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Número 807

22 de diciembre de 2022

NECESARIA LA AUTOCRÍTICA, ANTE LA DOMINACIÓN DE LA INDUSTRIA CULTURAL CONTEMPORÁNEA

*En la Galería Metropolitana expertos disertaron en torno a la obra de Max Horkheimer y Theodor W. Adorno

“No basta con ser conscientes de la manera en que somos dominados por la industria cultural, sino que la apropiación además de constante también debe ir acompañada de la autocrítica”, coincidieron participantes del conversatorio Una mirada social a la industria cultural contemporánea. Narcisismo, fetichización y diversión a través de tres fragmentos fílmicos, organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
 
“El reguetón es un ejemplo que nadie toma como un espacio o valor del conocimiento –aunque en algunos países está prohibido porque llegó a sustituir la llamada canción de protesta que al final se puso al lado del poder– entonces esa apropiación hay que hacerla constantemente de manera compulsiva para darle la vuelta al consumismo en un mundo globalizado”. (Minuto 56:57)
 
Desde la Galería Metropolitana de la Casa abierta al tiempo, Ana Laura Soto, Lilia Cristina Luna Ortiz y Armando Cano invitaron al debate sobre si los conceptos manejados en el libro La industria cultural: Ilustración como engaño de masas escrito por Max Horkheimer y Theodor W. Adorno hace más de 70 años siguen vigentes en la actualidad. (Minuto 25:03)
 
Para el poeta y compositor Cano algo a lo que apuestan los autores “es que no basta con ser conscientes de la manera en que nos domina la industria cultural, aunque me dé la pose de ser crítico, porque caemos en el consumismo, razón por lo que debemos ser críticos de manera constante para tratar de darle la vuelta y apropiarnos desde nuestro contexto”. (Minuto 68:00)
 
En el ciclo El Café de la Metropolitana sostuvo que los valores que aportan permiten ver que el fetichismo de las mercancías está presente en el ámbito de la producción y en el del consumo, así no sólo el empleado que vende su fuerza de trabajo se convierte en mercancía, sino también el consumidor, al verse envuelto en el proceso que transmuta a todos en mercancía. (Minuto 05:36)
 
“Ahora lo que se consume es puro valor de cambio y el fetichismo se observa cuando sólo consumimos por consumir, por ejemplo, cuando hacemos compras compulsivas de libros, derrochamos no porque nos den un estatus o los vayamos a leer, sino por el acto mismo de gastar; el precio de este grado de fetichización consiste en que al consumir nos consumimos”, remarcó.
 
Entonces, “las mercancías culturales ya no están configuradas de acuerdo con el concepto propio de cultura, sino según los principios de su óptimo aprovechamiento comercial y se crea la ilusión de ser aquello que se sustrae al poder del intercambio que posee un valor en sí y permite una inmediatez de relación, más allá de la mediación mercantil que queda casi completamente subsumida por el mercado y su fetichización”.
 
Soto sostuvo que el texto referido es muy contemporáneo porque ambos autores “pareciera que nos dejan en una posición de pasividad como sujetos, pues llega un momento en el que nos están diciendo que la industria cultural, prácticamente en cualquier atisbo de espontaneidad que creamos o pensamos por nosotros mismos, va a estar subsumida y será absorbida”. (Minuto 09:50)
 
“Llega un momento en que nos hace sentir que en realidad no podemos apostar por nada auténtico y todo está puesto, entonces hasta donde la industria contemporánea acentúa lo que llaman la pasividad del sujeto y llega a decir que hay sesgos masoquistas, es decir, estamos ahí como el masoquista o con una sonrisa estereotipada o sólo estamos ahí para absorber lo que nos da y propone esa industria sin ninguna posibilidad de salir”.
 
Ahora “nos encontramos en el Big Data en términos de individualización, donde cada uno va haciendo un perfil, lo que lleva a preguntarse qué tanto somos pasivos, ya que Adorno señala que la industria del entretenimiento nos pone porque somos miembros de confianza y estamos dispuestos a tomar lo que nos ofrece sin oponernos”.
 
Luna Ortiz refirió que en el libro hay varios lugares que se han vuelto comunes en la crítica de la industria cultural y pareciera que estas afirmaciones no tienen la potencia, aunque es justo pensar que el texto levantó esa incomodidad al ser leído en ese momento, porque los autores lo que están haciendo es posicionarse del lado del materialismo histórico.
 
“El asunto es que hay toda una diseminación a las formas completas de la diversión y uno de los lugares más interesantes de esta apuesta a la crítica de la industria cultural es pensar en aquellos momentos en los que incluso estamos diciendo nada interesante”. (Minuto 25:41)
 
Henry Eric Hernández, jefe del Departamento de Artes Visuales de la Coordinación General de Difusión, destacó la importancia de repensar estos textos en un mundo globalizado, por su relevancia y aportación para la discusión en torno al neoliberalismo.

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