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 Semanario de la UAM

25 de noviembre de 2002

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Se refrenda vigencia del Premio INBA-UAM a 23 años de su inicio

CRÓNICA DE UN premio anunciado. La tradicional discrepancia de criterios existente entre la crítica especializada y los miembros del jurado, que esta vez participaron en el XXIII Premio INBA-UAM de Composición Coreográfica, fue suplida por una coincidencia tácita.

De acuerdo con el programa del certamen, los primeros en anunciar su decisión sobre el trabajo de mayores méritos fueron los críticos de danza, quienes optaron por la obra Sombrero de cinco picos, de Evoé Sotelo, al considerarla: “arriesgada, contundente y rodeada de una atmósfera enigmática e inquietante, creadora de un universo propio”.

Después vendría la deliberación del jurado, antecedida por una gala de obras ganadoras en pasados premios. Su veredicto ratificó lo ya anunciado: Sombrero de cinco picos resultaba la coreografía ganadora en la categoría A.
Mientras que, Mi mente en polvo, de Omar Carrum y Magdalena Brezzo por Historias múltiples, compartieron galardones, pero en las categorías B y C, respectivamente, las cuales corresponden a participantes con menos años de presencia en el tablado.

Además, el jurado integrado por Francisco Illescas, Rosa Romero, Cora Flores (los tres de México), Carlos Paolillo (Venezuela) y María Rovira (España), al premiar a Sergio Díaz por el diseño musical para la puesta en escena de Libro del cero (categoría A) reconoció una pieza original creada ex profeso.

Al mismo tiempo, con las distinciones a Claudia Lavista (Mi mente en polvo) y Camilo Chapela (Historias múltiples y Sombrero de cinco picos) como mejores ejecutantes, se estimuló tanto la experiencia como la trayectoria de los bailarines que, en palabras de Marco Antonio Silva, coordinador Nacional de Danza del INBA, representan “el núcleo fundamental de la acción dancística. Frágiles y fortalecidos –dijo– son principio y fin” del hecho coreográfico.

La vigésima tercera edición del Premio se caracterizó por la diversidad temática y una notoria inclinación hacia el teatro-danza, en boga dentro de los centros de danza contemporánea más representativos a escala internacional, entre ellos Alemania y Canadá.

Las ocho piezas finalistas pusieron de manifiesto el desarrollo de historias, desde el encuentro ideológico entre Oriente y Occidente (Rojo, si 16 es parte de 22) hasta los encuentros y desencuentros amorosos marcados por parejas de tres como paráfrasis de la novela-película Una de dos, de Daniel Sada.

Sombrero de cinco picos de Evoé Sotelo se desplegó a partir de un montaje esencialmente plástico, con evocaciones a un ambiente lóbrego y tenebrista, por donde los personajes transitaban como autómatas. En un espacio apenas bañado por un intenso láser rojo, fueron desgranadas las alusiones a estados de ánimo y a emociones en las que, con mayor fuerza, privó la incertidumbre.

Las ocho coreografías finalistas fueron: Categoría C: Rutas y voces, de Xitlali Piña Poujol; Historias múltiples, de Magdalena Brezzo. Categoría B: Rojo, si 16 es parte de 22, de Gregorio Trejo; El llanto, de Alberto de León; Solo x 1…instante! (cambie mi vida, sólo por un instante de…), de Marcos Ariel Rossi; Mi mente en polvo, de Omar Carrum. Categoría A: Sombrero de cinco picos, de Evoé Sotelo y Libro del cero, de Jaime Camarena.

En tanto el público asistente aprobó con beneplácito las coreografías galardonadas, el grupo de periodistas que hace cuatro años creó el Premio Raúl Flores Guerrero anunció con la presente emisión el término de este reconocimiento –entregado de manera paralela dentro del certamen–. A partir de 2003, señalaron, será sustituido por uno nuevo que llevará el nombre Carlos Ocampo —en homenaje al crítico de danza fallecido en 2001—, y el cual se otorgará al mejor estreno coreográfico del año.

La entrega de los premios fue encabezada por Daniel Leyva, subdirector general del INBA; Tomás Ejea, jefe de Artes Escénicas de la UAM; Marco Antonio Silva y Cora Flores, presidenta del jurado en turno, quien resaltó la energía y la vitalidad de los participantes.

A diferencia de otras ocasiones, esta vez, con la puesta en escena de la llamada “gala de ganadores”, entre ellas Lazos (1991) y Trío y cordón (1992), se refrendó la vigencia del Premio INBA-UAM. / Estrella Olvera

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