Número 659
31 de octubre de 2022
LA MUERTE, SEMILLA DE ALIMENTO A LOS VIVOS, SEGÚN LA COSMOVISIÓN DE LA MESOAMÉRICA PREHISPÁNICA
*Especialistas participaron en la Mesa Día de muertos: celebrando la vida, una expresión de la diversidad cultural
Los rituales funerarios en la época prehispánica han permanecido en gran medida hasta la fecha, aunque se han transformado con el paso del tiempo. En Mesoamérica “encontramos un gran culto hacia la muerte que se representa de múltiples maneras”, explicó la doctora Silvia Murillo Rodríguez durante la Mesa de diálogo Día de muertos: celebrando la vida, una expresión de la diversidad cultural, convocada por la Coordinación General de Difusión, la Dirección de Comunicación del Conocimiento y la Defensoría de los Derechos Universitarios de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Una constante en la cosmovisión mesoamericana es que el fallecido es una semilla que aportará alimento a los vivos, y la muerte es sólo un viaje a otros mundos, pero están presentes de alguna forma en el plano terrenal. En estas culturas, los rituales se extendían por nueve días; en el caso de la cultura Mexica, un mes después se realizaba otra fiesta, al año otra y así hasta cumplirse los cuatro años de su defunción.
En tiempos prehispánicos se hacía todo un tratamiento del cuerpo de un difunto; lo lavaban, lo vestían, lo calzaban, lo perfumaban, lo adornaban y luego lo envolvían con diferentes materiales, de acuerdo con la clase social a la que pertenecían; lo colocaban en una posición flexionada (antes del rigor mortis) y cuando era enterrado se le colocaban ofrendas y se practicaban diversos rituales.
Hay códices que muestran el proceso que se seguía cuando moría un gobernante, antes de la quema de cuerpo y con las cenizas se hacía otro rito hasta depositar sus restos junto al templo de su deidad principal, aseveró la doctora Murillo Rodríguez, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia Estado de México (INAH).
Era frecuente que personas de alto status se mandaran a hacer sus tumbas, como el gobernante Pakal, que ordenó construir el Templo de las Inscripciones en Palenque. La noción de que el fallecido no muere, sino que renace, se ve claramente plasmada en la tumba del jerarca maya, donde se muestra que de su cuerpo emerge un árbol sagrado que algunos consideran que es una ceiba.
Este es un concepto que se repite en diferentes representaciones de las culturas mesoamericanas. Aún hoy, existen muchas comunidades indígenas cuya cosmovisión de la defunción está intrínsecamente ligada a la tierra, donde no existe un infierno, sino un retorno a la madre naturaleza, aseguró la doctora en Etnohistoria.
La celebración del día de muertos en la comunidad maya de Pomuch, al norte de Campeche, aún conserva muchas de las tradiciones ancestrales, según una investigación realizada por la antropóloga física Albertina Ortega Palma; sin embargo, la población ha desarrollado un peculiar hábito.
Los familiares exhuman a sus muertos a los tres años de su fallecimiento, colocan los restos en unas cajas de madera en una posición en la que el cráneo esté ubicado hacia la parte externa del cementerio. Algunos construyen nichos familiares abiertos en forma de casitas.
Hasta hace unos años, algunos cadáveres quedaban expuestos a la intemperie para que la lluvia los limpiara, pero eso ha cambiado recientemente, ya que hubo varios registros de robos.
Cuando fallece una persona, se hacen diversos rituales mortuorios por nueve días, y después transcurre el periodo de transición de tres años en el que el cuerpo se descarna para proceder al rito de reintegración, en el que se limpian los restos óseos y se vuelve a vestir para que retornen al mundo de los muertos; se les coloca un mantelito bordado nuevo y se les cambia cada fecha del 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre, ofrendando comida y bebida.
El ritual funerario también comprende el Hanal Pixan, que es la comida para las almas. En su proceso de duelo, durante nueve días luego del fallecimiento del familiar, no se limpia la casa ni se hace ninguna actividad, y al cabo de ese tiempo se limpia el hogar con mucha agua para hacerle entender al difunto que ya no pertenece ahí.
Se sabe que esta práctica también se lleva a cabo de manera similar en otros lugares del mundo, como en un poblado de Grecia, Potomiá, donde exhuman los cuerpos después de cinco años y hacen una serie de oraciones para colocarlos después en un sitio del cementerio.
En algunos lugares de Argentina se ha adoptado la tradición del día de muertos mexicana. El pabellón central de la Facultad de Artes en la Universidad Nacional de Córdoba se llama Pabellón México, donde se ha festejado con altares a los que se invita a colectivos a participar para dar cuenta de sus fallecidos, entre ellos los de las ‘madres del dolor’, los trans, las poblaciones originarias, reveló el doctor Gustavo Blázquez, académico de esa casa de estudios.
Las celebraciones de día de muertos que se han llevado a cabo en la universidad cordobesa se forman con variedades estéticas adoptadas por la cultura mexicana, como el papel picado o los arcos de flores, y se adaptan a causas y denuncias sociales, subrayó la antropóloga María Gabriela Lugones, académica de la Universidad Nacional de Córdoba.
El carácter intergeneracional y secularizado ha signado las ceremonias de muertos en el contexto pandémico mexicano, y destaca la plasticidad como una clave para la permanencia de esta tradición conmemorativa.