Número 644
22 de diciembre de 2021
PRECARIA LA INFRAESTRUCTURA EN SALUD EN ZONAS AFROMEXICANAS
DE LA COSTA CHICA DE GUERRERO Y OAXACA
*De acuerdo con artículo incluido en el número 61 de la Revista Alteridades,
editada por la Unidad Iztapalapa de la UAM
La población afrodescendiente de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca tiene enfermedades crónicas que la convierten en vulnerable y de riesgo ante el virus SARS-Cov-2 que provoca el COVID-19, sostiene un artículo publicado en el número 61 de la Revista Alteridades, editada por la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Se trata de una investigación colaborativa en curso denominada Documentación de los efectos del COVID-19 en comunidades afromexicanas e indígenas de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, llevada a cabo en los municipios de San Juan Bautista Lo de Soto, Tututepec, Zihuatanejo, Cuajinicuilapa, Santa María Huazolotitlán y San Sebastián Ixcapa.
El equipo está conformado por seis investigadoras locales, mujeres afrodescendientes líderes de procesos organizativos del movimiento afromexicano, y los trabajos fueron coordinados por Lina Rosa Berrio Palomo, profesora investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) adscrita a la Unidad Regional Pacífico Sur en la línea de antropología médica.
El artículo cita el trabajo de Elia Avendaño Villafuerte, quien en 2020 estudió los datos sobre población afromexicana y las informaciones sobre el número de contagios en municipios de la Costa Chica, y es enfática al señalar las desigualdades que el COVID-19 agudiza.
Previo a la pandemia examinaron los datos estadísticos sobre salud de la población afromexicana; ante el nuevo contexto, decidieron documentar su evolución en la región y la percepción de riesgo que tiene la población en relación con la comprensión social de esta nueva enfermedad y sus efectos en diversos ámbitos de su vida cotidiana.
Desde el comienzo, Guerrero contabilizó gran cantidad de contagios, la mayoría en el puerto de Acapulco. En Oaxaca, durante los meses iniciales de la crisis sanitaria hubo un crecimiento muy lento en el número de casos, concentrados sobre todo en la zona de los Valles Centrales. A partir de mayo se aceleró la transmisión, lo cual derivó en una ampliación de las medidas de distanciamiento social, así como el uso obligatorio de cubrebocas en los espacios públicos.
La Encuesta Intercensal 2015 incluyó por primera vez una pregunta sobre auto adscripción afrodescendiente, y los resultados arrojaron que 1.4 millones de personas se reconocieron como afromexicanos. Guerrero y Oaxaca son las dos entidades con mayor porcentaje de población autorreconocida como tal, la mayoría ubicados en la Costa Chica.
En 2020 se incluyó por primera vez en el Censo una pregunta relacionada con la identidad afrodescendiente y los datos arrojaron un total de 2,576,213 personas que se consideraron afromexicanas (INEGI, 2021), lo cual significa un incremento importante respecto de 2015.
El artículo advierte la urgencia de incluir variables étnico-raciales en los registros de salud para incorporar información sobre afrodescendientes, como lo ha señalado en forma reiterada la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
La investigación de la emergencia sanitaria por COVID-19 en la región no puede desligarse de los recursos de infraestructura existentes, ni de las condiciones socioeconómicas, de alimentación y salud de las personas.
Es posible suponer que la epidemia no ha tocado con la misma fuerza en las regiones más alejadas, igualmente es muy probable que el número de pruebas realizado sea menor y que, a mayor distancia de las cabeceras se reduzca la búsqueda de atención por parte de la gente y se dificulte el acceso a diagnósticos confirmatorios, pues implica el desplazamiento hasta centros urbanos específicos.
La pandemia ha evidenciado la incredulidad de buena parte de la población afrodescendiente sobre la existencia del virus y sus efectos, así como la falta de confianza hacia los servicios de salud. Un consenso entre los entrevistados es que el número de contagios es mayor al reportado por las autoridades, pues muchas familias atraviesan en su casa episodios de enfermedad quizá asociados a COVID-19, pero éstos no se han incluido en los datos oficiales reportados cada día en los niveles estatal y federal.
Es necesario considerar los aspectos sociales, económicos y políticos implicados en la experiencia de la enfermedad. Todos estos elementos, sobre todo la preocupación económica, aparecen en los cuestionarios realizados en el estudio debido a que la crisis sanitaria ha afectado la salud física y emocional de las personas mucho más de lo que dan cuenta las cifras oficiales.
A todo esto se añade la insuficiencia de recursos en infraestructura y la reducción de personal en los hospitales públicos de la región, lo que deviene en una mayor consulta de medicina privada o la decisión de no acudir a los servicios y permanecer en sus hogares, realizando prácticas de auto atención con medicina doméstica y/o tradicional frente a los cuadros de enfermedad que se asocian al COVID-19.
La ampliación de trabajos antropológicos que permitan comprender el funcionamiento de los servicios de salud, la presencia de diversos sistemas médicos y su articulación, las prácticas de autoatención y sus estrategias cotidianas en materia de prevención y atención, son vetas importantes de oportunidad para la antropología médica, en especial frente al reducido número de investigaciones sobre poblaciones afrodescendientes en este subcampo de la antropología, revela el artículo.