Número 626
9 de diciembre de 2021
ARTES ESCÉNICAS, HERRAMIENTAS PARA DEFENDER Y DIFUNDIR
LOS DERECHOS HUMANOS
*Expertos participaron en las Primeras Jornadas Internacionales de Artes y Derechos Humanos, organizadas por la UAM
Las artes escénicas son disciplinas con grandes bondades para contar historias, apelar a los derechos humanos y poner en la arena pública temas relevantes, sostuvo Tania Campos Thomas durante las Primeras Jornadas Internacionales de Artes y Derechos Humanos, organizadas por la Defensoría de los Derechos Universitarios (DDU) de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Durante la mesa titulada Los derechos humanos en las artes escénicas la antropóloga, dramaturga y escritora refirió que su encuentro con el teatro fue muy afortunado, pues le permitió dignificar su camino personal y narrar parte de su historia familiar, la cual había sido tergiversada por otras voces.
Fue así como surgieron las piezas que integran Trilogía del 68, cuyo eje común es el movimiento estudiantil de 1968; Eper, monólogo sobre la historia de su madre; No corran, inspirada en un diálogo entre su padre y José Revueltas en Lecumberri, y La censura de los buitres, que trata sobre la versión de Elena Garro de 1968.
El teatro y dicha trilogía, la cual se ha presentado en foros dentro y fuera del país, fueron vehículos para contar una historia íntima y darse cuenta del poder de esta disciplina, al abrir espacios para que la gente escuche, reciba ciertos mensajes y les preste atención.
“Creo que sin el arte dramático no hubiera podido encontrar la forma de escribir esta versión, ni que fuera escuchada de una manera tan receptiva por la gente; he encontrado en éste una muy buena herramienta para alentar, difundir y defender los derechos humanos”.
La dramaturga indicó que la relación entre escribir dramaturgia y promover los derechos humanos se dio por la posibilidad de dignificar a través del arte, una historia que implicó estigmatización, ser silenciada e invisibilizada.
“Desde entonces el teatro se convirtió en una herramienta de lucha que ahora no sólo tiene que ver con mi familia, sino con otras casusas en las que he trabajado: con familiares de desaparecidos, sobre los feminicidios y equidad de género”.
La investigadora Beatriz Rajland añadió que la actividad escénica también puede ser un instrumento de resistencia y transformación, tal como sucedió en Argentina durante la dictadura militar que comenzó con el golpe de Estado en marzo de 1976.
La conferencista, autora y catedrática de la Universidad de Buenos Aires (UBA) habló sobre el caso de Teatro Abierto, movimiento que agrupó decenas de actores y actrices, autores, directores y técnicos para protestar contra el autoritarismo que sufría el arte argentino.
“Esta iniciativa surgió como una resistencia a la dictadura con una muy grande adhesión de público. Las puestas en escena se transformaban, como si fuera una marcha, una manifestación o un lugar de encuentro”.
Rajland explicó que aunque no podían encontrarse en la calle, los artistas convergían en este espacio, lo que lo llevó a ser blanco de un ataque militar, perpetrado el 6 de agosto de 1981 con bombas incendiarias contra el Teatro del Picadero.
“Empezó a haber danza abierta, música abierta y de todas las manifestaciones artísticas se presentaban obras de autores muy conocidos y actores que se comprometieron con esa resistencia: fue una experiencia única y muy importante que siempre recordaremos”.
El encuentro tiene por objetivo pensar al arte en un sentido amplio, como un espacio de reflexión crítica y de emancipación sobre temáticas de gran repercusión como lo son los derechos humanos. En la mesa también participaron Yolanda Consejo, Guido Ripamonti, Pamela Palenciano, Ariadna Rovelo y Claudia Mendoza Antúnez.