Imprimir

Número 682

26 de diciembre de 2019

LA DECLARACIÓN DE GUADALAJARA DE 1975, ILUMINADORA, GIGANTE Y VIGENTE: GARAVITO ELÍAS

*La investigadora de la UAM evocó la figura y la labor del líder sindical Rafael Galván

 

La Declaración de Guadalajara, proyecto proclamado en 1975 por el líder gremial Rafael Galván y la llamada Tendencia Democrática que plantea desde la democracia y la independencia sindicales, hasta la reorientación de la economía con un sentido popular es “iluminadora, gigante y vigente”, consideró la maestra Rosa Albina Garavito Elías, investigadora del Departamento de Economía de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

En el marco del décimo aniversario del Centro de Difusión Cultural Casa Rafael Galván, cuyo inmueble fue donado a la UAM por el Instituto de Estudios Obreros Rafael Galván, la economista evocó la figura y la labor del dirigente originario de Uruapan, Michoacán, quien proponía un proyecto de nación que colocara a la clase trabajadora en el centro de interés.

 

“El nacionalismo revolucionario de Tendencia Democrática se traducía en la exigencia de la democracia y la independencia sindical, demandas aún vigentes, ya que si bien la más reciente reforma laboral ha eliminado los candados legales para su existencia falta aún mucho trecho por recorrer para convertirlas en realidad”.

 

En la época en que surgió la Declaración de Guadalajara, el desarrollo del movimiento obrero en México se encontraba en su cúspide y fue evidente la amenaza que su expresión más avanzada representaba para el sistema de partido de Estado construido al calor de la Revolución Mexicana: “un régimen que coloca como dos de sus pilares fundamentales al corporativismo y al clientelismo, con el fin de garantizar el control político y la legitimidad social”.

 

Hacia finales de la década de los 70 del siglo pasado, al finalizar el sexenio de Luis Echeverría, la devaluación del peso contra el dólar era de casi 60 por ciento, el desarrollo estabilizador había llegado a su fin, se inició un acelerado proceso de endeudamiento, la capacidad de crecimiento se agotaba y era necesario hacer cambios al modelo.

 

“Si el gobierno hacía caso omiso de los focos rojos no fue el caso de los trabajadores de vanguardia organizados en la Tendencia Democrática, los asalariados empezaban a sentir los estragos de la inflación y los electricistas tomaban conciencia del deterioro de las industrias del Estado originado en el dispendio y la corrupción”.

 

A pesar de ello, la Tendencia Democrática vivía aún en una economía cerrada y en un sistema sin división de poderes y pluralidad política, con un régimen presidencialista autoritario y represor para el cual, ceder a sus demandas, habría significado un suicidio político.

 

De acuerdo con la maestra Garavito Elías, en la Declaración de Guadalajara es espléndida la manera como se narra el devastamiento de las industrias paraestatales por la corrupción y es Rafael Galván, líder de la Tendencia Democrática, quien tiene claro el problema de los límites de la estrategia económica hasta entonces aplicadas.

 

“Galván y la Tendencia Democrática hacían política, colocaban el problema del poder en el centro de sus planteamientos, es decir, trascendieron sus intereses gremiales. De esta manera desde su experiencia obrera su movimiento equivalía a la construcción de un partido obrero, a partir de un programa nacionalista que combatía los intereses imperialistas, pero también socialistas, me atrevo a decir”.

 

Sobre los tintes socialistas, en la Declaración se propone la exigencia del fortalecimiento de las empresas estatales con gestión democrática y transparente y del sector social para luchar contra la carestía; la nacionalización de la industria químico-farmacéutica para el acceso a la salud, la expropiación de terrenos para la construcción de viviendas para trabajadores; la escala móvil salarial; el seguro de desempleo, y el acceso y la participación de los empleados a la información contable de la empresa y a la dirección de la misma.

 

“Con la instauración del neoliberalismo quedaron los afanes de construir un proyecto de nación con la clase obrera como protagonista principal, después vendría la reivindicación ciudadana por la democracia que en 1996 se conquistaría con la creación de un organismo electoral fuera de las manos del gobierno por la libertad y el reconocimiento del voto”.

 

Sin embargo, para la autora del libro Los espejos del cambio, editado por la Unidad Azcapotzalco de la UAM, aún está pendiente hacer realidad los derechos del trabajador, la democracia, la libertad sindical y la recuperación salarial suficiente y sostenida.

 

“Mientras la democracia obrera no se haga realidad, mientras no se respeten los derechos del ciudadano trabajador, la democracia electoral y política difícilmente se fortalecerá y ciertamente seguirán enfrentando los riesgos de la restauración del autoritarismo presidencial y del centralismo en el ejercicio del poder. Sin duda, a la luz de los tiempos actuales, la relectura de la Declaración de Guadalajara es iluminadora, gigante y además vigente, por lo que es importante recordar esas propuestas fundamentales”, concluyó la académica.