entonces “¡a buen grupo me vine a meter, porque imagínese, participar en política
en un país donde son tan perseguidores de las ideas políticas divergentes!” Lo cierto es que a partir
de entonces “tomé noticia de los factores sociales que influyen en la salud”, por lo que “no olvido” las
palabras del doctor Cosío Villegas, quien sostenía que el bacilo que produce la tuberculosis nos
entra a todos, pero enferman sólo aquellos que no comen, que trabajan mucho y no tienen las defensas para
poderla vencer. Entonces la tuberculosis la produce no el bacilo, sino la pobreza.
Trabajo e investigación
En ese momento no tenía planes de volver a México, pues estaba a punto de revalidar su título
en Nueva York; sin embargo, en 1964 “me regresé por un arranque de patriotismo”, pues “me llamaron del Hospital
de Neumología y Cirugía de Tórax del Centro Médico Nacional, del Instituto Mexicano
del Seguro Social, para ocupar un puesto de fisiólogo respiratorio. Estuve muy contenta porque el Instituto
tenía enormes facilidades para trabajar y hacer investigación, hasta que me dieron de baja por mi
participación en la huelga médica. Me cesaron por ese motivo”.
La actividad académica de la doctora Torres Ramírez continuó en Centroamérica. Ante
la falta de ofertas de empleo en México, aceptó una invitación de la Universidad de El Salvador
para trabajar en el Departamento de Fisiología y Farmacología. Fue ahí donde escribió
su primer libro sobre insuficiencia respiratoria. Sin embargo, la situación política imperante en
esa nación –“el ejército se metió y cerró la universidad”– le obligó a salir
del país después de siete años de permanencia.
Luego de una corta estancia en la Universidad Centro Occidental del Estado de Lara, en Venezuela, volvió
a México para incorporarse por un tiempo al Instituto Nacional de Cardiología y más tarde
al grupo de académicos fundadores de la Universidad Autónoma Metropolitana, Institución en
la que continúa laborando en el Departamento de Atención a la Salud, y en la que está por
concluir su doctorado en Ciencias.
La docencia
De sus aulas y laboratorios, la doctora Torres Ramírez se retira cuando empieza a oscurecer, una vez que
resolvió dudas, calificó exámenes, dirigió sesiones prácticas de auscultación
y conversó con sus alumnos sobre algún tema de interés no sólo médico, sino
político o cultural, porque, opina, la docencia no se limita a dar la clase, sino que tiene que ver con
la integración del aprendizaje de habilidades y de conocimientos, pero también de actitudes.
Considera importante que los alumnos aprendan a presentarse con respeto y amabilidad ante el paciente, hablarle
en forma afable, atenderlo y escucharlo “Esto es necesario si se quiere mejorar la calidad de la atención
médica” a nivel general, afirma.
Es importante conversar con los alumnos sobre todos estos problemas porque ellos van a salir a un mundo donde les
va a ser muy difícil encontrar trabajo y deben estar conscientes de ello. Desafortunadamente, señala,
“tuvimos mala suerte de vivir en esta época, donde lo único que importa es el dinero”, por lo que
es necesario que los muchachos entiendan su situación y actúen de la mejor manera posible para ellos
y para el país.
Preocupación por la salud
Entre los asuntos que hoy le preocupan no deja de mencionar los aspectos políticos y sociales que rodean
la salud. Las políticas públicas, tanto en salud como en educación son equivocadas, señala
y reconoce con cierto enojo que éstas “no empezaron con Fox, pero se hicieron más descaradas con
él”.
Los intentos por privatizar los servicios de salud son evidentes “y eso me parece un crimen”. Además, agrega,
la calidad de los servicios de salud es deficiente porque los salarios de los médicos son muy bajos y porque
cada uno tiene que atender en ocasiones hasta 14 pacientes.
A pesar del desalentador panorama, la doctora no pierde el buen humor y se muestra contenta cuando, con picardía,
habla sobre lo que le gustaría hacer en el futuro: “Creo que tengo una aceptable probabilidad de vivir 10
años en condiciones de trabajar. Y si le tiro a los genes de mi mamá, que ahora tiene 90, puede que
sean 20. En mi familia hay muchos longevos. Así que no tengo ningún interés en jubilarme”.
Tiempo para leer
Mientras estos planes se realizan, la nueva Profesora Distinguida de la UAM termina el día retomando la
lectura de alguna novela de Arturo Pérez Reverte, autor de quien ha leído ya varios libros, como
lo ha hecho también con Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes o Mariano Azuela, entre otros
autores que conforman “una gran biblioteca que tengo en casa”, y que no se limita a las novelas, ya que los asuntos
de la política ocupan también parte de su tiempo para leer. O tal vez escogerá alguna historia
del género policiaco que cuenta entre sus favoritos.
Pero si no tiene deseos de leer, tal vez sintonice “Voces de Alejandría” en Radio Universidad y escuche
poemas. Todo esto mientras llega el domingo, cuya mañana ocupará, como cada semana, en acudir “a
escuchar a la sinfónica con alguno de mis alumnos”.
Aún de luto por el fallecimiento de su esposo, el también doctor Joaquín Remolina López,
fundador de la maestría de instrumentación biológica en el Centro de Investigación
y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, con quien compartió la noble tarea de enseñar,
la doctora Torres Ramírez le dedica su reconocimiento y lo comparte gustosa con su madre —quien se puso
feliz por la noticia— “porque gracias a su amor y a su esfuerzo, yo pude dedicarme a mi trabajo, que tantas satisfacciones
me ha dado”./ Teresa Cedillo
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